sábado, abril 10, 2021

ESCRITURA CREATIVA: Hábitos que te ayudarán a escribir más y mejor

Antes de sentarnos frente a nuestro ordenador, debemos tener en cuenta que escribir es una tarea que requiere de plena concentración. Si bien es cierto que hay personas que son capaces de hacerlo en la cafetería, en el metro o cualquier otro lugar sin importarles que haya movimiento y ruido de fondo, la mayoría de nosotros necesitamos tranquilidad y silencio.

En mi caso, debe ser así, aunque suelo ponerme música tranquila como sonido ambiente (más adelante os dejaré un listado de mis favoritas). A mí eso me ayuda a  sumergirme mejor en el proceso de creación.

A la hora de planificar una sesión de escritura, la primera cuestión a tener en cuenta es el tiempo del que disponemos. Os recomendaría que sea tiempo de calidad. Yo prefiero acostarme pronto para poder levantarme temprano. A las seis de la mañana, todos duermen, nadie abre la puerta, no llaman por teléfono ni tampoco llega ningún mensaje, aparte de que en mi caso, estoy más despejado.

De dónde sacar ese tiempo de calidad y cuánto es depende de las circunstancias personales de cada uno, pero si quieres hacerlo, seguro que encontrarás la manera. Yo trato de escribir cuando puedo (casi a diario) y de aprovechar los ratos en los que hago deporte para escuchar podcast, música o conectar ideas en mi cabeza. Si se me ocurre algo interesante, tomo nota en el móvil y cuando llego a casa lo anoto en mi libreta.

Escribir a la misma hora también podría ayudaros a la hora de producir mejor. Crear una rutina con unos horarios preestablecidos te ayudará a que tu cerebro se habitúe a unas pautas que harán que tu producción mejore. El hecho de ser metódico me ha ayudado a conseguir metas que en el pasado ni habría imaginado. Los hábitos aportan confianza y constancia y, de ahí que sean fundamentales a la hora de conseguir tus propósitos. También podría ayudarte escribir siempre en el mismo lugar tranquilo en el que siempre lo haces y en el que te sientes protegido de toda distracción.

Otro detalle a tener en cuenta es ponerse un objetivo. Una buena manera de producir más a la hora de escribir es marcándose un número de palabras mínimo a la semana. Eso sí, cuando lo hagáis, sed consecuentes con el rodaje que tenéis, así como con el tiempo con el que contáis. No es lo mismo, una persona que lleva escribiendo durante un año y que dispone de dos horas diarias de lunes a domingo, que otra que comenzó la semana pasada y cuenta tan solo con cuarenta y cinco minutos. Yo, por ejemplo, me impongo el desafío de escribir quinientas palabras cada mañana, quizá no parezcan muchas a bote pronto, pero de antemano sé que si cumplo con las expectativas, acabaré el mes con unas quince mil, lo que viene a ser cuarenta y cinco mil en doce semanas, es decir, lo que vendría a ser una novela corta. Eso sí, hablamos de un borrador, a lo que habrá que sumar las posteriores correcciones pertinentes.

Otro hábito fundamental a la hora de mejorar en tu escritura sería el de la lectura. Y ahora vendría la pregunta estrella: ¿qué tipo de obras me recomiendas? Cualquiera. Hoy en día es fácil tener acceso a un libro de cualquier temática gratis. Tan solo tienes que sacarte el carnet de la biblioteca, ya hasta existe el préstamo digital por comunidades a través de una aplicación, al menos en España.

Obviamente lo mejor sería que te cultivases en el género al que te dedicas. En ese aspecto, yo soy bastante ecléctico tanto en gustos como a la hora de escribir. Cierto es que prefiero la novela negra, los thrillers, el suspense y ese tipo de temáticas, aunque prefiero escribir las historias que más me seducen independientemente de la temática y su potencial longitud. Es lo bueno que tiene que la escritura sea una afición para mí, que no tengo que verme obligado a escribir sobre un tema en concreto por obligación.

