¿Cómo se convierte una experiencia íntima en una novela? ¿Cómo se escribe una despedida cuando todavía queda amor?
En esta entrega de Mi experiencia como escritor, Leonardo Jiménez conversa con David Royo Bravo sobre su primera novela, Amando a Thomas, una historia inspirada en acontecimientos reales que nos acerca a la relación entre Daniel, un colombiano, y Thomas, un escocés, cuyo encuentro se transforma en convivencia durante la pandemia. Hablamos del salto a la escritura, de la frontera entre memoria y ficción y de cómo los pequeños gestos pueden contar una relación entera. Una conversación sobre el amor entre dos hombres, las diferencias culturales y la dificultad de dejar ir a alguien con quien imaginábamos un futuro.Categorías
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domingo, septiembre 13, 2026
Hoy charlamos con David Royo, escritor colombiano
T7E3: REFLEXIONES ENTRE SOMBRAS | El valor del silencio: cuando callar también significa escuchar
Hay silencios que duelen.
jueves, septiembre 10, 2026
Cuando una oportunidad literaria es una estafa: Fraudes y suplantaciones
No todo lo que llega a nuestro correo o a nuestras redes es lo que parece.
Los escritores también podemos convertirnos en objetivo de fraudes, suplantaciones de identidad y todo tipo de scams: falsos agentes literarios, editoriales inexistentes, propuestas demasiado buenas para ser verdad o personas que utilizan el nombre de profesionales reales para ganarse nuestra confianza.
En este vídeo de Mi experiencia como escritor hablo de este tipo de engaños, de algunas de las señales que deberían hacernos desconfiar y, sobre todo, de algo fundamental: comprobar siempre quién está realmente al otro lado antes de responder, enviar un manuscrito, facilitar información o realizar cualquier pago.
Porque la ilusión de recibir una oportunidad puede hacer que bajemos la guardia precisamente cuando más atentos deberíamos estar.
Si escribes, publicas o te mueves dentro del mundo editorial, quizá este vídeo pueda evitarte algún disgusto.
#MiExperienciaComoEscritor #Escritores #Fraudes #Estafas #SuplantacionDeIdentidad #Scams #EstafasOnline #AgentesLiterarios #MundoEditorial #Escritura #Autores #ConsejosParaEscritores #Editoriales #Literatura
miércoles, septiembre 09, 2026
DOSSIER: «Guardianas de las tierras del norte» de Verónica García-Peña y Javier Solís
La importancia de la mujer en el mito y
la tradición
Feminidad, criaturas y relatos desde la mitología
vasca y asturiana
Verónica
García-Peña · Javier Solís
Ilustraciones de Sandra Márquez
Guardianas de las tierras del norte recorre la mitología de
Asturias y el País Vasco para recuperar esas figuras femeninas y devolverles el
papel que tuvieron antes de que la Iglesia, y los siglos, las convirtieran en
simples supersticiones o en amenazas.
Verónica García-Peña y Javier Solís parten de una idea: que ambas
mitologías comparten una misma raíz matriarcal, una visión del mundo en la que
lo femenino crea la naturaleza y la gobierna. Frente a la imagen heredada —la
sirena que seduce para perder a los hombres o la vieja hechicera acusada de
herejía—, los autores rastrean lo que estas criaturas significaban en origen:
mujeres que se salían de las normas.
El libro mezcla dos registros. Por un lado, la divulgación, con el rigor
de quien conoce las fuentes. Por otro, la ficción: cada capítulo se cierra con
un cuento escrito para la ocasión, que recoge el aire de las leyendas antiguas
y lo prolonga en historias nuevas. El resultado es un ensayo poco habitual, que
se lee como quien escucha un relato al calor de la lumbre.
Las claves de la obra
Una mirada matriarcal. Frente a siglos de relatos que redujeron a
las criaturas femeninas a la belleza, la seducción o la maldad, la obra
reivindica su papel original como creadoras y guardianas de la naturaleza y de
sus fuerzas telúricas.
