miércoles, agosto 19, 2026

Hoy charlamos con José Manuel Azorín, escritor de thriller psicológico

Hoy nos acompaña José Manuel Azorín, autor de Los rostros de Sara, una novela que se adentra en ese territorio incómodo donde ya no sabemos si lo que vemos pertenece al mundo real o a una herida de la mente.

Azorín debuta en la narrativa larga con un thriller psicológico protagonizado por Sara Montalbán, una mujer poderosa, brillante, situada en lo alto de una gran farmacéutica internacional, que empieza a descubrir que los rostros de quienes la rodean ya no parecen los mismos. Su marido, sus compañeros, su reflejo, incluso su propia identidad, comienzan a volverse sospechosos.

Pero Los rostros de Sara no busca solo el golpe de efecto ni el giro fácil. Quiere entrar en la fragilidad de la percepción, en la paranoia, en la culpa, en el poder corporativo y en esa pregunta que nos desarma: ¿podemos confiar del todo en nuestra mente?

Hoy hablaremos con José Manuel Azorín de escritura, de miedo psicológico, de identidad, de realidad subjetiva y de cómo se construye una novela donde cada certeza se va rompiendo poco a poco.

Bienvenido, José Manuel Azorín.

José Manuel, Los rostros de Sara parte de una pregunta muy inquietante: ¿cuánto de lo que vemos es real y cuánto lo proyecta nuestra propia mente? ¿Esa fue la semilla inicial de la novela?

Buenas tardes, Leo. Lo primero, agradecerte la invitación a Mi experiencia como escritor. Es un verdadero placer compartir este tiempo contigo.

Y sí, esa pregunta está muy presente en el origen de la novela, aunque yo añadiría otra palabra: empatía. Porque muchas veces lo que creemos ver en los demás no es necesariamente lo que son, sino la interpretación que hacemos de ellos. Cada persona tiene una historia, unas razones para actuar como actúa, y tendemos a juzgar sin preguntarnos qué hay detrás. Esa idea de que nuestra percepción puede engañarnos fue una de las cosas que me llevó a empezar a construir a Sara.

Sara Montalbán parece tenerlo todo: poder, prestigio, carrera brillante y una familia aparentemente perfecta. ¿Por qué te interesaba empezar desde una vida que, por fuera, parece tan controlada?

Porque me interesaba precisamente romper esa sensación de control. Sara es una mujer poderosa, preparada, acostumbrada a tomar decisiones y a tener su vida aparentemente bajo control. Y, sin embargo, un trastorno de este tipo no entiende de posición social, éxito o prestigio.

Eso me parecía muy potente narrativamente: demostrar que incluso alguien que desde fuera parece tenerlo todo puede empezar a perder la seguridad sobre aquello que ve y sobre las personas que la rodean. Y además, a través de Sara, también quería jugar con otra idea: que todos mostramos una cara al mundo, pero eso no significa que sea la única que tenemos.

¿Qué te atrae del thriller psicológico frente a otros géneros?

Me atrae porque da muchísimo juego sin necesitar grandes artificios. El conflicto puede estar dentro del propio personaje y, para mí, eso puede ser mucho más inquietante que cualquier amenaza externa.

Me gusta poder colocar al lector en la piel del protagonista. En Los rostros de Sara prácticamente todo lo percibimos desde su perspectiva, así que cuando ella empieza a dudar de lo que ve, el lector también duda. Luchamos con Sara, pero al mismo tiempo empezamos a preguntarnos si podemos confiar en ella.

Y eso es probablemente lo que más me interesa del thriller psicológico: que la mente del protagonista pueda convertirse también en parte del misterio.

La novela juega con la paranoia, la sospecha y la percepción contradictoria. ¿Cómo se escribe desde una mente que empieza a desconfiar de todo lo que le rodea?

Para escribirla tuve que intentar ponerme de verdad en el lugar de Sara. Y no fue fácil, porque es un personaje que vive en un estado de sospecha constante.

Tuve que meterme en una forma de pensar muy distinta a la mía: cuestionar gestos, conversaciones, silencios… cosas que normalmente no analizaría de esa manera.

Eso me obligó a mirar el mundo desde una percepción mucho más inestable, y para mí fue un aprendizaje enorme como escritor.

Sara empieza a ver amenaza en su marido, en sus compañeros y hasta en su propio reflejo. ¿Qué representa para ti esa pérdida de familiaridad con los rostros conocidos?

Representa el miedo y, sobre todo, la ruptura de tu red de seguridad. Imagínate no poder confiar en nadie de tu entorno, sentir que incluso las personas que deberían darte calma pueden ser una amenaza. Es inquietante solo pensarlo.

Y creo que, cuando Sara empieza a romper con su círculo, también empieza a romper consigo misma, porque deja de tener puntos de referencia que le confirmen qué es real y qué no.

En la historia hay una gran farmacéutica internacional como escenario de poder. ¿Por qué elegiste ese entorno corporativo para colocar la fractura psicológica de la protagonista?

Elegí una gran farmacéutica por dos razones: poder y sanidad.

Por un lado, Sara alcanza al principio de la novela una posición de muchísimo poder, y esa responsabilidad funciona muy bien para intensificar la presión que empieza a sentir.

Y, por otro, está la parte sanitaria. Sus decisiones no afectan solo a balances o accionistas: pueden afectar a la vida de muchas personas. Eso hace que sus momentos de duda o inestabilidad tengan consecuencias que van mucho más allá de ella misma.

