Gaby Taylor (Tetuán, 1967) es escritora de novela romántica y erótica, géneros a los que aporta thriller, documentación histórica y personajes profundos. Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Cádiz, trabajó durante 15 años como delegada comercial en una empresa de joyería antes de dar el salto a la escritura. Nacida en un viaje familiar, reside en El Puerto de Santa María tras su matrimonio y la crianza de sus dos hijos. Su obra se caracteriza por un ritmo rápido y visual que aúna documentación histórica y cultural de los lugares que recrea con la creación de personajes realistas. Entre sus novelas destacan "Siempre Juntos", “Confianza Ciega” (Bilogía), "Unidos por el pasado" (Kaizen Editores, 2021) y "Operación Paraíso" (2025).
¿Qué emoción estaba ahí antes de que
existiera tu primer libro?
La imaginación y la curiosidad desde que
tengo uso de razón.
Trabajaste 15 años en joyería antes de
escribir. ¿Qué te dio ese oficio que ahora usas en la escritura?
Más que en la escritura en sí, lo que me
ha ayudado es a obtener una buena formación, que he ido ampliando, en el tema
del marketing y la publicidad. Aunque todo lo que aprendí fue publicidad
analógica, durante la pandemia di el salto a lo digital y me mantengo en
continua formación.
Estudiaste Geografía e Historia. ¿La
documentación histórica de tus novelas es placer o disciplina?
Es lo que más me gusta. Al final acabo
escribiendo una novela, pero puedo tener para otras cuatro más. Además, soy muy
exhaustiva en los detalles y trato de comprobar hasta la más mínima
información. No podría poner algo sin estar bastante segura de que lo que he
escrito hace honor a la verdad.
Tu obra mezcla erotismo, thriller e intriga política. ¿En qué orden llegan esos elementos cuando empiezas a escribir una novela?
Puedo decir que la culpa la tuvo el
erotismo en mis primeras novelas. Estaba muy de moda la de “50 sombras de Grey”,
que animó a otras muchas autoras a escribir sobre ese género, pero a mí me
faltaba algo en esas historias. De hecho, amigos que ya sabían de mi habilidad
para narrar me animaron a escribir eso que faltaba en las novelas que ellos
mismos leían
¿Qué parte de tus libros te costó más
escribir y por qué?
Pues siempre me cuesta más lo romántico
que lo erótico, porque lo erótico me sale solo, en lo romántico odio caer en lo
ñoño y es una línea muy fácil de traspasar. Lo mismo digo con lo erótico y lo
porno. La ventaja es que esa línea la tengo muy bien delimitada.
Dices que tu obra aporta algo que
faltaba en la novela erótica cuando empezaste. ¿Qué era lo que faltaba?
Trama. Faltaba una
trama que sustentara ese erotismo. Las relaciones entre mis personajes no
pueden faltar y por lo tanto el erotismo, que es un modo más de relacionarse,
siempre va a estar presente. Aun así necesito que haya algo más en mis novelas,
un drama familiar, un thriller, una investigación, porque el sexo por sexo me
resulta muy aburrido y repetitivo. Todo el mundo conoce la mecánica y en
realidad lo bonito es generar tensiones, el cortejo, algunos equívocos… En
muchas novelas de este género eso brilla por su ausencia.
Defines tu estilo como rápido y visual.
¿Escribes viendo escenas en tu cabeza mientras construyes frases en el papel?
Sí. De hecho escribo con una técnica que
consiste en tener en mi cabeza la novela de principio a fin. Conozco los
lugares en los que se va a desarrollar, percibo el aroma de los espacios, puedo
conocer hasta el perfume que llevan mis personajes. No siempre eso queda
plasmado en la novela, pero tiene que estar en mi mente. Una vez que lo tengo
todo lo paso al papel, porque ahí es donde voy a desarrollar los detalles que
harán de urdimbre de toda la historia. Eso no quita para que el final no sea
exactamente igual a como lo pensé en un principio o que quite o añada escenas,
pero si no tengo todo eso no inicio la escritura de mi nueva novela.
Estás cursando un programa de escritura creativa teniendo ya varias novelas publicadas. ¿Qué te está enseñando que no sabías después de haber escrito tanto?