Tierras vascas y asturianas, una misma raíz. El libro pone en
diálogo dos mitologías hermanas —la vasca y la asturiana— y rastrea lo que
comparten en su visión del mundo y en la centralidad de lo femenino.
Ensayo y ficción en un mismo volumen. Una propuesta híbrida y
singular: el rigor de la divulgación etnográfica se combina con cuentos
originales que devuelven voz y vida a estas figuras.
Memoria oral recuperada. Una tradición que sobrevivió durante
siglos gracias a la transmisión oral del mundo rural y que la obra rescata del
olvido y del desprestigio académico.
Ideal para:
•
Lectores de mitología, etnografía y cultura popular.
•
Personas interesadas en estudios de género y tradición
oral.
•
Quienes buscan ensayo con cuerpo narrativo y lectura
entretenida.
Los autores
Verónica García-Peña
Verónica García-Peña (Oquendo, Álava, 1979) es escritora, socióloga y
periodista. Compagina su carrera literaria con una activa labor en el ámbito
periodístico y la divulgación cultural.
Licenciada en Sociología y Periodismo por la Universidad del País Vasco,
ha publicado cinco novelas y una antología de relatos, entre las que destacan
títulos como El carácter peculiar de algunas cosas (UveBooks, 2025) y Hasta
morir la muerte (2024), prefinalista del Premio Ateneo de Sevilla 2023. Su
bibliografía incluye también La isla de las musas, cuarta finalista del
Premio Planeta 2017; y El ladrón de sueños (2016), seleccionada entre
las diez finalistas del Premio Planeta 2015.
Colabora en medios como Uve Magazine, RTPA y diversos
podcasts, imparte conferencias y talleres de lectura, y participa habitualmente
en ferias y congresos literarios, además de formar parte de jurados en eventos
como la Semana Negra de Gijón.
Javier Solís
Javier Solís Fernández (Avilés, Asturias, 1978) es licenciado en Historia
por la Universidad de Oviedo y especialista en cultura popular asturiana,
mitología y tradición oral, ámbitos en los que desarrolla una intensa labor
divulgativa en medios de comunicación.
Desde 2021 participa en el programa La Buena Tarde (Radiotelevisión
del Principado de Asturias) con la sección semanal «Milenta regatos»,
dedicada a la mitología, la etnografía y el imaginario oral asturiano. Desde
2023 colabora también en Les Fartures con el espacio mensual «La casa
gris», en el que explora, junto a la escritora Verónica García-Peña, los
vínculos entre la literatura universal y la gastronomía.
La ilustradora
Sandra
Márquez
Sandra Márquez (Oviedo, Asturias, 1984) es licenciada en Edición de Arte
y Técnicas de Grabado y Estampación por la Escuela de Arte de Oviedo. Artista
visual y diseñadora especializada en el libro impreso, firma la ilustración
íntegra de esta obra —cubierta e interiores— con un trabajo de espectro
realista a grafito y aguada.
Ha ilustrado y diseñado numerosas ediciones de clásicos de la literatura,
entre ellas Otra vuelta de tuerca de Henry James, La casa de Bernarda
Alba de Federico García Lorca, La leyenda de Sleepy Hollow de
Washington Irving y Morriña de Emilia Pardo Bazán. Bajo el seudónimo de
Emain Juliana es autora de obras como Simbología de las flores. Arte, cine y
literatura (2021) y Fuerzas ocultas (2023).
Más sobre el libro
¿Es un libro académico? No. Aunque parte de un conocimiento sólido
de las fuentes etnográficas, está escrito para cualquier lector con curiosidad
por la mitología y la cultura del norte. El tono es cercano y la lectura,
fluida.
