miércoles, septiembre 09, 2026

DOSSIER: «Guardianas de las tierras del norte» de Verónica García-Peña y Javier Solís


Guardianas de las tierras del norte

La importancia de la mujer en el mito y la tradición

Feminidad, criaturas y relatos desde la mitología vasca y asturiana

Verónica García-Peña · Javier Solís

Ilustraciones de Sandra Márquez


Hasta no hace tanto, en los pueblos del norte la mitología servía para explicar lo inexplicable: una tormenta repentina, la fuente que se secaba, el ganado que enfermaba sin causa. Y en el centro de muchas de esas explicaciones había una mujer. Diosa, curandera, bruja, dama de la cueva…

Guardianas de las tierras del norte recorre la mitología de Asturias y el País Vasco para recuperar esas figuras femeninas y devolverles el papel que tuvieron antes de que la Iglesia, y los siglos, las convirtieran en simples supersticiones o en amenazas.

Verónica García-Peña y Javier Solís parten de una idea: que ambas mitologías comparten una misma raíz matriarcal, una visión del mundo en la que lo femenino crea la naturaleza y la gobierna. Frente a la imagen heredada —la sirena que seduce para perder a los hombres o la vieja hechicera acusada de herejía—, los autores rastrean lo que estas criaturas significaban en origen: mujeres que se salían de las normas.

El libro mezcla dos registros. Por un lado, la divulgación, con el rigor de quien conoce las fuentes. Por otro, la ficción: cada capítulo se cierra con un cuento escrito para la ocasión, que recoge el aire de las leyendas antiguas y lo prolonga en historias nuevas. El resultado es un ensayo poco habitual, que se lee como quien escucha un relato al calor de la lumbre.

Las claves de la obra

Una mirada matriarcal. Frente a siglos de relatos que redujeron a las criaturas femeninas a la belleza, la seducción o la maldad, la obra reivindica su papel original como creadoras y guardianas de la naturaleza y de sus fuerzas telúricas.

Tierras vascas y asturianas, una misma raíz. El libro pone en diálogo dos mitologías hermanas —la vasca y la asturiana— y rastrea lo que comparten en su visión del mundo y en la centralidad de lo femenino.

Ensayo y ficción en un mismo volumen. Una propuesta híbrida y singular: el rigor de la divulgación etnográfica se combina con cuentos originales que devuelven voz y vida a estas figuras.

Memoria oral recuperada. Una tradición que sobrevivió durante siglos gracias a la transmisión oral del mundo rural y que la obra rescata del olvido y del desprestigio académico.

Ideal para:

      Lectores de mitología, etnografía y cultura popular.

      Personas interesadas en estudios de género y tradición oral.

      Quienes buscan ensayo con cuerpo narrativo y lectura entretenida.

Los autores

Verónica García-Peña

Verónica García-Peña (Oquendo, Álava, 1979) es escritora, socióloga y periodista. Compagina su carrera literaria con una activa labor en el ámbito periodístico y la divulgación cultural.

Licenciada en Sociología y Periodismo por la Universidad del País Vasco, ha publicado cinco novelas y una antología de relatos, entre las que destacan títulos como El carácter peculiar de algunas cosas (UveBooks, 2025) y Hasta morir la muerte (2024), prefinalista del Premio Ateneo de Sevilla 2023. Su bibliografía incluye también La isla de las musas, cuarta finalista del Premio Planeta 2017; y El ladrón de sueños (2016), seleccionada entre las diez finalistas del Premio Planeta 2015.

Colabora en medios como Uve Magazine, RTPA y diversos podcasts, imparte conferencias y talleres de lectura, y participa habitualmente en ferias y congresos literarios, además de formar parte de jurados en eventos como la Semana Negra de Gijón.

Javier Solís

Javier Solís Fernández (Avilés, Asturias, 1978) es licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y especialista en cultura popular asturiana, mitología y tradición oral, ámbitos en los que desarrolla una intensa labor divulgativa en medios de comunicación.