Me interesaba precisamente eso: colocar una grieta íntima en un lugar donde cada decisión puede tener un impacto enorme..

¿Te interesaba mostrar que la presión externa, la ambición y el éxito también pueden convertirse en formas de encierro?

Sí, y me encanta que lo hayas notado. Sara pasa por muchas fases a lo largo de la novela, pero casi todas avanzan en una misma dirección: la soledad.

Cuanto más poder tiene y más importantes son las decisiones que debe tomar, mayor es también la presión. Y cuando además empieza a desconfiar de su propia percepción, va perdiendo uno a uno sus puntos de apoyo. Llega un momento en el que siente que solo puede confiar en sí misma… precisamente cuando tampoco está segura de poder hacerlo.

Tu novela parece centrarse menos en el giro espectacular y más en la experiencia emocional del lector. ¿Buscabas que quien leyera no solo entendiera la paranoia de Sara, sino que la sintiera?

Sí. Es una forma de escribir que me interesa mucho. Me gusta construir un personaje fuerte, meterme dentro de él y acompañarlo hasta el final. Intento desarrollarlo de manera que el lector no solo comprenda sus decisiones, sino que llegue a sentir que, teniendo en cuenta todo lo que ha vivido, ese desenlace es emocionalmente coherente, casi inevitable.

Y me gusta que al cerrar el libro el personaje siga contigo, que continúes pensando en Sara y en si realmente la entendiste.

No suelo construir mis novelas alrededor de una sucesión constante de giros. Me interesa más la evolución psicológica del personaje y la tensión que nace de ella, aunque en mi tercera novela estoy experimentando más con ese tipo de herramientas.

¿Cómo trabajaste la atmósfera contenida de la novela: los silencios, las dudas, los gestos pequeños, esa tensión que no explota de golpe, pero va creciendo?

Es precisamente en esas pequeñas cosas donde intento construir la atmósfera de Sara. Para mí los silencios son muy importantes, porque obligan al lector a rellenar los huecos y muchas veces lo que imaginamos en un silencio puede ser más inquietante que lo que se dice explícitamente.

Quería que hubiera una tensión contenida, casi asfixiante, que acompañara a Sara sin necesidad de que todo explotara constantemente.

Y ahí aparece, por ejemplo, el ritual del labial. Lo creé como parte de esa atmósfera, pero también como una forma visual de mostrar su evolución: algo cotidiano, aparentemente insignificante, que va cambiando a medida que ella también empieza a deteriorarse.

¿Tenías claro desde el principio qué era real y qué era una construcción de la mente, o también tú fuiste descubriéndolo mientras escribías?

Soy bastante estructurado a la hora de crear mis historias. Suelo tener claro qué quiero contar, qué es real y hacia dónde va la trama.

Pero también te reconozco que, cuando construyes un personaje tan complejo como Sara y te metes tanto en él, llega un momento en que parece que el personaje empieza a llevarte a ti.

Piensas: “Sara no diría esto” o “Sara no haría esto”, aunque tú ya tuvieras estructurado que debía pasar. Y entonces toca cambiarlo.

Eso me está ocurriendo todavía más con Los rostros de Erika. Erika tiene una construcción de personaje mucho más profunda y ha habido momentos en los que he sentido que la historia ha terminado yendo hacia donde ella quería, no hacia donde yo había previsto

En un thriller psicológico, dosificar la información es fundamental. ¿Qué fue más difícil: ocultar lo suficiente o revelar en el momento justo?

Mi intención no era engañar al lector ocultándole información, sino jugar con cómo interpreta lo que está viendo. De hecho, hay lectores que en los primeros capítulos creen tener claro qué le ocurre a Sara y otros que llegan al final completamente sorprendidos.

Para mí, lo más difícil es sorprender sin hacer trampas. Que cuando el lector termine pueda mirar atrás y pensar: “estaba ahí, pero yo lo interpreté de otra manera”.

Y creo que ese era uno de los grandes retos de Los rostros de Sara: construir una historia que resultara distinta y que jugara con la percepción sin depender únicamente de un giro final.

Sara es una protagonista fuerte, pero también vulnerable. ¿Qué te interesaba más de ella: su fortaleza o su debilidad?

De Sara me interesa precisamente esa mezcla. Me gusta su tozudez y que, pese a todo lo que le ocurre, siga creyendo en sí misma. Lucha por ella y para ella, y aunque a veces tome malas decisiones, son sus decisiones. Eso le da mucha verdad al personaje.

Además, Sara no se permite mostrarse débil delante de los demás. No quiere darles ese poder. Y creo que ahí está una parte importante de su vulnerabilidad: cuanto más intenta aparentar que lo tiene todo bajo control, más sola se queda.

La identidad es uno de los grandes temas del libro. ¿Crees que todos tenemos distintos rostros según el lugar que ocupamos en la sociedad?

Por supuesto. Creo que todos mostramos rostros distintos según el lugar que ocupamos.

Yo, por ejemplo, trabajo en hostelería y ahí tengo que mantener una actitud amable y profesional incluso cuando algún cliente no te trata bien. Ese es uno de mis rostros.

Cuando llego a casa con mis hijos soy otra versión de mí mismo, con otras responsabilidades y otra forma de relacionarme.

Y creo que precisamente ahí está la identidad: no en una sola cara, sino en la suma de todas esas versiones que mostramos según el contexto.