¿Qué tiene de especial frente a otros libros de mitología? Pone en
diálogo dos tradiciones hermanas —la vasca y la asturiana— desde una
perspectiva que reivindica el papel central de lo femenino en su origen. Y lo
hace combinando divulgación y ficción en un mismo volumen: cada capítulo se
cierra con un cuento original.
¿Es solo para lectores del norte de España? En absoluto. El libro
habla de mitología, de memoria oral, de la relación entre las mujeres y la
naturaleza. Esos temas interesan mucho más allá de la geografía.
Ficha técnica
|
TÍTULO |
Guardianas de las tierras del norte |
|
SUBTÍTULO |
La importancia de la mujer en el mito y la tradición |
|
AUTORES |
Verónica García-Peña y Javier Solís |
|
ILUSTRACIÓN |
Sandra Márquez (cubierta e interiores) |
|
EDITORIAL |
Uve Books |
|
DISTRIBUCIÓN
(ESPAÑA) |
UDL Libros |
|
PÁGINAS |
196 |
|
ENCUADERNACIÓN |
Rústica con solapas (PVP: 20,90 €) |
|
ISBN |
979-13-990946-7-1 |
Contacto de prensa
Editorial Uve Books
Web: www.uvebooks.com
T5E21 - Adaptaciones cinematográficas más sonadas del cine y que casi acabaron sin realizarse
En mi intervención en 10 Minutos Más, dentro de Enigmas y Misterios, hablo de uno de aquellas adaptaciones cinematográficas más sonadas del cine y que casi acabaron sin realizarse.
viernes, septiembre 04, 2026
T7 E2 - REFLEXIONES ENTRE SOMBRAS | Querer no es poder — Leonardo Jiménez
Nos han repetido durante años que «querer es poder».
Pero no es verdad.
Querer puede ser el comienzo. Puede empujarnos a estudiar, entrenar, aprender, insistir y descubrir capacidades que ni siquiera sabíamos que teníamos. Pero entre querer algo y poder conseguirlo existen el talento, la preparación, el conocimiento, las oportunidades, las circunstancias, la competencia y, muchas veces, también la suerte.
En este episodio de Reflexiones entre sombras hablo de esa diferencia.
De por qué dos personas pueden desear exactamente lo mismo y solo una conseguirlo. De Magic Johnson, Larry Bird y Michael Jordan. De concursos literarios que no se ganan. De querer tocar el piano y no convertirnos por ello en Ludovico Einaudi. Incluso de querer viajar a Marte o pasar un fin de semana en la Luna.
Pero esta reflexión no habla de resignarse.
Para ver la reflexión completa en Youtube
Para escuchar la reflexión completa en Spotify
Habla de algo bastante diferente: conocernos, desarrollar nuestras capacidades, aceptar nuestros límites y descubrir hasta dónde podemos llegar siendo realmente quienes somos.
Personalmente, nunca he sido una persona competitiva. Me interesa mucho menos ser mejor que otro que comprobar si hoy soy capaz de hacer algo mejor que hace unos años. Escribir, aprender, equivocarme, mejorar y disfrutar haciéndolo.
Y si algún día llega un premio, una victoria o un reconocimiento, estupendo.
Que sea una alegría inesperada.
No la única razón por la que recorrimos el camino.
Porque quizá deberíamos dejar de decir «querer es poder».
Quizá sería mucho más cierto decir:
Querer es empezar.
🎙️ Reflexiones entre sombras
Con Leonardo Jiménez
#ReflexionesEntreSombras #QuererNoEsPoder #LeonardoJiménez #Reflexión #SuperaciónPersonal #DesarrolloPersonal #SerUnoMismo #PensamientoCrítico #Escritura #Podcast
domingo, agosto 30, 2026
T2-E156: DAVID ORITZ: ¿Y si todo lo que creemos verdad es solo un relato? | Es Todo Mentira - Versión vídeo y audio
¿Qué parte de lo que creemos cierto es realmente verdad? ¿Y cuánto depende de la historia que nos han contado? Hoy, en Mi experiencia como escritor, converso con David Oritz, escritor e historiador del arte y autor de Es Todo Mentira, una novela que mezcla ficción, experiencias transformadas y situaciones relacionadas con un mundo que David conoce muy bien desde dentro: el arte. Hablamos del origen de Es Todo Mentira, de cómo un proyecto que inicialmente ni siquiera pretendía ser una novela terminó convirtiéndose en ficción, de la construcción de personajes y de la dificultad de mezclar realidad y literatura sin perder de vista ninguna de las dos. Pero la conversación nos lleva mucho más allá del libro.