Desde 2021 participa en el programa La Buena Tarde (Radiotelevisión del Principado de Asturias) con la sección semanal «Milenta regatos», dedicada a la mitología, la etnografía y el imaginario oral asturiano. Desde 2023 colabora también en Les Fartures con el espacio mensual «La casa gris», en el que explora, junto a la escritora Verónica García-Peña, los vínculos entre la literatura universal y la gastronomía.

La ilustradora

Sandra Márquez

Sandra Márquez (Oviedo, Asturias, 1984) es licenciada en Edición de Arte y Técnicas de Grabado y Estampación por la Escuela de Arte de Oviedo. Artista visual y diseñadora especializada en el libro impreso, firma la ilustración íntegra de esta obra —cubierta e interiores— con un trabajo de espectro realista a grafito y aguada.

Ha ilustrado y diseñado numerosas ediciones de clásicos de la literatura, entre ellas Otra vuelta de tuerca de Henry James, La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca, La leyenda de Sleepy Hollow de Washington Irving y Morriña de Emilia Pardo Bazán. Bajo el seudónimo de Emain Juliana es autora de obras como Simbología de las flores. Arte, cine y literatura (2021) y Fuerzas ocultas (2023).

Más sobre el libro

¿Es un libro académico? No. Aunque parte de un conocimiento sólido de las fuentes etnográficas, está escrito para cualquier lector con curiosidad por la mitología y la cultura del norte. El tono es cercano y la lectura, fluida.

¿Qué tiene de especial frente a otros libros de mitología? Pone en diálogo dos tradiciones hermanas —la vasca y la asturiana— desde una perspectiva que reivindica el papel central de lo femenino en su origen. Y lo hace combinando divulgación y ficción en un mismo volumen: cada capítulo se cierra con un cuento original.

¿Es solo para lectores del norte de España? En absoluto. El libro habla de mitología, de memoria oral, de la relación entre las mujeres y la naturaleza. Esos temas interesan mucho más allá de la geografía.

Ficha técnica

TÍTULO

Guardianas de las tierras del norte

SUBTÍTULO

La importancia de la mujer en el mito y la tradición

AUTORES

Verónica García-Peña y Javier Solís

ILUSTRACIÓN

Sandra Márquez (cubierta e interiores)

EDITORIAL

Uve Books

DISTRIBUCIÓN (ESPAÑA)

UDL Libros

PÁGINAS

196

ENCUADERNACIÓN

Rústica con solapas (PVP: 20,90 €)

ISBN

979-13-990946-7-1

Contacto de prensa

Editorial Uve Books

Web: www.uvebooks.com


T5E21 - Adaptaciones cinematográficas más sonadas del cine y que casi acabaron sin realizarse

En mi intervención en 10 Minutos Más, dentro de Enigmas y Misterios, hablo de uno de aquellas adaptaciones cinematográficas más sonadas del cine y que casi acabaron sin realizarse.





Escúchanos. Reflexiona. Comparte.

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viernes, septiembre 04, 2026

T7 E2 - REFLEXIONES ENTRE SOMBRAS | Querer no es poder — Leonardo Jiménez

Nos han repetido durante años que «querer es poder».

Pero no es verdad.

Querer puede ser el comienzo. Puede empujarnos a estudiar, entrenar, aprender, insistir y descubrir capacidades que ni siquiera sabíamos que teníamos. Pero entre querer algo y poder conseguirlo existen el talento, la preparación, el conocimiento, las oportunidades, las circunstancias, la competencia y, muchas veces, también la suerte.

En este episodio de Reflexiones entre sombras hablo de esa diferencia.

De por qué dos personas pueden desear exactamente lo mismo y solo una conseguirlo. De Magic Johnson, Larry Bird y Michael Jordan. De concursos literarios que no se ganan. De querer tocar el piano y no convertirnos por ello en Ludovico Einaudi. Incluso de querer viajar a Marte o pasar un fin de semana en la Luna.

Pero esta reflexión no habla de resignarse.

Para ver la reflexión completa en Youtube

Para escuchar la reflexión completa en Spotify


Habla de algo bastante diferente: conocernos, desarrollar nuestras capacidades, aceptar nuestros límites y descubrir hasta dónde podemos llegar siendo realmente quienes somos.

