Hoy
tenemos con nosotros a Teresa Lencina Muñoz, aunque muchos de vosotros quizá la conozcáis mejor por ese nombre tan evocador con el que lleva tiempo
compartiendo su mundo literario en las redes: AlmarDeLuna.
Teresa
nació en Algeciras y reside en Murcia. Comenzó a escribir siendo muy joven y,
con los años, esa necesidad de poner por escrito lo que sentía terminó
convirtiéndose en algo mucho más serio. Poesía, narrativa, romance, erotismo...
diferentes formas de contar, pero con un punto de encuentro bastante claro: las
emociones.
En
su camino encontramos títulos como Ojos
de Gata, Imágenes
Habladas, Escapando
del Mundo y Un
balcón al corazón. Cuatro libros que también nos hablan de una
autora que no parece tener miedo a cambiar de registro, explorar emociones y
probar cosas nuevas.
Pero,
como solemos hacer en Mi
experiencia como escritor, hoy no queremos quedarnos únicamente con
los libros. Queremos conocer un poco mejor a Teresa, saber por qué escribe, qué
encuentra cuando se sienta delante de una página en blanco y cuánto de ella
acaba quedándose, inevitablemente, entre las páginas de sus historias.
Teresa,
bienvenida a Mi experiencia
como escritor(a).
Para
empezar por donde solemos hacerlo siempre por aquí: ¿quién es Teresa Lencina
Muñoz cuando dejamos a un lado los libros, las redes sociales y a AlmarDeLuna?
Al
margen de todo el ruido de las redes, creo que soy una persona sencilla y
natural, amante de la paz y de la tranquilidad. Adoro el mar y tengo el
privilegio, desde hace un año, de vivir en un pueblo costero del Mediterráneo.
Así que prácticamente estoy empezando de cero. Soy muy familiar, muy alegre y
me gusta la vida que tengo sin grandes complicaciones.
Dices
que comenzaste a escribir siendo muy joven. Siempre me interesa ese momento
porque muchos escritores empezamos sin saber realmente lo estábamos haciendo.
¿Recuerdas qué escribías entonces y qué buscaba aquella Teresa adolescente
cuando se sentaba delante de un papel?
Creo
que esa Teresa, adolescente con mucha imaginación y ávida lectora en esa época,
sintió la necesidad de hacer una historia a su medida. Recuerdo que, cuando
escribía, sentía que era yo dentro de una película dirigida por mí. Un mundo de
fantasía plasmado sobre el papel y compartido con mis amigas y compañeras de
clase; entonces no había redes sociales.
Hay
gente que escribe porque quiere contar historias y otra que lo hace porque
necesita hacerlo. Por lo que he podido conocer de ti, tengo la impresión de que
en tu caso hay bastante de lo segundo. ¿Qué le aporta la escritura a tu vida?
Escribir
para mí es respirar; es la forma más auténtica de libertad que he podido
encontrar; es volar, bailar sobre el papel. Es darle color al mundo a través de
las letras. Es sanación, paz y felicidad.
AlmarDeLuna
es además un nombre con bastante personalidad. ¿Cómo nació y qué significa para
ti? ¿Hay cosas que AlmarDeLuna se atreve a escribir que quizá Teresa no diría
nunca en voz alta?
Siempre
he pensado que vivimos en un mundo bastante desalmado y que había que ponerle
más alma. Entonces me inventé un nuevo verbo, Almar (no tiene que ver con el
mar, aunque escriba mucho sobre él), para que fuera posible una acción real:
esa capacidad de otorgarle al mundo más almas que amaran.
Respecto
a la Luna, desde pequeña me he sentido muy identificada ella porque soy Cáncer
y porque nací el día que el hombre llegó a la Luna.
Tu
primera novela publicada fue Ojos de Gata. El primer libro siempre tiene algo especial, para bien y
para mal. Cuando lo miras ahora, con varios libros publicados después, ¿qué
recuerdas de aquella Teresa que se enfrentó por primera vez a publicar una
novela?
Ojos
de Gata fue un reto personal, una prueba para mí. Un desafío. Cuando publiqué
bajo el pseudónimo de AlmarDeluna, nadie en mi entorno sabía que escribía.