Algunos aún alegan que mientras escriben no leen porque no quieren contaminarse de ideas de otros. Yo soy de los que pensaba lo mismo, pero con el tiempo me di cuenta de que el hecho de que estuviese escribiendo una novela de ciencia ficción, no era excusa para no leerme un ensayo que me ayudase a mejorar mi escritura, por ejemplo. Lo importante es leer, aunque sea la etiqueta del champú, como se suele decir, y que cuando lo hagas, te pongas las gafas de escritor, ¿qué quiero decir con esto? Pues que al igual que desde que escribes te fijas más en los detalles que te rodean, y que antes te parecían nimios, justamente para poder narrarlos mejor en tus historias, a la hora de leer un libro debes reparar en cuestiones que antes no parecían tener importancia, como pueden ser la colocación de los guiones, las sangrías, las tildes, y otros elementos que van a ser la clave de tu futuro éxito a la hora de describir y recrear diálogos para que sean lo más orgánicos y verosímiles posibles.

Además de los beneficios de la lectura para tu cerebro y su funcionamiento, te ayudará a adquirir vocabulario y mejorar la gramática. Aprenderás casi por osmosis el modo en el que debes narrar ciertas escenas, y en el caso de que aparezca alguna que te interese, solo tendrás que enfocar tu atención en ella para sacarle el máximo partido a tu experiencia.

Y para acabar por hoy, mi última recomendación es que mientras escribas, te olvides de las redes sociales y del móvil. Es suficiente con tener abierto el diccionario, la página de sinónimos y vuestro procesador de texto. Es tu ratito, disfrútalo. ¡Y no te pongas trampas! Sé que es fácil procrastinar (me encanta esta palabra, aunque no tanto su significado), pero no puedes caer en la tentación de aplazar nuestras tareas para llevar a cabo otras más agradables, pero irrelevantes, simplemente por pereza.

¿Te imagináis jugando un partido de fútbol y el delantero del equipo contrario fuese al banquillo cada cinco minutos para ver si lo han llamado y tuviera que pararse el partido cada vez que lo hace? ¿O que fueses a nadar y vieras al del carril de al lado salirse del agua cada dos largos para comprobar si le ha llegado algún mensaje para después volverse a introducir en la piscina? Yo no lo veo, y por eso cuando me siento a escribir, intento estar con los cinco sentidos en la pantalla del ordenador.

¿Qué te han parecido estos consejos? En la próxima entrada os hablaré de la inspiración, si realmente existe, o es un fraude sobrevalorado.

ESCRITURA CREATIVA: Sobre mí y mi experiencia como escritor


Tras varios meses dándole vueltas, por fin me he decidido a abrir este blog. He investigado sobre el tema, y la premisa para hacerlo debía ser querer mostrarle al mundo tus vivencias. No me dedico a nada relacionado con la literatura y tampoco he impartido ningún taller de escritura creativa. 

Con este blog lo que pretendo a grandes rasgos es contaros mi andadura como escritor y los conocimientos que he ido adquirido a lo largo de estos años. De paso, también os daré algunos consejos que a mí me han servido para no perder el hábito de la escritura y las ganas de seguir escribiendo día a día.

Disculpadme, quizá lo primero que debí hacer fue presentarme. Mi nombre es Leonardo Jiménez, y como os podéis imaginar, la literatura es una de mis pasiones, y más concretamente la escritura. Estudié filología inglesa en la facultad de filosofía y letras de Cádiz, justamente la ciudad donde nací. Una vez acabé la carrera hice varios cursos de ofimática, creación de sitios web, diseño gráfico. Eso me ayudó a desarrollar una página de juegos de rol a nivel aficionado y en la que colaboraban varios amigos. Si queréis saber más sobre mí, podéis pinchar en la página "Este soy yo" de este mismo blog.

Llegados a este punto, viene la pregunta que nos hacemos todos los que escribimos. Y si no, siempre hay alguien que viene a hacérnosla. ¿Y tú por qué escribes? La respuesta tendría que ser clara y contundente: “Porque me gusta”. Punto pelota. Obviamente, hay muchos más motivos por los que escribir aparte de que nos complace. Algunos de ellos podrían ser la  necesidad de transmitir nuestras inquietudes, relajarnos, mostrar a la gente la manera que tenemos de ver el mundo, etcétera… Podríamos estar aquí horas dando cientos de respuestas a esa pregunta, y todas ellas serían válidas, pero seguro que la primera y primordial sería esa; “porque nos gusta y lo necesitamos”.