¿Quién decide qué es buen arte? ¿Nos condiciona conocer el prestigio o el precio de una obra? ¿Puede una mentira literaria servir para contar una verdad? ¿Recordamos realmente las cosas como sucedieron? ¿Las redes sociales nos han convertido en personajes de nuestra propia historia? ¿Tenemos hoy más información que nunca y, paradójicamente, más dificultades para distinguir qué es cierto? También hablamos de escritura, planificación, giros que no funcionan, de la dificultad de eliminar aquello que nos gusta y de ese momento complicado para cualquier escritor en el que hay que decidir que una novela está definitivamente terminada. Una conversación entre escritores sobre literatura, arte, verdad, mentira y todas esas historias que utilizamos para intentar comprender la realidad. 📖 Es Todo Mentira, de David Oritz. 🎙️ Entrevista: Leonardo Jiménez 📚 Mi experiencia como escritor Si disfrutas de las conversaciones sobre libros, escritura y todo lo que existe detrás de una obra, suscríbete al canal y acompáñame en las próximas entrevistas. #DavidOritz #EsTodoMentira #MiExperienciaComoEscritor
viernes, agosto 21, 2026
T7-E1: REFLEXIONES ENTRE SOMBRAS: Ser uno mismo
capaces de controlarla. Hasta dónde es nuestra. Y hasta dónde pertenece a los demás.
Hay una frase que
hemos escuchado tantas veces que casi ha perdido su significado.
Sé tú mismo.
Parece sencillo: tres palabras.
Cada una con más
peso que la anterior:
Sé. Tú. Mismo.
Como si bastara
con mirarse al espejo una mañana para reconocerse y decidir que, a partir de
ese momento, uno va a comportarse como realmente desea.
Como si fuera tan
fácil quitarse esa máscara bajo la que tantas veces nos sentimos cómodos y
descubrir el verdadero yo que se esconde debajo.
Como en un baile
veneciano, pero sin música.
Porque muchas
veces resulta más cómodo ser quienes los demás esperan que seamos: moldeados
por la idea que tienen de nosotros nuestros amigos, nuestras parejas, nuestros
padres, aquellas personas que nos conocen y también aquellas a las que creemos
conocer.
Y de ahí surge la
pregunta que nos trae hoy aquí:
¿Quién eres
realmente cuando no estás intentando agradar a nadie?
Soy Leonardo
Jiménez, un escritor entre sombras que tan solo intenta contar su experiencia
vital y convertirse en quien siempre quiso ser.
O quizá en quien
siempre fue.
Vengo a quitarme
la máscara.
Levantemos el
telón. Comienza «Reflexiones entre sombras».
Desde que somos
pequeños aprendemos a adaptarnos al entorno.
A la familia que
nos tocó. A nuestros padres. A nuestros hermanos. Al espacio que debemos
compartir con ellos.
Comenzamos una
aventura en la que todo aquello que nos rodea nos empuja a tomar decisiones. Y
serán esas decisiones, acertadas o equivocadas, las que poco a poco nos
modelarán y nos convertirán en quienes seremos en el futuro.
Nos enseñan
cuándo debemos hablar y cuándo debemos callarnos.
Qué cosas gustan
de nosotros y cuáles incomodan.
Qué
comportamientos reciben una sonrisa y cuáles provocan rechazo.