Vienes de escribir artículos, relatos y colaborar en espacios digitales. ¿Qué supuso para ti dar el salto a la narrativa larga?

Fue muy difícil, no te lo voy a negar. Durante mucho tiempo no me veía capaz de sostener una historia tan larga y dudé de mí en bastantes momentos.

Mi pareja fue muy importante ahí, porque hubo etapas en las que sentía que no avanzaba y me ayudó a seguir.

Al final encontré una fórmula que se adaptaba mucho a mi manera de escribir: pensar cada capítulo casi como una historia breve, con su propio pequeño recorrido, pero formando parte de algo mayor. Eso me permitió dar el salto a la narrativa larga sin sentir que estaba intentando abarcarlo todo de golpe.

¿Qué aprendiste escribiendo Los rostros de Sara que no habías aprendido con textos más breves?

Aprendí, sobre todo, la importancia del desarrollo del personaje y del ritmo. En un texto breve puedes apoyarte mucho en una idea o en un impacto concreto, pero en una novela tienes que sostener al personaje durante mucho más tiempo.

Con Sara aprendí a medir mejor el timing: cuándo revelar algo, cuándo hacerla avanzar, cuándo frenarla y cómo llevarla poco a poco hasta el lugar emocional en el que necesitaba que estuviera dentro de la historia.

Creo que ahí entendí que una novela no es solo tener una buena idea, sino saber acompañar al personaje durante todo el recorrido.

¿Cómo es tu método de escritura: planificas mucho antes de empezar o necesitas perderte un poco dentro de la historia?

Tengo mi propio ritual. Me gusta mucho escribir con música acústica, algo tranquilo que no me distraiga pero que amortigüe un poco el sonido exterior. Al final, mientras tú escribes, la vida sigue alrededor y los demás hacen su vida.

En cuanto a la historia, sí soy bastante planificador. Me gusta saber hacia dónde voy y tener una estructura, aunque después los personajes muchas veces me obliguen a desviarme de ella.

Lo que no puedo planificar tanto es cuándo escribir. Tengo dos hijos pequeños y encontrar esos momentos de calma no siempre es fácil, especialmente en verano. Aprovecho mucho las noches o los ratos en los que ellos no están. Al final he aprendido a escribir cuando la vida me deja un hueco, no cuando aparece el momento perfecto.

Los rostros de Sara abre la futura Trilogía de las Identidades Fracturadas, aunque cada novela será independiente. ¿Qué te interesa explorar en esa idea de identidades rotas o realidades subjetivas?

La idea central de la trilogía es una reflexión sobre la verdad. Las tres novelas son completamente independientes y sus personajes no tienen relación entre sí, pero todas avanzan alrededor de una misma pregunta: ¿qué es la verdad cuando nuestra propia mente interviene en cómo interpretamos la realidad?

Con Sara quería explorar a una persona que acaba aceptando como verdadera la realidad que percibe. Su síndrome de Frégoli condiciona lo que ve y, para ella, aquello termina siendo su verdad.

Con Erika doy un paso diferente. A través del síndrome de Otelo y de los celos delirantes, ella no solo interpreta la realidad: construye su propia verdad y empieza a actuar en consecuencia.

Y con Moisés quiero llevar la idea todavía más lejos. Ahí el eje será la culpa, la memoria y la forma en que nos contamos nuestro propio pasado. Moisés llegará a cuestionar incluso que exista una verdad única.

¿Qué recomendación le darías a alguien que se adentra en el mundo de la escritura y sueña con publicar su primera obra?

La paciencia es clave. Empezar en este mundo no es fácil y publicar no depende únicamente de que escribas bien. Hay muchos factores alrededor que no controlas.

Yo, por ejemplo, tengo la idea de intentar publicar una novela al año. Erika, que estoy revisando ahora, me gustaría que pudiera salir en 2027, y Moisés en 2028. Pero eso no significa acelerar una novela simplemente para cumplir una fecha. Prefiero tardar más y sentir que lo que sale es realmente la versión que quiero enseñar.

También he aprendido que una obra tiene que llegar a las manos adecuadas. El mercado está muy saturado y puedes tener una buena novela que simplemente llegue en el momento equivocado o a la persona equivocada.

Por eso tampoco creo demasiado en enviar un manuscrito indiscriminadamente a cien editoriales y agencias. Creo que es mejor estudiar el mercado, saber dónde encaja realmente tu obra y elegir bien las puertas que vas a tocar.

Y, sobre todo, asumir que vas a escuchar muchos “no” sin convertir cada uno de ellos en una sentencia sobre tu capacidad para escribir.

Para terminar, José Manuel: cuando un lector cierre Los rostros de Sara, ¿qué duda te gustaría que se quedara rondándole en la cabeza?

Me gustaría, sobre todo, que se quedara Sara. Que el lector cierre el libro y siga pensando en ella, en lo que le ha pasado y en cómo lo ha vivido.

Que se pregunte cuánto habría confiado él en su propia percepción si hubiera estado en su lugar, y que intente empatizar con ella antes de juzgarla.

También me gustaría que pensara en las historias que existen a su alrededor, en todo lo que muchas veces no vemos de los demás.

