La 2ª edición de "Un silencio de plomo" acaba de ver la luz. Se trata de la primera novela de Ana Inclán. Coach personal, empresarial y social, Inclán tropezó por su trabajo con la violencia sexual infantil y las preguntas sin respuesta la empujaron a investigar: ¿cómo conseguían los agresores no ser vistos? ¿O se hacía como que no se había visto? Cuando una enfermedad le impidió seguir trabajando, se encontró escribiendo sin ser escritora, lanzándose al vacío.
Escrita sin planificación, con intuición
y misterio, "Un silencio de plomo" fue "una auténtica
aventura" que le descubrió aspectos que desconocía de la escritura y de la
vida misma.
¿Qué emoción estaba ahí antes de que
existiera este libro?
Puedo afirmar que antes de escribir la
novela, sentía indignación y rabia
punzante. La novela, de alguna manera, denuncia
el encubrimiento de los delitos bajo paraguas siempre excusatorios que
aparentemente dejan a la persona encubridora tranquila, pero callar tiene
consecuencias.
Dices que llevabas toda la vida
queriendo ser escritora pero nunca te habías visto haciéndolo. ¿Qué cambió
cuando te encontraste con el tema del abuso sexual infantil?
Al encontrarme con el abuso sexual
infantil, sentí la necesidad de hacer algo al respecto. Pienso que en nuestro
paso por este mundo, hemos de procurar mejorarlo en algo y al conocer estos
sucesos, sin mucho raciocinio, me dejé llevar por el corazón, que me
dictaminaba escribir. Dudo si servirá o no, pero, necesitaba narrar en papel lo
que me encontré.
Eres coach y fue por tu trabajo que
tropezaste con este tema. ¿Hubo algún caso concreto que te dejó sin respuestas
y te obligó a escribir?
Sí, claro, y a más información más
estupefacción. Hasta ese momento el foco siempre lo había puesto en la víctima,
pero nunca me había fijado en cómo se conduce el entorno en esa situación,
tanto el micro, como el macro entorno
Describes la escritura de este libro
como "un cosido a mano, lento, pero firme". ¿Por qué necesitabas que
fuera lento?
Por un lado mi salud no me acompañaba,
por otro lado hacía lo que me indicaba la intuición, que era alejarme de la
prisa.
Dices que tienes la sensación de no ser
tú quien escribió la novela, que "la novela se escribió ella misma".
¿Podrías explicarnos qué quiere decir esta frase?
Ha habido partes que las he escrito yo, me refiero al comienzo o al
final y también a la creación de los personajes. Sin embargo, los diálogos, las
“idas y venidas” y lo que les iba aconteciendo me lo decían los personajes; yo
me limitaba a escribir, casi al dictado. Fue tal cual lo cuento ahora.
¿Qué parte de este libro te costó más abordar?
Varias partes me costaron. Como decía
antes, el comienzo me costó mucho, estuve varios meses con distintos arranques
que descartaba porque no me convencían y al título también le di muchas vueltas, bueno a los títulos, tenía más
de quince y no me decidía por ninguno. El título que lleva la novela no es mío,
me lo sugirió Rosa Montero y es un título
que ella dio a una columna de EL PAIS,
que recomiendo leer.
Las preguntas que te hiciste fueron:
"¿cómo conseguían los agresores sexuales no ser vistos?" y "¿o
se hacía como que no se había visto?". ¿Encontraste respuestas en la
novela o las preguntas siguen ahí?
Los agresores son expertos en estar al
“acecho” para conseguir tocamientos sin ser vistos y dicho sea de paso, no por
ser solo tocamientos dejan de ser agresiones. La gravedad está en cómo vivió la
víctima esos momentos, si tuvo que defenderse, correr, se asustó, se sintió
culpable, etc. Alrededor de todo esto hay mucho silencio, que en realidad es
encubrimiento, aunque se justifica de diversas maneras: ya pasó, es mejor no
remover más…
Escribiste sin planificación, con
intuición. ¿Cómo sabes cuándo confiar en la intuición y cuándo necesitas
estructura?
Realmente no lo sé, simplemente me dejé
llevar, a veces pienso que la creatividad está reñida con la planificación.
Muchos y muchas profesionales de la escritura me dirían que no están de acuerdo
y quizás como profesionales que son, están en lo cierto, pero yo me he dejado
llevar y es una experiencia única.
Tu "habitación propia" es
cualquier sitio o momento de la vida. Los diálogos te aparecen al despertar, al
dormir, viendo una película. ¿Cómo convives con personajes que te hablan todo
el tiempo?
Me gusta, tal vez porque como mujer,
puedo estar en varias cosas a la vez. Si estoy viendo una película y me viene
una imagen de la novela, agarro el móvil y la escribo, a continuación sigo con
la película.