Personalmente, nunca he sido una persona competitiva. Me interesa mucho menos ser mejor que otro que comprobar si hoy soy capaz de hacer algo mejor que hace unos años. Escribir, aprender, equivocarme, mejorar y disfrutar haciéndolo.

Y si algún día llega un premio, una victoria o un reconocimiento, estupendo.

Que sea una alegría inesperada.

No la única razón por la que recorrimos el camino.

Porque quizá deberíamos dejar de decir «querer es poder».

Quizá sería mucho más cierto decir:

Querer es empezar.

🎙️ Reflexiones entre sombras
Con Leonardo Jiménez

#ReflexionesEntreSombras #QuererNoEsPoder #LeonardoJiménez #Reflexión #SuperaciónPersonal #DesarrolloPersonal #SerUnoMismo #PensamientoCrítico #Escritura #Podcast

domingo, agosto 30, 2026

T2-E156: DAVID ORITZ: ¿Y si todo lo que creemos verdad es solo un relato? | Es Todo Mentira - Versión vídeo y audio

¿Qué parte de lo que creemos cierto es realmente verdad? ¿Y cuánto depende de la historia que nos han contado? Hoy, en Mi experiencia como escritor, converso con David Oritz, escritor e historiador del arte y autor de Es Todo Mentira, una novela que mezcla ficción, experiencias transformadas y situaciones relacionadas con un mundo que David conoce muy bien desde dentro: el arte. Hablamos del origen de Es Todo Mentira, de cómo un proyecto que inicialmente ni siquiera pretendía ser una novela terminó convirtiéndose en ficción, de la construcción de personajes y de la dificultad de mezclar realidad y literatura sin perder de vista ninguna de las dos. Pero la conversación nos lleva mucho más allá del libro.


Verlo en Youtube

¿Quién decide qué es buen arte? ¿Nos condiciona conocer el prestigio o el precio de una obra? ¿Puede una mentira literaria servir para contar una verdad? ¿Recordamos realmente las cosas como sucedieron? ¿Las redes sociales nos han convertido en personajes de nuestra propia historia? ¿Tenemos hoy más información que nunca y, paradójicamente, más dificultades para distinguir qué es cierto? También hablamos de escritura, planificación, giros que no funcionan, de la dificultad de eliminar aquello que nos gusta y de ese momento complicado para cualquier escritor en el que hay que decidir que una novela está definitivamente terminada. Una conversación entre escritores sobre literatura, arte, verdad, mentira y todas esas historias que utilizamos para intentar comprender la realidad. 📖 Es Todo Mentira, de David Oritz. 🎙️ Entrevista: Leonardo Jiménez 📚 Mi experiencia como escritor Si disfrutas de las conversaciones sobre libros, escritura y todo lo que existe detrás de una obra, suscríbete al canal y acompáñame en las próximas entrevistas. #DavidOritz #EsTodoMentira #MiExperienciaComoEscritor



o.

viernes, agosto 21, 2026

T7-E1: REFLEXIONES ENTRE SOMBRAS: Ser uno mismo



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Hasta dónde somos capaces de percibir nuestra propia realidad. Hasta dónde somos
capaces de controlarla. Hasta dónde es nuestra. Y hasta dónde pertenece a los demás.

Hay una frase que hemos escuchado tantas veces que casi ha perdido su significado.

Sé tú mismo.

Parece sencillo: tres palabras.

Cada una con más peso que la anterior:

Sé. Tú. Mismo.

Como si bastara con mirarse al espejo una mañana para reconocerse y decidir que, a partir de ese momento, uno va a comportarse como realmente desea.

Como si fuera tan fácil quitarse esa máscara bajo la que tantas veces nos sentimos cómodos y descubrir el verdadero yo que se esconde debajo.

Como en un baile veneciano, pero sin música.

Porque muchas veces resulta más cómodo ser quienes los demás esperan que seamos: moldeados por la idea que tienen de nosotros nuestros amigos, nuestras parejas, nuestros padres, aquellas personas que nos conocen y también aquellas a las que creemos conocer.