Forma parte del
aprendizaje, nos dicen.
Y aprendemos.
En la mayoría de
los casos discriminamos aquellos comportamientos que consideramos negativos. En
otros los acogemos como parte de nuestra personalidad. Y algunos,
sencillamente, terminan dominándonos sin que apenas nos demos cuenta.
Es la esencia de vivir con los demás. De encajar en la sociedad.
No podemos
comportarnos siempre como nos dé la gana y llamar a eso libertad. Vivimos
rodeados de personas que merecen nuestro respeto y nuestros actos tienen
consecuencias.
Pero existe una
frontera muy fina entre aprender a convivir y comenzar a interpretar un
personaje.
Y muchas veces ni
siquiera sabemos cuándo hemos cruzado esa delgada línea que separa ser nosotros
mismos de convertirnos en un personaje secundario dentro de la vida de los
demás.
El amigo de. El hijo de. La pareja de. El compañero de.
Hasta que, poco a
poco, comenzamos a perder nuestra propia identidad.
Casi todos, de
una manera u otra, hemos querido alguna vez caer bien.
Encajar en el
puzle.
Formar parte de
ese grupo con derecho de admisión en el que parece que hay que ganarse la
entrada.
El siguiente paso
es intentar no decepcionar.
Después, evitar
que alguien a quien apreciamos se enfade con nosotros.
Que no piense mal
de lo que hemos dicho o de lo que hemos hecho.
Entonces llegan
las explicaciones.
Explicaciones
que, muchas veces, ni siquiera tendríamos por qué dar.
Y es ahí cuando
podemos comenzar, sin darnos cuenta, a convertirnos en la persona que otros
esperan que seamos.
A veces pienso
que los escritores tenemos cierta ventaja para reconocerlo.
Pero no es la
escritura la que nos da esa lucidez.
Es la vida. La experiencia. El error. La caída. Tropezar con una piedra. Y con otra. Y con otra.
Y, sobre todo,
aprender a levantarnos un poco mejor de como éramos antes de tropezar.
Reconocer cuál
fue la piedra para intentar no volver a caer exactamente en el mismo lugar.
Nos pasamos la
vida construyendo personajes.
Pensamos qué
dirían, cómo actuarían, qué esconden, cuáles son sus anhelos, cuáles sus miedos
más profundos y cómo podrían enfrentarse a ellos.
Les construimos
una máscara.
Y quizá en la
vida hagamos exactamente lo mismo.
Tenemos un
personaje para el trabajo.
Otro para nuestra
familia.
Otro para
nuestros amigos.
Otro para las
redes sociales.
Perfiles que se
adaptan al entorno para desempeñar el papel que corresponde en cada momento.
¿Y quién nos dice
que no tengamos también uno para la persona a la que queremos?
No necesariamente
porque mintamos.
Somos seres
complejos.
Todos tenemos
muchas versiones de nosotros mismos.
Pero el problema
aparece cuando alguna de esas versiones comienza a alejarnos demasiado de quien
realmente somos.
Cuando dejamos de
preguntarnos qué queremos y empezamos a preguntarnos únicamente qué esperan los
demás de nosotros.
Y aquí aparece
algo con lo que creo que casi todos hemos tenido que enfrentarnos alguna vez.
La necesidad de
agradar.
Hay personas a
las que parece no importarles demasiado lo que los demás piensen de ellas.
Otras, en cambio,
necesitan sentirse constantemente aceptadas, aprobadas, queridas, reconocidas.
Y en un mundo en
el que un «me gusta», una reproducción o un comentario se convierten casi en
pequeñas dosis de aprobación, esa necesidad puede transformarse en un arma de
doble filo.
A veces
aprendemos que para no decepcionar debemos cumplir unas expectativas.
Y para mantener
esas expectativas empezamos a ceder.
Primero en cosas
pequeñas.
Después en otras
que no lo son tanto.
Aceptamos algo
que no queremos.