Para mí, Los rostros de Sara es un libro que busca dejar preguntas abiertas más que respuestas correctas. Y si al terminar el lector sigue dudando un poco de lo que ha visto y de lo que habría hecho él, entonces la novela ha cumplido su objetivo.

lunes, agosto 10, 2026

T1-E7: Presentación de "Los rostros de Sara" de J. M. Azorín, escritor de thriller psicológico

Hoy nos acompaña José Manuel Azorín, autor de Los rostros de Sara, una novela que se adentra en ese territorio incómodo donde ya no sabemos si lo que vemos pertenece al mundo real o a una herida de la mente.

Azorín debuta en la narrativa larga con un thriller psicológico protagonizado por Sara Montalbán, una mujer poderosa, brillante, situada en lo alto de una gran farmacéutica internacional, que empieza a descubrir que los rostros de quienes la rodean ya no parecen los mismos. Su marido, sus compañeros, su reflejo, incluso su propia identidad, comienzan a volverse sospechosos.




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Pero Los rostros de Sara no busca solo el golpe de efecto ni el giro fácil. Quiere entrar en la fragilidad de la percepción, en la paranoia, en la culpa, en el poder corporativo y en esa pregunta que nos desarma: ¿podemos confiar del todo en nuestra mente?

Hoy hablaremos con José Manuel Azorín de escritura, de miedo psicológico, de identidad, de realidad subjetiva y de cómo se construye una novela donde cada certeza se va rompiendo poco a poco.



domingo, agosto 02, 2026

RESEÑA: «Una cara conocida» de Darío Vilas Couselo

Título: Una cara conocida (Edición revisada)

Autor: Darío Vilas Couselo

Editorial: Insólita

Año de edición: 2026

ISBN: 979-13-990634-1-7

Número de páginas: 248

Sinopsis:

Hay preguntas que nunca dejan de perseguirnos. Primero fue el rostro en los carteles. Luego, el cadáver. Jaime Carou no la conocía, pero algo en ella lo arrastró a un lugar del que ya no supo salir. 

Veinte años después, su abuela Amelia, desde el lecho de muerte, le hace una confesión que lo obliga a remover un pasado que creía enterrado. En su búsqueda de respuestas, Jaime se enfrenta a silencios enquistados, heridas sin cerrar y una verdad que amenaza con deshacer todo lo que creía cierto.

Una cara conocida es una historia sobre la obsesión y la carga de los secretos, sobre las cicatrices invisibles que deja la ausencia y el duelo imposible de quienes nunca obtienen justicia.

Mi opinión:

Quienes seguimos la trayectoria de Darío Vilas Couselo sabemos que su escritura no deja indiferente a nadie, y esta novela vuelve a confirmarlo. Su bibliografía tiene líneas bien diferenciadas —del Marquitos de El hombre que nunca sacrificaba a las gallinas viejas, con el que se llevó el Premio Nocte en 2014, al terror atmosférico de El tiempo como enemigo—. En esta ocasión, el autor gallego parte de unos hechos reales que reinterpreta con plena libertad creativa, y da un paso adelante evidente tanto en su oficio como en su madurez estilística.

Lo primero que destaca de Una cara conocida es la arquitectura del relato y el dominio técnico con el que alterna dos voces: la segunda persona para los pasajes del pasado y la tercera para los acontecimientos del presente. El salto entre ambos planos se produce con naturalidad y permite avanzar por una trama compleja sin desorientarse y sin que el ritmo pierda intensidad.

El autor regresa aquí a los asuntos esenciales de su literatura —la culpa, la memoria, el peso del pasado— y los sitúa en un Vigo muy reconocible, con esa Galicia de fondo que tan bien sabe retratar. Lo hace a través de Jaime, un joven obsesionado con desenterrar la verdad después de dos décadas de silencios, evasivas y preguntas sin respuesta. Entretanto, el reloj avanza de manera implacable hacia la prescripción del crimen y la posible impunidad de su responsable.

El resultado es un ejercicio de memoria frente al olvido, sostenido por una imagen que no se borra: ese rostro que ocupa la portada, símbolo de una ausencia que se resiste a desaparecer mientras la sociedad sigue caminando sin mirar atrás.

Como ya es habitual en su bibliografía, Vilas Couselo construye personajes de notable hondura psicológica —Amelia me parece memorable— y los sitúa dentro de un engranaje ambicioso, preciso y exigente; una estructura que, por su complejidad y por la manera en que encajan sus piezas, debió de constituir uno de los mayores desafíos creativos de su trayectoria.

Conviene precisar que estamos ante una edición revisada. La novela apareció en Insólita en 2023 y vuelve ahora, en 2026, con el texto repasado y una cubierta nueva, la de Nerea Bosch. 

En definitiva, una obra muy recomendable, que vuelve a poner el foco sobre esos monstruos cotidianos y esos fantasmas humanos que siguen persiguiéndonos.

Darío Vilas Couselo demuestra una vez más que los miedos más reales no proceden de lugares remotos ni sobrenaturales: habitan entre nosotros.

martes, julio 28, 2026

T2E154 - Hoy charlamos con Alejandra Melús, experta en Inteligencia Emocional y Escritora

Hoy recibimos a Alejandra Melús, una autora que escribe desde un lugar especialmente delicado: la infancia.

Y decir esto no significa solo que escriba cuentos para niños, sino que se acerca a ellos con respeto, con escucha y con una mirada que intenta comprender lo que muchas veces los adultos no sabemos ver. Alejandra trabaja desde la educación emocional, la atención temprana, el acompañamiento a las familias y una idea muy sencilla, pero también muy profunda: los niños no necesitan adultos perfectos, necesitan adultos presentes.