Y de ahí surge la pregunta que nos trae hoy aquí:

¿Quién eres realmente cuando no estás intentando agradar a nadie?

Soy Leonardo Jiménez, un escritor entre sombras que tan solo intenta contar su experiencia vital y convertirse en quien siempre quiso ser.

O quizá en quien siempre fue.

Vengo a quitarme la máscara.

Levantemos el telón. Comienza «Reflexiones entre sombras».

Desde que somos pequeños aprendemos a adaptarnos al entorno.

A la familia que nos tocó. A nuestros padres. A nuestros hermanos. Al espacio que debemos compartir con ellos.

Comenzamos una aventura en la que todo aquello que nos rodea nos empuja a tomar decisiones. Y serán esas decisiones, acertadas o equivocadas, las que poco a poco nos modelarán y nos convertirán en quienes seremos en el futuro.

Nos enseñan cuándo debemos hablar y cuándo debemos callarnos.

Qué cosas gustan de nosotros y cuáles incomodan.

Qué comportamientos reciben una sonrisa y cuáles provocan rechazo.

Forma parte del aprendizaje, nos dicen.

Y aprendemos.

En la mayoría de los casos discriminamos aquellos comportamientos que consideramos negativos. En otros los acogemos como parte de nuestra personalidad. Y algunos, sencillamente, terminan dominándonos sin que apenas nos demos cuenta.

Es la esencia de vivir con los demás. De encajar en la sociedad.

No podemos comportarnos siempre como nos dé la gana y llamar a eso libertad. Vivimos rodeados de personas que merecen nuestro respeto y nuestros actos tienen consecuencias.

Pero existe una frontera muy fina entre aprender a convivir y comenzar a interpretar un personaje.

Y muchas veces ni siquiera sabemos cuándo hemos cruzado esa delgada línea que separa ser nosotros mismos de convertirnos en un personaje secundario dentro de la vida de los demás.

El amigo de. El hijo de. La pareja de. El compañero de.

Hasta que, poco a poco, comenzamos a perder nuestra propia identidad.

Casi todos, de una manera u otra, hemos querido alguna vez caer bien.

Encajar en el puzle.

Formar parte de ese grupo con derecho de admisión en el que parece que hay que ganarse la entrada.

El siguiente paso es intentar no decepcionar.

Después, evitar que alguien a quien apreciamos se enfade con nosotros.

Que no piense mal de lo que hemos dicho o de lo que hemos hecho.

Entonces llegan las explicaciones.

Explicaciones que, muchas veces, ni siquiera tendríamos por qué dar.

Y es ahí cuando podemos comenzar, sin darnos cuenta, a convertirnos en la persona que otros esperan que seamos.

A veces pienso que los escritores tenemos cierta ventaja para reconocerlo.

Pero no es la escritura la que nos da esa lucidez.

Es la vida. La experiencia. El error. La caída. Tropezar con una piedra. Y con otra. Y con otra.

Y, sobre todo, aprender a levantarnos un poco mejor de como éramos antes de tropezar.

Reconocer cuál fue la piedra para intentar no volver a caer exactamente en el mismo lugar.

Nos pasamos la vida construyendo personajes.

Pensamos qué dirían, cómo actuarían, qué esconden, cuáles son sus anhelos, cuáles sus miedos más profundos y cómo podrían enfrentarse a ellos.

Les construimos una máscara.

Y quizá en la vida hagamos exactamente lo mismo.

Tenemos un personaje para el trabajo.

Otro para nuestra familia.

Otro para nuestros amigos.

Otro para las redes sociales.

Perfiles que se adaptan al entorno para desempeñar el papel que corresponde en cada momento.

¿Y quién nos dice que no tengamos también uno para la persona a la que queremos?

No necesariamente porque mintamos.

Somos seres complejos.

Todos tenemos muchas versiones de nosotros mismos.

Pero el problema aparece cuando alguna de esas versiones comienza a alejarnos demasiado de quien realmente somos.

Cuando dejamos de preguntarnos qué queremos y empezamos a preguntarnos únicamente qué esperan los demás de nosotros.