Sobre todo me ha enseñado a salirme de
mi zona de confort. Como he comentado, a mí, escribir un relato erótico no me
supone ningún esfuerzo y, por el contrario, desarrollar un pequeño relato de
fantasía me cuesta mucho más. Esos cambios de género fueron algunos de los
ejercicios que tuve que presentar a lo largo del curso. También me fue útil
para acercarme a autores que me recomendaron leer y con ello conocer nuevas
técnicas narrativas. Ahora mismo estoy empezando una novela en la que me cuesta
encontrar el tono. Presento la trayectoria vital de una mujer, Julia, desde
1929 hasta 1992 y, aunque sea la misma persona, no habla igual en una época que
otra. Todos los seres humanos evolucionamos, y en la novela ese es el arco del
personaje. Por eso me costaba mucho encontrar ese tono que necesitaba y en el
curso me recomendaron técnicas y lecturas para conocerlo, trabajarlo, adaptarlo
a mi futura novela y pulirlo.
Eres muy crítica con la industria
editorial y con ciertos premios literarios. ¿Escribir te ha vuelto más crítica
o ya lo eras antes?
Siempre he sido una persona muy crítica
con las injusticias y la mala praxis. Todo el mundo sabe que los grandes
premios literarios están dados por mero interés comercial, pero eso no quita
para que se cuide la calidad. Dicho de manera coloquial: que no se note tanto
el plumero. Eso mismo pasa en la industria editorial, se ha vuelto un mercado
persa en el que entra de todo. Desde una falta de calidad, que vemos
directamente en la mala corrección, hasta incluso editoriales que no pagan a
sus autores las regalías que les corresponden. Lo que pasa es que todo esto se
habla en “petit comité”, hasta que alguien un día suelte la liebre y entonces
veremos correr a los galgos. Por supuesto no todas son así, pero hay que hacer
un salto de fe viendo y oyendo lo que ruge en los mentideros.
Trabajas en una novela histórica sobre
la II República española. ¿Qué tiene ese periodo que te atrae tanto?
Básicamente es un homenaje a mi padre
que fue maestro, no profesor sino maestro, que es una palabra que ya de por sí,
para mí, tiene un significado muy profundo. Cuando en redes se habla de cual es
la profesión más importante hoy en día, los comentarios siempre se inclinan
hacia las carreras sanitarias, o de ingeniería, pero pocos son los que
recuerdan que sin un maestro en su niñez y juventud, que oriente a los
aprendices, nadie hubiera iniciado siquiera esas carreras. Ellos te enseñan a
leer y escribir, más las cuatro reglas, y sin eso no existiría ninguna profesión
en la actualidad. Luego, por mi formación académica y tras mucho investigar, llegué
a una conclusión a la que otros muchos llegaron, aunque quería convencerme con
mi propia investigación: la de que somos herederos de los maestros de la II
República. Sobre todo los que entraron a estudiar en plena transición, como fue
mi caso. Aunque muchos maestros tuvieron que exiliarse, a otros los expurgaron
y muchos más fueron asesinados, el caso es que con un puñado se sacó adelante
una formación que fue la base del cambio en España durante los años 80. Había
una semilla que se mantuvo latente hasta esa época y por eso me gusta mucho ese
periodo a nivel educativo, porque aunque muchos de sus avances se truncaron,
como el tema de las Misiones Pedagógicas y que la mayoría de la población no
estaba preparada, lo cierto es que cuando llegó el momento aquello germinó.
Eres miembro de la Sociedad Literaria
Sherlock Holmes. ¿Qué te enseña Conan Doyle sobre escribir thrillers?
Mas que escribir sobre thriller me
acerca a un periodo histórico, como la época victoriana, que me ayuda a
alcanzar el tono y la ambientación para algunos de mis trabajos. Soy mucho de
describir por medio de los olores, los sabores y el tacto, trato de utilizar
los cinco sentidos para mis novelas. Este tipo de técnica es muy utilizada por
los escritores del siglo XIX. Sé que en la actualidad a muchos lectores no les
gustan las descripciones, pero es algo que para mí resulta imprescindible para
colocar al lector donde me interesa. He leído novelas que me han dado la
sensación de estar colgadas en un gran vacío porque el autor no ha dejado claro
cual es el espacio-tiempo en el que se desarrolla la trama. Creo que se debe a
una mala interpretación de lo que se considera una novela atemporal. Los
grandes clásicos nos plantean cuestiones como los celos, envidia, ambición y
eso es lo atemporal que aportan a la literatura de nuestros días, pero las
tramas se deben colocar en un espacio y en un tiempo bien definido y con un
vocabulario, tono y actitudes acordes al tiempo en el que se desarrollan.