En libros como Incondicional o ¡Mira lo que hago!, su literatura se convierte en una forma de tender puentes entre padres, madres, hijos e hijas. Sus cuentos hablan del amor, del apego, de la necesidad de ser mirados, de los pequeños conflictos cotidianos y de esas emociones que, cuando somos niños, pueden parecer enormes aunque los adultos no siempre les demos importancia.

Hoy queremos conocer a la escritora, pero también a la mujer que observa, acompaña, escucha y transforma la experiencia en palabras sencillas. Porque escribir para la infancia no es escribir menos, ni escribir fácil: es encontrar la manera de decir lo esencial sin traicionar la sensibilidad de quien todavía está aprendiendo a nombrar el mundo.

lunes, julio 27, 2026

T2E153 - Hoy charlamos con Mónica García soñadora y escritora

Hoy nos acompaña Mónica García Saiz, escritora de novela juvenil romántica y new adult.

Mónica pertenece a una generación de autoras que no esperó a que el mundo editorial llamara a su puerta: empezó compartiendo sus historias directamente con los lectores en Wattpad, creando una comunidad fiel alrededor de obras como Polos opuestos, Amor Enredado, Dulce Mirada y la serie Chicas Guerreras.






Su trayectoria dio un salto decisivo con Destiny. Escucha mi voz, novela ganadora del Premio Jaén de Narrativa Juvenil 2022 y reconocida también en los Premios Wattys. En ella aborda temas como la identidad, el miedo, el amor, la música, la superación y la necesidad de encontrar una voz propia a través de una protagonista trans que lucha por cumplir sus sueños en un entorno que no siempre está preparado para comprenderla.

Hoy queremos hablar con Mónica de escritura, de lectores, de Wattpad, de romance juvenil, de representación, de personajes que buscan su lugar en el mundo y de cómo una historia nacida en una plataforma digital puede terminar alcanzando una dimensión literaria, emocional y social mucho más amplia.


ENTREVISTA: Almar de Luna, escritora versátil y sin miedo al cambio

Hoy tenemos con nosotros a Teresa Lencina Muñoz, aunque muchos de vosotros quizá la conozcáis mejor por ese nombre tan evocador con el que lleva tiempo compartiendo su mundo literario en las redes: AlmarDeLuna.

Teresa nació en Algeciras y reside en Murcia. Comenzó a escribir siendo muy joven y, con los años, esa necesidad de poner por escrito lo que sentía terminó convirtiéndose en algo mucho más serio. Poesía, narrativa, romance, erotismo... diferentes formas de contar, pero con un punto de encuentro bastante claro: las emociones.

En su camino encontramos títulos como Ojos de Gata, Imágenes Habladas, Escapando del Mundo y Un balcón al corazón. Cuatro libros que también nos hablan de una autora que no parece tener miedo a cambiar de registro, explorar emociones y probar cosas nuevas.

Pero, como solemos hacer en Mi experiencia como escritor, hoy no queremos quedarnos únicamente con los libros. Queremos conocer un poco mejor a Teresa, saber por qué escribe, qué encuentra cuando se sienta delante de una página en blanco y cuánto de ella acaba quedándose, inevitablemente, entre las páginas de sus historias.

Teresa, bienvenida a Mi experiencia como escritor(a).

Para empezar por donde solemos hacerlo siempre por aquí: ¿quién es Teresa Lencina Muñoz cuando dejamos a un lado los libros, las redes sociales y a AlmarDeLuna?

Al margen de todo el ruido de las redes, creo que soy una persona sencilla y natural, amante de la paz y de la tranquilidad. Adoro el mar y tengo el privilegio, desde hace un año, de vivir en un pueblo costero del Mediterráneo. Así que prácticamente estoy empezando de cero. Soy muy familiar, muy alegre y me gusta la vida que tengo sin grandes complicaciones.

Dices que comenzaste a escribir siendo muy joven. Siempre me interesa ese momento porque muchos escritores empezamos sin saber realmente lo estábamos haciendo. ¿Recuerdas qué escribías entonces y qué buscaba aquella Teresa adolescente cuando se sentaba delante de un papel?

Creo que esa Teresa, adolescente con mucha imaginación y ávida lectora en esa época, sintió la necesidad de hacer una historia a su medida. Recuerdo que, cuando escribía, sentía que era yo dentro de una película dirigida por mí. Un mundo de fantasía plasmado sobre el papel y compartido con mis amigas y compañeras de clase; entonces no había redes sociales.

Hay gente que escribe porque quiere contar historias y otra que lo hace porque necesita hacerlo. Por lo que he podido conocer de ti, tengo la impresión de que en tu caso hay bastante de lo segundo. ¿Qué le aporta la escritura a tu vida?

Escribir para mí es respirar; es la forma más auténtica de libertad que he podido encontrar; es volar, bailar sobre el papel. Es darle color al mundo a través de las letras. Es sanación, paz y felicidad.

AlmarDeLuna es además un nombre con bastante personalidad. ¿Cómo nació y qué significa para ti? ¿Hay cosas que AlmarDeLuna se atreve a escribir que quizá Teresa no diría nunca en voz alta?

Siempre he pensado que vivimos en un mundo bastante desalmado y que había que ponerle más alma. Entonces me inventé un nuevo verbo, Almar (no tiene que ver con el mar, aunque escriba mucho sobre él), para que fuera posible una acción real: esa capacidad de otorgarle al mundo más almas que amaran. 