Desde entonces ha sido una experiencia maravillosa; creo que ha sido una de los
mejores cosas que he hecho en mi vida: dar ese paso.
Lo
voy a recordar siempre con un cariño muy especial. Me ha dado momentos
maravillosos. Nunca me importó realmente si iba a ser bien acogido por los
lectores; creo que ni siquiera esperaba lectores. Recuerdo perfectamente quien
compró mi primer libro y la enorme satisfacción que me dio.
Después
llega Imágenes
Habladas,
donde das un paso hacia algo mucho más íntimo a través de la poesía. Hay amor,
daño, deseo, vulnerabilidad, recuerdos... Cuando escribes algo tan emocional,
¿cómo decides qué parte de ti estás dispuesta a enseñar y qué parte prefieres
guardar solamente para ti?
Empecé
a escribir poesía en el año 2012. Imágenes Habladas es una antología poética
que recoge varios años de mi vida, desde los comienzos. Utilizo el tono
confesional y escribo de las emociones, esas ventanitas del alma: dolor,
alegría, amor y pasión. Para mí, lo más íntimo que tiene una persona es el
dolor y, quizá, la única manera que yo he encontrado de expresarlo sin
exponerlo crudamente sea a través de metáforas en poesía. Aunque aparentemente
parezca que me desnudo en letras, siempre me he sentido profundamente
responsable en temas de dolor y no llevar al lector hacia lo cruel o la
desesperanza. Así que solamente muestro una pequeña parte.
Siempre
he pensado que los escritores acabamos dejando pequeños pedazos nuestros en los
personajes, incluso cuando juramos que no tienen nada que ver con nosotros.
¿Cuánto hay realmente de Teresa Lencina en lo que escribe?
En
todos los libros que he escrito hay mucho de mí en unos más que en otros, por
supuesto. La poesía siempre es bastante personal. Me gusta que mis personajes
tengan cierta psicología y no conozco a nadie tan bien como a mí con mis
aciertos y errores, con luces y sombras.
También
has trabajado el erotismo, un terreno bastante complejo porque resulta muy
fácil caer en lo evidente. ¿Qué buscas cuando escribes sobre el deseo?
Debo
confesar que es el género que más me gusta escribir. El erotismo no es el acto
en sí, sexo y ya está, una solución matemática de dos más dos cuatro, sino toda
una atmósfera que debe llevar ese encuentro entre dos personas. Es todo un reto
creativo y lingüístico: buscar metáforas para huir de lo evidente o demasiado
explícito, aunque algunas veces toco lo explícito en algunos capítulos porque
creo que la intensidad del momento lo requiere. Para mí, el erotismo en
literatura es bailar con las palabras lentamente hasta hacer sentir al lector.
Tu
siguiente título es Escapando
del Mundo.
Solo el nombre ya parece esconder una necesidad bastante humana. ¿Qué tiene ese
mundo para querer huir de él?
Hay
muchas circunstancias en la vida en las que uno debe replantearse en qué mundo
está viviendo. Quizá mi vida personal me llevó a tener que escapar de mi mundo
por un mal que muchas mujeres padecemos. Escapando del Mundo enfrenta a la
protagonista a reencontrarse, a volver a creer en ella misma y en el amor,
después de que sus esperanzas se frustren por un desengaño amoroso. Un viaje
necesario para recomenzar.
Y
llegamos a Un
balcón al corazón,
donde vuelves a la novela y además te acercas a una ambientación y a unos
personajes diferentes. ¿Cómo nació esta historia?
Es
mi última novela; sin embargo, es la primera historia que comencé a escribir en
la adolescencia. La tenía olvidada, sin terminar; quizá no había llegado su
momento hasta el presente y necesitaba un cierre. Nace de muchas lecturas de
novela romántica por aquel entonces como Victoria Holt. Más como un juego que
como algo serio.
¿Sueles
saber desde el principio qué quieres contar o tus novelas van encontrando su
verdadero camino mientras las escribes?