Considero muy desagradable ―y me saca de la historia― encontrar un personaje de
una novela mal llamada de Regencia que entra en su dormitorio recién decorado y
dice: “me mola”. La Sociedad Literaria me aporta leer verdaderas joyas que, sin
pertenecer a ella, lo mismo nunca hubiera conocido.
Me encantaría encontrar anotaciones de
las impresiones que la lectura de esa novela ha causado al lector.
Tus personajes masculinos —James, Ari,
Manuel, Lucca, Kilian— están muy trabajados. ¿De dónde salen los hombres de tus
novelas?
Normalmente son el tipo de persona, en este caso hombres, que me gustaría que abundaran. No son perfectos, tienen sus defectos como todos los seres humanos, porque de eso es de lo que se trata, de hacer personajes lo más realistas posible. Suelo utilizar una mezcla de todas las cualidades que me gustan y, por supuesto, pongo algún defecto. Es una técnica que sigo perfeccionando a lo largo de mi día a día como escritora. Lo del ser humano perfecto no existe y un personaje así resulta aburrido.
Llevas años escribiendo en tu blog sobre literatura, cocina, formación. ¿Qué te da escribir en tu web que no te da escribir novelas?Varias cosas que considero muy
importantes. La primera, que conozcan algo más de mí que no siempre aparece en
mis libros, luego expresar mi opinión sobre ciertos temas relacionados con el
mundo de la escritura y, sobre todo, aportar recomendaciones de libros,
técnicas de escritura, curiosidades o conocimientos varios que voy recopilando
aquí y allá, y que a mí me valen para seguir avanzando en este mundo literario.
Si tuvieras que elegir una sola escena
de todas tus novelas que resuma por qué escribes, ¿cuál sería?
Por esta que te escribo a continuación:
Me agaché al lado de una cepa, toqué la
tierra y tras coger uno de los terrones lo desmenucé entre mis manos, vi los
troncos de los sarmientos que parecían secos, pero yo sabía que la vida estaba
a la espera del calor y que su renacimiento era cuestión de tiempo. Sentí su
aspereza en la piel de los dedos y me quedé ensimismada mirando su forma. Al
alzarme, vi la ondulación de la colina y comprendí que, dentro de poco, todo
aquello estaría cubierto del verde de las hojas y el rojo burdeos, casi negro,
del milagro de las uvas. Cerré los ojos y aspiré profundamente. Olía a humedad
y frío. Me gustaba ese aroma a campo, a tierra de viñas.
Y para finalizar, una recomendación para
futuros escritores que te haya servido en tu carrera literaria.
Todo el mundo tiene derecho a escribir,
igual que a leer, pero no a publicar de cualquier manera. Es importante que si
se va a publicar corrijamos de una manera exhaustiva, porque nuestro trabajo
tiene trascendencia y más hoy en día con las redes sociales. Si nos
avergonzamos a veces de una imagen que hemos subido a las redes en un momento
inadecuado o hacemos comentarios de alguien que ha metido la pata de esa
manera, pensemos que una publicación, sea en forma de post, sea en forma de
novela, una vez que se deposita en Internet ya no somos dueños de ella.
Trasciende y ya no lo podemos parar. Entiendo que una primera novela tiene
muchos fallos. Las dos primera mías los tienen y yo lo sé; sin embargo son tus hijos
y, como los biológicos, algunas veces te sacan de quicio; pero son tus hijos y
estás obligado a educarlos. Los libros son iguales. Hay que educarlos, hay que
mejorarlos. Si el primer libro de un autor o autora tiene los mismos fallos que
el último que ha escrito y no he visto crecimiento y mejora en sus letras, no
vuelvo a leerla más. No tengo tiempo. Por lo tanto, mi recomendación es que NO
tengas prisas en publicar, date tiempo, aprende, corrige y, sobre todo, no te
duermas en los laureles. Trata de crecer y mejorar, que tus lectores te lo van
a agradecer.