Perteneces a clubs de lectura y lees
varios libros al mes, pero dices que no tienes buena memoria. ¿Cómo se
relaciona leer mucho sin recordar con escribir una novela?
Cuando una pregunta no se sabe responder
es una excelente pregunta, es lo que me
sucede con esta, pero voy a intentar contestarla.
Me disgusta no recordar lo que leo, porque
aparentemente no puedo utilizarlo para la escritura; a veces pienso que los
sedimentos de esas lecturas deben estar repartidos por mi cuerpo, aunque no sea
consciente de ello. Soy una enamorada de la palabra, aunque la palabra también
puede ser un arma homicida. Ese amor por la palabra es la conexión entre la lectura y la
escritura.
Rosa Montero dice que tu novela tiene
"engañosa ligereza" para hacernos descender a los abismos. ¿Cómo
construiste esa ligereza sobre un tema tan brutal?
Creo que la ligereza viene de que es una
novela que sale del corazón y este es ligero, hasta en su peso, que solo pesa 250
gramos.
Ana y Justi coinciden en el AVE
Madrid-Barcelona. ¿Por qué necesitaban estar en movimiento, en tránsito, para
poder hablar de esto?
En el tren no hablan de esto, pero el
tren siempre me fascinó, es una puerta abierta y cerrada a la vez, es un lugar
donde todo puede comenzar y todo puede terminar, vas de viaje y los viajes
transforman, son como el rio…”nunca pasa la misma agua”
Dices que "Un silencio de
plomo" te descubrió muchos aspectos que desconocías. ¿Qué descubriste de
ti misma que no esperabas?
Esta también es una excelente pregunta, tiene difícil respuesta, pero merece que
intente contestarla.
Lectores y lectoras de Un silencio de
plomo dicen que la novela “les mueve emociones”, quizás yo he hecho un
recorrido emocional grande, que, tal vez, todavía no lo tenga registrado. La
vivencia con esas dos mujeres me ha replanteado mi vida. Me he mirado en el
espejo de ellas y en ese reflejo te gustas más o menos. Reflejan la soledad que
vivimos actualmente, el aislamiento en el que nos desenvolvemos. También hablan
de la maldad y mira eso es algo que he aprendido, puede parecer nimio, pero
para mí ha sido importante aprender que no todas las personas son buenas, lo
sabía, pero no tenía conciencia de ello, ahora la tengo, pero a la vez, también,
tengo más conciencia de lo importante que es apoyarse mutuamente y lo difícil
que es, por eso valoro y agradezco cuando veo la bondad que, afortunadamente,
también existe, aunque llevamos una apretada coraza, quizás este ha sido otro
aprendizaje: “desnudarme de la coraza cuando el tiempo lo permite”
La novela habla del silencio que
atraviesa nuestra sociedad frente al abuso sexual. ¿Romper ese silencio en
ficción es más fácil o difícil que romperlo en la vida real?
Es difícil romperlo en la ficción, pero
un poco más fácil que en la vida real.
En ambos espacios están los imperativos
sociales que nos gobiernan inconscientemente. Uno es que la vergüenza y la
culpa caen sobre la víctima y ante eso la inclinación es callarse. Hablar
requiere valentía, requiere saltar obstáculos.
No recuerdas lo que leías mientras
escribías, pero en la novela reseñas a escritoras y momentos literarios. ¿Qué
autoras te acompañaron sin que te dieras cuenta?
Las que nombro es porque en ese instante
las tenía conmigo. Supongo que me han acompañado todos los libros que he tenido
la suerte de leer y aunque no me dé cuenta están conmigo.
¿Qué tiene un silencio compartido para
poder comunicar lo que necesitamos tan solo con un gesto o con una mirada?
Creo que en este caso hablas del
silencio de la comunicación, no del silencio encubridor del delito. El silencio
de la comunicación no pesa, al contrario es ligero, es dulce, te acaricia, no
es un silencio de plomo.
Tardaste varios años en escribir esta
novela y dices que no tenías prisa. ¿Qué te enseñó la lentitud que no te habría
enseñado la prisa?
La lentitud ayuda a tomar conciencia de
lo que haces, te sitúa, te ayuda a vivir…”Las prisas son malas
consejeras”, decía mi madre
Es tu primera novela y el tema es uno de
los más difíciles que se pueden abordar. Si hubieras sabido lo duro que iba a
ser, ¿la habrías escrito igual?
Sí
¿Qué consejo le darías a quienes
comienzan en la escritura y quieren ver publicada su primera obra?
Dar consejos es difícil, porque no eres
la otra persona que los ha de recibir. Lo que sí puedo hacer es invitar a vivir
la experiencia de escribir. Más allá de la publicación y la difusión que es
otro mundo aparte, la escritura es una aventura que no sabes hasta donde te
puede llevar.