Permitimos
comportamientos que nos molestan.
Nos convencemos
de que tampoco era para tanto.
De que esa
persona es así y debemos aceptarla.
Porque nosotros
también tenemos defectos.
Y olvidamos algo
importante: aceptar los defectos de alguien no significa aceptar cualquier
cosa.
También debemos
saber elegir cuándo permanecer, cómo hacerlo y, sobre todo, al lado de quién.
Porque llega un
momento en el que hemos cedido tantas cosas que ya no sabemos dónde terminaban
los demás y dónde empezábamos nosotros.
Quizá por eso
aprender a decir no sea una de las cosas más difíciles que existen.
Porque un «no» a
tiempo no es solamente una palabra.
A veces significa
asumir que alguien puede enfadarse contigo.
Que puede
decepcionarse.
Que puede
alejarse.
Y aceptar esa
posibilidad requiere algo que no siempre tenemos.
Amor propio.
Pero cuando hablo
de amor propio no hablo de colocarnos por encima de los demás.
No hablo del ego.
No hablo de
convertir nuestra palabra en un axioma.
Para mí existe
una diferencia bastante sencilla.
La egolatría
dice:
«Yo soy más
importante que los demás».
El amor propio
dice:
«Yo también soy
importante».
Porque a veces
parece que cuidarse para poder querer a los demás fuese egoísmo.
Que poner límites
fuese falta de generosidad.
Que elegirnos
alguna vez a nosotros mismos significase abandonar a quienes queremos.
Y no.
No se trata de
querernos más que a los demás.
Se trata de dejar
de querernos mejor.
Y quizá una de
las mayores dificultades llegue precisamente cuando comenzamos a establecer
límites.
Porque algunas
personas pueden decirnos:
«Ya no te
reconozco».
«Has cambiado».
O incluso:
«Te han
cambiado».
Y aparece una de
esas frases que todos hemos escuchado alguna vez.
«Antes no eras
así».
Es una frase
curiosa.
Porque quizá sea
verdad.
Quizá antes no
eras así.
Quizá antes
callabas.
Quizá antes
permitías.
Quizá antes
tenías miedo.
Cambiar no
significa necesariamente dejar de ser uno mismo.
A veces significa
justamente lo contrario.
Quitarse la venda
de los ojos.
Romper
determinadas ataduras.
Descubrir que
quizá nunca fuiste exactamente quien pensabas que eras.
También existen
frases capaces de desmontarnos:
«Si me quisieras
harías esto».
«Eres muy poco
empático conmigo».
«Nunca haces nada
por mí».
Y ahí comienza
una forma de manipulación que puede ser consciente o inconsciente, pero que
resulta especialmente poderosa cuando encuentra a alguien que necesita
desesperadamente agradar.
Porque cuando
tienes miedo de que una persona se marche puedes terminar negociando demasiadas
cosas.
Y algunas nunca
deberían negociarse.
Pero también
existe el extremo contrario.
Otra expresión
que hemos escuchado demasiadas veces:
«Yo soy así. Y
tienes que aceptarme».
Soy así.
Si no te gusta,
es tu problema.
Y entonces parece
que todos los que nos rodean deben moldearse alrededor de nuestra manera de
ser.
Pero tratar mal a
alguien no se justifica diciendo que esa es nuestra personalidad.
La autenticidad
no nos libera de nuestras responsabilidades.
Podemos ser
nosotros mismos y reconocer que nos equivocamos.
Podemos cambiar
de opinión.
Podemos pedir
perdón.
Podemos descubrir
que una parte de nosotros que creíamos auténtica era sencillamente miedo,
orgullo o inseguridad.
Mirar hacia
dentro, explorarnos y conocernos puede ayudarnos a convertirnos en mejores
personas.
Pero ese paso
debemos darlo nosotros.
Nuestra mejor
versión quizá siempre haya estado ahí.