Respecto a la Luna, desde pequeña me he sentido muy identificada ella porque soy Cáncer y porque nací el día que el hombre llegó a la Luna.

Tu primera novela publicada fue Ojos de Gata. El primer libro siempre tiene algo especial, para bien y para mal. Cuando lo miras ahora, con varios libros publicados después, ¿qué recuerdas de aquella Teresa que se enfrentó por primera vez a publicar una novela?

Ojos de Gata fue un reto personal, una prueba para mí. Un desafío. Cuando publiqué bajo el pseudónimo de AlmarDeluna, nadie en mi entorno sabía que escribía. Desde entonces ha sido una experiencia maravillosa; creo que ha sido una de los mejores cosas que he hecho en mi vida: dar ese paso. 

Lo voy a recordar siempre con un cariño muy especial. Me ha dado momentos maravillosos. Nunca me importó realmente si iba a ser bien acogido por los lectores; creo que ni siquiera esperaba lectores. Recuerdo perfectamente quien compró mi primer libro y la enorme satisfacción que me dio.

Después llega Imágenes Habladas, donde das un paso hacia algo mucho más íntimo a través de la poesía. Hay amor, daño, deseo, vulnerabilidad, recuerdos... Cuando escribes algo tan emocional, ¿cómo decides qué parte de ti estás dispuesta a enseñar y qué parte prefieres guardar solamente para ti?

Empecé a escribir poesía en el año 2012. Imágenes Habladas es una antología poética que recoge varios años de mi vida, desde los comienzos. Utilizo el tono confesional y escribo de las emociones, esas ventanitas del alma: dolor, alegría, amor y pasión. Para mí, lo más íntimo que tiene una persona es el dolor y, quizá, la única manera que yo he encontrado de expresarlo sin exponerlo crudamente sea a través de metáforas en poesía. Aunque aparentemente parezca que me desnudo en letras, siempre me he sentido profundamente responsable en temas de dolor y no llevar al lector hacia lo cruel o la desesperanza. Así que solamente muestro una pequeña parte.

Siempre he pensado que los escritores acabamos dejando pequeños pedazos nuestros en los personajes, incluso cuando juramos que no tienen nada que ver con nosotros. ¿Cuánto hay realmente de Teresa Lencina en lo que escribe?

En todos los libros que he escrito hay mucho de mí en unos más que en otros, por supuesto. La poesía siempre es bastante personal. Me gusta que mis personajes tengan cierta psicología y no conozco a nadie tan bien como a mí con mis aciertos y errores, con luces y sombras.

También has trabajado el erotismo, un terreno bastante complejo porque resulta muy fácil caer en lo evidente. ¿Qué buscas cuando escribes sobre el deseo?

Debo confesar que es el género que más me gusta escribir. El erotismo no es el acto en sí, sexo y ya está, una solución matemática de dos más dos cuatro, sino toda una atmósfera que debe llevar ese encuentro entre dos personas. Es todo un reto creativo y lingüístico: buscar metáforas para huir de lo evidente o demasiado explícito, aunque algunas veces toco lo explícito en algunos capítulos porque creo que la intensidad del momento lo requiere. Para mí, el erotismo en literatura es bailar con las palabras lentamente hasta hacer sentir al lector.

Tu siguiente título es Escapando del Mundo. Solo el nombre ya parece esconder una necesidad bastante humana. ¿Qué tiene ese mundo para querer huir de él?

Hay muchas circunstancias en la vida en las que uno debe replantearse en qué mundo está viviendo. Quizá mi vida personal me llevó a tener que escapar de mi mundo por un mal que muchas mujeres padecemos. Escapando del Mundo enfrenta a la protagonista a reencontrarse, a volver a creer en ella misma y en el amor, después de que sus esperanzas se frustren por un desengaño amoroso. Un viaje necesario para recomenzar.

Y llegamos a Un balcón al corazón, donde vuelves a la novela y además te acercas a una ambientación y a unos personajes diferentes. ¿Cómo nació esta historia?

Es mi última novela; sin embargo, es la primera historia que comencé a escribir en la adolescencia. La tenía olvidada, sin terminar; quizá no había llegado su momento hasta el presente y necesitaba un cierre. Nace de muchas lecturas de novela romántica por aquel entonces como Victoria Holt. Más como un juego que como algo serio.

¿Sueles saber desde el principio qué quieres contar o tus novelas van encontrando su verdadero camino mientras las escribes?

Parto de una pequeña idea y va tomando forma mientras se desarrolla. Es como si fuera una vida que va creciendo y desarrollándose hasta que encuentra su final. No tengo un guión; no sigo manuales del buen escritor. Porque siempre he dicho que yo no escribo: siento. Y eso realmente es lo que me gusta transmitir.

Hablemos precisamente de eso, de cómo escribes. Cuando una historia empieza a rondarte la cabeza, ¿cómo sabes que detrás de una idea hay realmente una historia que merece convertirse en libro?

No es tanto la historia que quiera contar, porque serían muchas por escribir, sino el momento adecuado. Ese instante en el que dices: «Voy a escribir otro libro». Es la decisión, cuando sientes el pulso de la tinta que te pide una nueva historia.

Una cosa es tener una historia en la cabeza y otra muy distinta encontrar tiempo para escribirla. ¿Tienes alguna rutina de escritura o eres de las que escribe cuando la vida le deja un hueco?