Y aquí aparece algo con lo que creo que casi todos hemos tenido que enfrentarnos alguna vez.

La necesidad de agradar.

Hay personas a las que parece no importarles demasiado lo que los demás piensen de ellas.

Otras, en cambio, necesitan sentirse constantemente aceptadas, aprobadas, queridas, reconocidas.

Y en un mundo en el que un «me gusta», una reproducción o un comentario se convierten casi en pequeñas dosis de aprobación, esa necesidad puede transformarse en un arma de doble filo.

A veces aprendemos que para no decepcionar debemos cumplir unas expectativas.

Y para mantener esas expectativas empezamos a ceder.

Primero en cosas pequeñas.

Después en otras que no lo son tanto.

Aceptamos algo que no queremos.

Permitimos comportamientos que nos molestan.

Nos convencemos de que tampoco era para tanto.

De que esa persona es así y debemos aceptarla.

Porque nosotros también tenemos defectos.

Y olvidamos algo importante: aceptar los defectos de alguien no significa aceptar cualquier cosa.

También debemos saber elegir cuándo permanecer, cómo hacerlo y, sobre todo, al lado de quién.

Porque llega un momento en el que hemos cedido tantas cosas que ya no sabemos dónde terminaban los demás y dónde empezábamos nosotros.

Quizá por eso aprender a decir no sea una de las cosas más difíciles que existen.

Porque un «no» a tiempo no es solamente una palabra.

A veces significa asumir que alguien puede enfadarse contigo.

Que puede decepcionarse.

Que puede alejarse.

Y aceptar esa posibilidad requiere algo que no siempre tenemos.

Amor propio.

Pero cuando hablo de amor propio no hablo de colocarnos por encima de los demás.

No hablo del ego.

No hablo de convertir nuestra palabra en un axioma.

Para mí existe una diferencia bastante sencilla.

La egolatría dice:

«Yo soy más importante que los demás».

El amor propio dice:

«Yo también soy importante».

Porque a veces parece que cuidarse para poder querer a los demás fuese egoísmo.

Que poner límites fuese falta de generosidad.

Que elegirnos alguna vez a nosotros mismos significase abandonar a quienes queremos.

Y no.

No se trata de querernos más que a los demás.

Se trata de dejar de querernos mejor.

Y quizá una de las mayores dificultades llegue precisamente cuando comenzamos a establecer límites.

Porque algunas personas pueden decirnos:

«Ya no te reconozco».

«Has cambiado».

O incluso:

«Te han cambiado».

Y aparece una de esas frases que todos hemos escuchado alguna vez.

«Antes no eras así».

Es una frase curiosa.

Porque quizá sea verdad.

Quizá antes no eras así.

Quizá antes callabas.

Quizá antes permitías.

Quizá antes tenías miedo.

Cambiar no significa necesariamente dejar de ser uno mismo.

A veces significa justamente lo contrario.

Quitarse la venda de los ojos.

Romper determinadas ataduras.

Descubrir que quizá nunca fuiste exactamente quien pensabas que eras.

También existen frases capaces de desmontarnos:

«Si me quisieras harías esto».

«Eres muy poco empático conmigo».

«Nunca haces nada por mí».

Y ahí comienza una forma de manipulación que puede ser consciente o inconsciente, pero que resulta especialmente poderosa cuando encuentra a alguien que necesita desesperadamente agradar.

Porque cuando tienes miedo de que una persona se marche puedes terminar negociando demasiadas cosas.

Y algunas nunca deberían negociarse.

Pero también existe el extremo contrario.

Otra expresión que hemos escuchado demasiadas veces:

«Yo soy así. Y tienes que aceptarme».

Soy así.

Si no te gusta, es tu problema.

Y entonces parece que todos los que nos rodean deben moldearse alrededor de nuestra manera de ser.

Pero tratar mal a alguien no se justifica diciendo que esa es nuestra personalidad.

La autenticidad no nos libera de nuestras responsabilidades.

Podemos ser nosotros mismos y reconocer que nos equivocamos.

Podemos cambiar de opinión.

Podemos pedir perdón.