Parto
de una pequeña idea y va tomando forma mientras se desarrolla. Es como si fuera
una vida que va creciendo y desarrollándose hasta que encuentra su final. No
tengo un guión; no sigo manuales del buen escritor. Porque siempre he dicho que
yo no escribo: siento. Y eso realmente es lo que me gusta transmitir.
Hablemos
precisamente de eso, de cómo escribes. Cuando una historia empieza a rondarte
la cabeza, ¿cómo sabes que detrás de una idea hay realmente una historia que
merece convertirse en libro?
No
es tanto la historia que quiera contar, porque serían muchas por escribir, sino
el momento adecuado. Ese instante en el que dices: «Voy a escribir otro libro».
Es la decisión, cuando sientes el pulso de la tinta que te pide una nueva
historia.
Una
cosa es tener una historia en la cabeza y otra muy distinta encontrar tiempo
para escribirla. ¿Tienes alguna rutina de escritura o eres de las que escribe
cuando la vida le deja un hueco?
Realmente
sí sigo una rutina y tengo mis momentos para ello. Al estar en redes, escribo
todos los días. Me gusta escribir por las noches: me concentro mucho más y
apenas hay distracciones del mundo exterior. Simplemente dejo que las letras
vayan fluyendo. Cuando estoy inmersa en alguna novela, me absorbe por completo;
se me hace difícil desconectar y, prácticamente, me tengo que obligar.
Siempre
hablamos mucho de escribir y bastante menos de borrar. Cuando llega el momento
de corregir, ¿te cuesta desprenderte de una escena, una frase o incluso un
personaje que te gusta si descubres que la historia funciona mejor sin ellos?
He
corregido mucho, pero no he necesitado nunca eliminar un personaje. Quizás he
mejorado escenas, porque siempre hay algo que mejorar. Aunque intento ser lo
más fiel posible al tono y estilo en el que se está desarrollando la novela. Sí
me ha pasado que la idea que tenía al principio en la cabeza no tiene nada que
ver con la que finalmente he puesto por escrito.
Publicar
también significa exponerse. De repente algo que durante meses ha sido
solamente tuyo pasa a manos de personas que pueden emocionarse con ello,
interpretarlo de otra manera o incluso decir que no les ha gustado. ¿Cómo
llevas esa parte del oficio? ¿Has aprendido a convivir con la opinión de los
lectores?
Es
lo que llevo peor, realmente. Disfruto de todo el proceso creativo, pero cuando
llega el momento de exponer ya deja de ser tuyo; es como un hijo que, además,
va a ser examinado por el mundo. No he recibido malas opiniones críticas de mis
libros, afortunadamente. A mí lo que me gusta es escribir; no estoy muy
preparada para todo el espectáculo que supone, a día de hoy, ser escritor. Sé
que pierdo oportunidades por no querer formar parte de muchas cosas, pero
valoro mucho más mi paz y mi tranquilidad que cualquier otro ruido.
Después
de Ojos de
Gata, Imágenes Habladas, Escapando del Mundo y Un balcón al corazón, me gustaría terminar mirando hacia
delante. Cuando piensas en la escritora que quieres ser dentro de unos años,
¿qué te queda todavía por escribir? ¿Hay alguna historia, algún género o
incluso algún miedo literario al que todavía no te hayas atrevido a
enfrentarte?
Tengo
guardados muchísimos poemas aún, que dan para varios libros más. Pero voy poco
a poco: no puedo publicarlo todo de golpe. Y también tengo pendiente una
historia por escribir que no sé si seré capaz, algún día, de hacerla. Aún no ha
llegado su momento, y no sé si algún día le llegará o se quedará en el olvido
para siempre.
Y
ya, por último, ¿podrías dejarnos alguna enseñanza que te haya dejado la
escritura para quienes vienen detrás de nosotros puedan aprender de ella?
A mí
escribir me ha dado la vida, me ha enseñado, me ha sanado, me ha liberado; he
reído, he llorado, he amado. Animo a la gente a que escriba, a que se forme, a
que se atreva y a que dé el paso. Da igual el resultado o el éxito final del
mismo. Como consejo, diría que cada uno sea uno mismo, lo más honesto posible,
fiel a su voz y estilo, y que lo haga para sí mismo.