Realmente sí sigo una rutina y tengo mis momentos para ello. Al estar en redes, escribo todos los días. Me gusta escribir por las noches: me concentro mucho más y apenas hay distracciones del mundo exterior. Simplemente dejo que las letras vayan fluyendo. Cuando estoy inmersa en alguna novela, me absorbe por completo; se me hace difícil desconectar y, prácticamente, me tengo que obligar.

Siempre hablamos mucho de escribir y bastante menos de borrar. Cuando llega el momento de corregir, ¿te cuesta desprenderte de una escena, una frase o incluso un personaje que te gusta si descubres que la historia funciona mejor sin ellos?

He corregido mucho, pero no he necesitado nunca eliminar un personaje. Quizás he mejorado escenas, porque siempre hay algo que mejorar. Aunque intento ser lo más fiel posible al tono y estilo en el que se está desarrollando la novela. Sí me ha pasado que la idea que tenía al principio en la cabeza no tiene nada que ver con la que finalmente he puesto por escrito.

Publicar también significa exponerse. De repente algo que durante meses ha sido solamente tuyo pasa a manos de personas que pueden emocionarse con ello, interpretarlo de otra manera o incluso decir que no les ha gustado. ¿Cómo llevas esa parte del oficio? ¿Has aprendido a convivir con la opinión de los lectores?

Es lo que llevo peor, realmente. Disfruto de todo el proceso creativo, pero cuando llega el momento de exponer ya deja de ser tuyo; es como un hijo que, además, va a ser examinado por el mundo. No he recibido malas opiniones críticas de mis libros, afortunadamente. A mí lo que me gusta es escribir; no estoy muy preparada para todo el espectáculo que supone, a día de hoy, ser escritor. Sé que pierdo oportunidades por no querer formar parte de muchas cosas, pero valoro mucho más mi paz y mi tranquilidad que cualquier otro ruido.

Después de Ojos de Gata, Imágenes Habladas, Escapando del Mundo y Un balcón al corazón, me gustaría terminar mirando hacia delante. Cuando piensas en la escritora que quieres ser dentro de unos años, ¿qué te queda todavía por escribir? ¿Hay alguna historia, algún género o incluso algún miedo literario al que todavía no te hayas atrevido a enfrentarte?

Tengo guardados muchísimos poemas aún, que dan para varios libros más. Pero voy poco a poco: no puedo publicarlo todo de golpe. Y también tengo pendiente una historia por escribir que no sé si seré capaz, algún día, de hacerla. Aún no ha llegado su momento, y no sé si algún día le llegará o se quedará en el olvido para siempre.

Y ya, por último, ¿podrías dejarnos alguna enseñanza que te haya dejado la escritura para quienes vienen detrás de nosotros puedan aprender de ella?

A mí escribir me ha dado la vida, me ha enseñado, me ha sanado, me ha liberado; he reído, he llorado, he amado. Animo a la gente a que escriba, a que se forme, a que se atreva y a que dé el paso. Da igual el resultado o el éxito final del mismo. Como consejo, diría que cada uno sea uno mismo, lo más honesto posible, fiel a su voz y estilo, y que lo haga para sí mismo.

domingo, julio 26, 2026

T5E20 - Especial Enigmas y Misterios - La atmósfera en la literatura (Homenaje a Amparo Dávila)

En mi intervención en 10 Minutos Más, dentro de Enigmas y Misterios, hablo de uno de esos elementos invisibles que pueden convertir una historia en algo inolvidable: la atmósfera en la literatura. Y lo hago acercándome a la figura y la obra de Amparo Dávila, una autora capaz de convertir lo cotidiano, el silencio y lo apenas insinuado en auténtica inquietud. Un pequeño homenaje a su manera de entender el miedo y, sobre todo, a esa literatura que no necesita mostrar al monstruo para conseguir que sintamos que está ahí.

Para ver el episodio especial dedicado a Jessica Ann Stephens de Podcast 10minutosmás:




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sábado, julio 25, 2026

T2E152 - Hoy charlamos con Alejandro Fábregas y Susana Brieva, dos enamorados de la vida y la literatura

Hoy nos acompañan Alejandro Fábregas Escayola y Susana Brieva, dos autores unidos por la vida, la memoria y la escritura.

Alejandro es poeta, dramaturgo, guionista, profesor de idiomas y escritor. Comenzó a escribir desde muy joven y ha desarrollado una obra marcada por la introspección, el lirismo, el símbolo y la necesidad de convertir la experiencia en palabra. En libros como Lejos de mi inmediatez aparece esa mirada poética que se aleja del ruido para detenerse en lo esencial: el amor, la nostalgia, la búsqueda de sentido y aquello que el tiempo no consigue borrar.




Junto a Susana Brieva firma la trilogía Entre el amor y las sombras, una obra nacida de una historia real en la que se cruzan el amor, el exilio, la memoria, la fe, la pérdida y la resiliencia. Una historia que no solo se cuenta como novela, sino también como legado: una forma de rescatar lo vivido, de dar voz a quienes atravesaron fronteras físicas y emocionales, y de transformar la experiencia íntima en literatura.

Hoy queremos hablar con ellos de cómo se escribe a cuatro manos, de cómo se convierte una historia personal en relato, de qué lugar ocupan la memoria y el amor en su obra, y de cómo la literatura puede ayudarnos a comprender aquello que la vida, a veces, solo nos permite sentir.

Bienvenidos, Alejandro Fábregas Escayola y Susana Brieva.