Podemos descubrir que una parte de nosotros que creíamos auténtica era sencillamente miedo, orgullo o inseguridad.

Mirar hacia dentro, explorarnos y conocernos puede ayudarnos a convertirnos en mejores personas.

Pero ese paso debemos darlo nosotros.

Nuestra mejor versión quizá siempre haya estado ahí.

El problema es que no podremos reconocerla mientras sigamos cargando con demasiado lastre.

Y resulta curioso que todo esto ocurra en una época en la que nunca se ha hablado tanto de individualidad.

Sé diferente.

Sé único.

Sé auténtico.

Encuentra tu propia voz.

Y, sin embargo, nunca hemos estado tan pendientes de lo que hacen los demás.

Abrimos una red social y alguien nos explica cómo debemos vestir, cómo debemos hablar, qué debemos comer, dónde tenemos que viajar, qué libros deberíamos leer o incluso qué aspecto debe tener nuestra felicidad.

Nos dicen constantemente que debemos ser únicos mientras millones de personas intentamos parecernos a los mismos modelos.

Y si a eso sumamos que vivimos en una sociedad tremendamente polarizada, la ecuación se vuelve todavía más complicada.

Parece que cualquier asunto exige elegir un lado.

Blanco o negro.

Derecha o izquierda.

Bueno o malo.

Conmigo o contra mí.

Como si no existieran matices.

Como si decir «no estoy completamente de acuerdo contigo» fuera una traición.

Y muchas veces terminamos posicionándonos porque hacerlo reafirma nuestra pertenencia a un grupo.

Nos proporciona calor.

Aceptación.

Una sensación de formar parte de algo.

Pero vivir únicamente para satisfacer expectativas ajenas tiene una consecuencia.

Quizá consigamos la aprobación.

Quizá muchas personas estén satisfechas con nosotros.

Quizá recibamos su aplauso.

Pero ese reconocimiento puede desaparecer exactamente en el momento en el que decidamos enfrentarnos a sus expectativas y comenzar a ser nosotros mismos.

Y ahí aparece la pregunta que me parece más incómoda de todas.

Tan incómoda como necesaria.

¿Cuántas decisiones habéis tomado realmente vosotros y cuántas habéis tomado para no decepcionar a alguien?

Yo no soy capaz de darte una respuesta.

¿Vosotros sí?

Probablemente nadie pueda responderla del todo.

Pero creo que merece la pena hacerse esa pregunta alguna vez.

Porque nuestra respuesta no significa querer menos a los demás.

Necesitamos a las personas que queremos.

Necesitamos amor.

Amistad.

Cariño.

Compañía.

Necesitamos pertenecer.

Pero existe una diferencia abismal entre necesitar a otras personas y necesitar convertirnos en otra persona para que esas personas nos quieran.

Porque, al final, llegará el momento en el que el telón que hemos levantado al comenzar este episodio vuelva a bajar.

Las luces se apagarán.

Volveremos del trabajo.

Prepararemos la cena.

Dejaremos el teléfono a un lado.

La habitación quedará en silencio.

Y solo quedará una persona.

Nosotros.

Quizá entonces la pregunta no sea si los demás están cómodos con esa persona.

La pregunta será:

¿Lo estamos nosotros?

¿Nos sentimos orgullosos de quiénes somos?

¿De en quiénes nos hemos convertido?

Con el paso de los años cambiamos.

Nos equivocamos.

Aprendemos.

Nos reconstruimos.

Algunas personas se bajan de nuestra vida y llegan otras.

Cada una deja algo.

Cada experiencia modifica una pequeña parte de nosotros.

Y quizá para aceptar ese crecimiento debamos entender que la vida no consiste solamente en sumar.

También consiste en restar.

Restar expectativas. Personajes. Miedos.

Versiones de nosotros mismos construidas únicamente para agradar.

Ir retirando, una a una, todas esas capas.

Despojarnos de la máscara. Y descubrir qué había debajo.

Quizá sea precisamente ahí… cuando el telón haya bajado y las luces se hayan apagado…entre sombras… donde empecemos por fin a reconocernos.