Como todo hobby, hay que vivirlo. Y si no, que le pregunten a Charles Bukowski, que incluso escribió un poema para dejar bien clarito su postura al respecto. Yo lo encontré en la web de narrativa breve.

En mi caso, escribir me ayuda a vaciarme. Es una actividad que me carga de positividad. Si no, ¿qué sentido tendría? Casi sería como tener otra obligación más, y de esas ya tenemos bastantes.

Eso sí, prepárate para las curvas. El camino del escritor es tan duro como gratificante. Me ha arrancado sonrisas y buenos ratos, y por qué no reconocerlo, también algunas lágrimas y decepciones. Cuando echo la mirada atrás y me doy cuenta del trayecto que llevo recorrido, me asombra el gran número de historias que me he imaginado en mi cabeza y he llevado al papel. Pero aún más las que no me he atrevido. Y es que muchas veces, los miedos nos pueden. Esos mismos que nos paralizan y que deberíamos apartar de un plumazo de nuestras vidas porque, en el fondo, podríamos hacer muchas más cosas de las que creemos, pero el miedo a ser juzgados nos bloquea de tal modo, que preferimos permanecer en nuestra área de confort. Justamente como a mí antes de lanzar esta primera entrada del blog, que he tenido que leerme un par de libros y decenas de páginas web para saber de qué iba y convencerme de que tenía algo que contar al mundo. Pero del tema del miedo ya hablaremos en su debido post.

Todos y cada uno de esos relatos de los que os hablaba que había escrito me han curtido y convertido en el escritor que soy hoy en día. Y digo escritor, porque merezco denominarme así por mucho que tenga un trabajo nutricio y me gane la vida de otro modo. En mis ratos libres escribo, madrugo para escribir, trasnocho para escribir, y también lo hago entre horas. Mientras camino hacia el trabajo, imagino historias que me gustaría plasmar en el papel y, que algún día, espero poder llevar al papel.

No cabe duda de que la profesión de escritor es admirada, y debe serlo como cualquier otra. También es una afición valorada. Mucha gente se sorprende cuando les confirmas que sí, que escribes, y que tienes varios relatos publicados en revistas y webs. Y además una novela en el mercado, que la has autopublicado, que te has encargado de hacer la maquetación, buscar a alguien que se encargase de la cubierta, la subiste a la plataforma de venta, que estás en proceso de escribir una segunda novela y que lo haces porque no quieres que tus trabajos se queden muertos de asco en el disco duro de un ordenador o en un cajón. Leído de carrerilla cansa, ¿verdad? Pues imagínate cuando te llevas meses inmerso en el proceso.

Estoy de acuerdo en eso que afirman muchos de que cualquiera puede escribir, pero con reservas. ¿Por qué matizo “con reservas”? Porque escribir es una cosa, y llegar al corazón del lector otra bien distinta. Tocar la fibra sensible de la persona que te está leyendo es una tarea difícil. Para eso hay que valer. Aunque también lo da la experiencia, gracias a ella adquieres una mejor técnica, y eso te lleva a mejorar en tu estilo, algo que justamente tan solo consigues escribiendo (y leyendo). De ahí lo importante de sentarse todos los días aunque sea un ratito a practicar. No os engañéis, al igual que los deportistas profesionales tienen que entrenar a diario para mejorar en su técnica, tú también tienes que escribir a diario para producir más y mejor.

Llegar al lector es acompañarlo al siguiente párrafo, llevarlo hasta la siguiente página, caminar a su lado hasta terminar el capítulo…y así hasta el final del libro. Conseguir que cuando lo deje sobre la mesita de noche y apague la luz, lo haga pensando en que al día siguiente va a seguir leyendo tu historia, porque se siente parte de ella. El secreto de escribir consiste en transmitirle al lector las mismas emociones que sientes cuando ejecutas esas líneas. Es la única manera de levantarte de la silla con la seguridad de que lo has dado todo en esa sesión.