T2E151 - Hoy charlamos con Jaime Calaforra Arranz, poeta experimental y filosófico

Hoy nos acompaña Jaime Calaforra Arranz, poeta, escritor y autor alicantino afincado en Valencia.

Su obra se mueve en un territorio muy personal, donde la poesía, la filosofía, la imagen simbólica y la búsqueda interior parecen dialogar constantemente. Autor de El demonio y el cuarto, libro ganador del primer premio Versonalidad Spoken Word València, y del ensayo Notas sobre el infinito y los conjuntos, Jaime representa una voz joven, intensa y reflexiva, capaz de unir pensamiento abstracto, emoción, lenguaje poético y una mirada casi metafísica sobre la existencia.

En sus poemas aparecen el cuarto, la soledad, el demonio interior, la naturaleza, el deseo, el sueño, la melancolía, la música, los signos, el sentido y esa tensión permanente entre pensar demasiado y sentir demasiado. Textos como Tierras lejanas, Poemas Heraclíteos, Canto a dos voces del espejo, Orquesta de fuego o Enigma del signo y del sentido revelan a un autor que no escribe desde la comodidad, sino desde la pregunta, la herida, la imaginación y el pensamiento.

Hoy queremos hablar con él de poesía, filosofía, premios, juventud creadora, spoken word, proceso de escritura y de ese lugar íntimo y extraño donde a veces el demonio y el cuarto terminan siendo la misma cosa.










viernes, julio 24, 2026

Mi paso por la librería Roleón (Cádiz)

Siempre es un buen momento para visitar amigos y echar un buen rato con ellos, algo siempre sano para alimentar la mente y el alma.



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jueves, julio 23, 2026

T2E150 - Hoy charlamos con Carlos Vicuña, militar, escritor y voluntario solidario

Hoy nos acompaña Carlos Vicuña Montalbán, escritor, militar y autor de Las tres guías y La fragata Nuestra Señora de la Cinta.

Su literatura nace de una mezcla muy especial: aventura, historia, mar, valores humanos y compromiso solidario. En Las tres guías, su primera obra, ya aparecía una idea muy poderosa: escribir para acompañar, para dar ánimo y para tender una mano a quienes atraviesan momentos difíciles.



Verlo en Youtube


Ahora, con La fragata Nuestra Señora de la Cinta, Carlos se adentra en una novela de gran aliento, ambientada a comienzos del siglo XVIII, tras la Guerra de Sucesión Española. Una fragata de la Real Armada zarpa rumbo a las Indias y, a bordo, Alonso, un joven ayamontino, se enfrenta a un mundo de traición, ambición, tempestades, piratas y supervivencia.

Pero la novela no vive solo en el pasado. Siglos después, esa historia cobra nueva vida en un hospital, donde un anciano la comparte con un joven paciente que encuentra en ella una razón para no rendirse. Ahí aparece quizá una de las claves de la obra de Carlos Vicuña: la aventura no como simple evasión, sino como una forma de resistencia, esperanza y humanidad.

Hoy queremos hablar con él de historia naval, de escritura, de solidaridad, de miedo, de fe en la vida y de cómo una novela puede unir dos vidas separadas por siglos para recordar algo esencial: incluso cuando todo parece perdido, siempre puede quedar una historia a la que agarrarse.




T2E149 - Hoy charlamos con Natividad Ballesteros, autora de la saga "El despertar de la Reina Bruja"

Hoy nos acompaña Natividad Ballesteros, escritora granadina y autora de Un reino a espada, primera entrega de la saga fantástica La Reina Bruja.

Natividad comenzó a dar forma a esta historia en 2006, mientras estudiaba en la Escuela de Arte de Granada. Lo que nació a partir de la creación de un personaje para una partida de rol acabó convirtiéndose en un mundo propio, con reinos enfrentados, magia casi extinguida, luchas de poder, heridas emocionales y una protagonista, Yami, que deberá aprender a sobrevivir en un lugar que la teme, la rechaza y la llama Reina Bruja.

Su escritura no parece buscar solo la aventura, sino también la emoción íntima de los personajes: la soledad, el miedo, la necesidad de ser aceptados y la lucha por ocupar un lugar en el mundo. Madre de tres hijos, Natividad ha compaginado durante años la escritura con la vida cotidiana, hasta convertir esta saga en una pentalogía ya concluida.

Hoy queremos hablar con ella de fantasía, de personajes heridos, de reinos construidos a espada, del largo proceso de escribir una saga y de ese sueño literario que, después de muchos años de trabajo, vuelve a abrirse camino ante los lectores.


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T2E148 - Hoy charlamos con Mari Paz López López, devoradora de libros y de cultura durante décadas

Hoy tenemos una invitada muy especial: la madre de María Elena López López, autora de El corazón en la piel y La condesa de Almanzara. Pero hoy no viene solo como madre de una escritora. Viene como una mujer que ha vivido rodeada de libros, como amante de la literatura, devoradora de historias y consumidora incansable de cultura. Una lectora de esas que no se acercan a los libros por obligación, sino por necesidad; de esas personas que han encontrado en la lectura compañía, refugio, aprendizaje y una forma más profunda de mirar la vida. Hoy queremos conocer su historia como lectora, sus recuerdos culturales, los libros que la han acompañado, la emoción de ver a su hija convertirse en escritora y esa relación íntima que se crea entre una madre, una hija y las palabras.