El problema es
que no podremos reconocerla mientras sigamos cargando con demasiado lastre.
Y resulta curioso
que todo esto ocurra en una época en la que nunca se ha hablado tanto de
individualidad.
Sé diferente.
Sé único.
Sé auténtico.
Encuentra tu
propia voz.
Y, sin embargo,
nunca hemos estado tan pendientes de lo que hacen los demás.
Abrimos una red
social y alguien nos explica cómo debemos vestir, cómo debemos hablar, qué
debemos comer, dónde tenemos que viajar, qué libros deberíamos leer o incluso
qué aspecto debe tener nuestra felicidad.
Nos dicen
constantemente que debemos ser únicos mientras millones de personas intentamos
parecernos a los mismos modelos.
Y si a eso
sumamos que vivimos en una sociedad tremendamente polarizada, la ecuación se
vuelve todavía más complicada.
Parece que
cualquier asunto exige elegir un lado.
Blanco o negro.
Derecha o
izquierda.
Bueno o malo.
Conmigo o contra
mí.
Como si no
existieran matices.
Como si decir «no
estoy completamente de acuerdo contigo» fuera una traición.
Y muchas veces
terminamos posicionándonos porque hacerlo reafirma nuestra pertenencia a un
grupo.
Nos proporciona
calor.
Aceptación.
Una sensación de
formar parte de algo.
Pero vivir
únicamente para satisfacer expectativas ajenas tiene una consecuencia.
Quizá consigamos
la aprobación.
Quizá muchas
personas estén satisfechas con nosotros.
Quizá recibamos
su aplauso.
Pero ese
reconocimiento puede desaparecer exactamente en el momento en el que decidamos
enfrentarnos a sus expectativas y comenzar a ser nosotros mismos.
Y ahí aparece la
pregunta que me parece más incómoda de todas.
Tan incómoda como
necesaria.
¿Cuántas
decisiones habéis tomado realmente vosotros y cuántas habéis tomado para no
decepcionar a alguien?
Yo no soy capaz
de darte una respuesta.
¿Vosotros sí?
Probablemente
nadie pueda responderla del todo.
Pero creo que
merece la pena hacerse esa pregunta alguna vez.
Porque nuestra
respuesta no significa querer menos a los demás.
Necesitamos a las
personas que queremos.
Necesitamos amor.
Amistad.
Cariño.
Compañía.
Necesitamos
pertenecer.
Pero existe una
diferencia abismal entre necesitar a otras personas y necesitar convertirnos en
otra persona para que esas personas nos quieran.
Porque, al final,
llegará el momento en el que el telón que hemos levantado al comenzar este
episodio vuelva a bajar.
Las luces se
apagarán.
Volveremos del
trabajo.
Prepararemos la
cena.
Dejaremos el
teléfono a un lado.
La habitación
quedará en silencio.
Y solo quedará
una persona.
Nosotros.
Quizá entonces la
pregunta no sea si los demás están cómodos con esa persona.
La pregunta será:
¿Lo estamos
nosotros?
¿Nos sentimos
orgullosos de quiénes somos?
¿De en quiénes
nos hemos convertido?
Con el paso de
los años cambiamos.
Nos equivocamos.
Aprendemos.
Nos
reconstruimos.
Algunas personas
se bajan de nuestra vida y llegan otras.
Cada una deja
algo.
Cada experiencia
modifica una pequeña parte de nosotros.
Y quizá para
aceptar ese crecimiento debamos entender que la vida no consiste solamente en
sumar.
También consiste
en restar.
Restar expectativas. Personajes. Miedos.
Versiones de
nosotros mismos construidas únicamente para agradar.
Ir retirando, una
a una, todas esas capas.
Despojarnos de la máscara. Y descubrir qué había debajo.
Quizá sea precisamente ahí… cuando el telón haya bajado y las luces se hayan apagado…entre sombras… donde empecemos por fin a reconocernos.