Con respecto a tus lectores, te recomiendo que los escuches, que valores sus opiniones, que las sopeses, y sobre todo, que aprendas de sus críticas. Con eso no te digo que escribas lo que te pidan, o que les hagas caso en todo lo que te digan, porque eso sería un error, lo que quiero decir es que debes ser humilde y pensar que lo mismo llevan razón en sus apuntes, y si no es para esta vez, sus comentarios podrían ayudarte en el futuro. En mi caso, es algo que me ha ayudado bastante a mejorar.

A medida que pasan los años y sigues escribiendo, te darás cuenta de que cada palabra tiene un significado propio que toma una mayor relevancia cuando la plasmas sobre el papel. Podrías usar otra, pero eliges esa en concreto porque es la que más te cuadra en ese momento con lo que quieres expresar. Después cuando corriges, la cambias por otra con la intención de darle una mayor profundidad al párrafo en su conjunto. Todo para que al final te quede el resultado que más te convence. Y a medida que llevas a cabo el proceso, unas frases mueren atropelladas por tu cursor mientras otras nacen de tus dedos para sustituirlas.

Con el tiempo, otra pregunta que suelen hacernos es: Pero tú, ¿desde cuándo escribes? En mi caso, fue a los quince años cuando comencé a escribir mis propias aventuras de rol para dirigírselas a mis amigos, guiones que nos servían para imaginar escenarios y sumergirnos en fantásticas historias de piratas, pistoleros y caballeros. Fue una buena manera de curtirme en eso de crear tramas e hilvanar acontecimientos para que no quedaran fisuras en la consecución de las distintas escenas que conformaban la crónica. Ese supuso un gran entrenamiento a la hora de lanzarme a abrir un foro que nos sirvió para colgar nuestros relatos.

Por desgracia, tuve que cerrarlo cuando conseguí mi primer trabajo por falta de tiempo. El hecho de mudarme al extranjero hizo que me despegase de la escritura. Durante ese tiempo ni siquiera tuve ordenador ya que iba bastante justito de pelas. Aproveché para dedicarme a la lectura. Descubrí a autores que más tarde me marcaron como Alberto Vázquez Figueroa, Paulo Coelho, John Katzenbach, Douglas Preston, Lincoln Child, al igual que antes lo hicieron otros más clásicos como Oscar Wilde, Charlotte Brönte, George Orwell o Scott Fitzgerald entre otros.

Años más tarde, me apunté a un curso de escritura creativa presencial que me ayudó a recuperar los hábitos de escritura. Lo siguió un taller a través de internet. Eso me ayudó a mejorar bastante a coger soltura a la hora escribir y mejorar mi técnica, pero sobre todo a coger confianza en mí mismo y perder el miedo a exponerme a la crítica.

Entonces vinieron los concursos, gané alguno a nivel comarcal, y en otros al menos llegué a formar parte del podio, pero en la mayoría de los que participé, no conseguí mención alguna. Es lo que tienen los certámenes, que se presenten muchos o pocos, es complicado que tu relato sea elegido entre los mejores porque además de la calidad, también entran en juego otros muchos factores. De ahí que mi consejo sea que si te presentaste a alguno y no quedaste entre los mejores, no te calientes mucho la cabeza. Yo siempre lo he intentado en aquellos en los que estaba en juego una publicación, y lo conseguí en varias ocasiones. La primera vez fue con la editorial Diversidad Literaria. Le siguieron otras tantas, hasta que me llegó la oportunidad con la revista Vuelo de Cuervos, enfocada al terror, la ciencia ficción y la fantasía, que además de ofrecer artículos de calidad a cambio de nada (puedes descargártela gratis desde la plataforma Lektu), se preocupa de dar visibilidad a los autores noveles. Por si os apetece leerlos, podéis encontrarlos en su volumen número 3 y en los especiales Evil Children y Mitos y Leyendas. También de otros compañeros que fueron seleccionados y que seguro que escriben si no igual, mejor que yo.

Tras seguir entrenando mi pluma con otros relatos, me embarqué en la ardua tarea de escribir una novela, cuyo nombre es "Proyecto Unicornia". Tras varios meses dándole vueltas a si buscar editorial, decidí autopublicarla con Amazon KDP. Como se suele decir: “Si no confías tú mismo en tu trabajo, ¿quién va a hacerlo por ti?”

La satisfacción que sientes cuando ves el libro que has escrito entre tus manos después de tantos meses de esfuerzo es difícil de comparar con otra experiencia. Yo lo asimilo a correr un maratón, que cuando acabas el entrenamiento de varios meses y estás listo para competir, y te das cuentas de que tienes que recorrer los 42,197 metros, ya te tiemblan las piernas antes de empezar. Pues en el caso de la novela, cuando acabas de escribirla y te das cuenta de que ahora te toca revisarla, corregirla, releerla, enviarla a lectores cero, volver a corregirla, imprimirla, guardarla en un cajón, maquetarla, releerla otra vez, crear el ebook y examinar que todo cuadra donde debe, solo de pensarlo, acabas exhausto. Y ahí no acaba todo, porque si no estás ducho en el diseño, una vez sepas el número final de páginas que tiene tu novela, también te tocará buscarle una buena cubierta. A posteriori subir el libro a la plataforma o plataformas que hayas elegido y ponerle un precio. Parece complicado al principio, pero a medida que lo vas haciendo, te vas dando cuenta de que tampoco era para tanto. Mi viaje mereció la pena porque conseguí cruzarme con varias personas que me ayudaron desinteresadamente y que merecen mucho la pena.

Por supuesto, llegar hasta este punto entraña su aprendizaje. Si supierais la de horas que me he tirado caminando o corriendo oyendo podcast y sentado delante del ordenador viendo vídeos y leyendo webs, os echarías las manos a la cabeza. Para colmo, he leído que el 90% de los blogs no llegan al segundo año de vida, así que imaginaos la cara que se me quedó.

Y con esta última frase me despido, pensando en la que será la segunda entrada del blog, y en la que os daré unos cuantos consejos para escribir más y mejor.

Espero que si has llegado hasta este punto, cierres esta pestaña con la sensación de conocerme un poquito mejor, y que de algún modo, te identifiques con mi experiencia.

viernes, abril 09, 2021

ESCRITURA CREATIVA: ¿Dónde se encuentra la inspiración?

He de reconoceros que cuando decidí afrontar este tema como entrada en el blog, sentí un poco de miedo. Y justamente era porque no sabía demasiado bien cómo afrontarlo. Creía que iba a necesitar de una buena dosis de inspiración para afrontarlo, así que lo que hice fue sentarme y dejar que las palabras fuesen surgiendo solas.

La musa cuando te visita, lo hace como un sueño, dejándote la misma sensación que cuando te levantas por la mañana y sabes que si no vas al escritorio y anotas en un papel lo que acabas de soñar, se te va a olvidar en cuestión de segundos. Así que si la ves revoloteando a tu alrededor, deja que te susurre los secretos que trae consigo al oído, porque si la ignoras, se disipará como una voluta de humo en el ambiente.

Lo que me lleva a comparar la inspiración con una semilla. La simiente germina gracias a los nutrientes que les proporcionarán la tierra y el agua, al igual que la inspiración es producto de las inquietudes que acechan tu corazón. Pero es tu cerebro quien al percibir esa idea original, se encarga de alimentarla y brindarle el potencial que conseguirá convertirla en una buena historia. Al igual que ese tallo frágil, que asoma tímido de la tierra, fruto de la semilla que plantaste en tu jardín, irá creciendo cada vez más robusto hasta convertirse en un poderoso tronco, tu obra ganará en envergadura a medida que vayas suministrándole nuevas ideas. Del mismo modo que las raíces de tu árbol se irán haciendo cada vez más profundas, los protagonistas de tu obra se harán más creíbles a medida que vayas avanzando en tu libro y encadenando los acontecimientos que ocurren en él. Y de la misma manera que de las ramas de tu árbol brotarán hojas, y de ellas, flores, que darán lugar a los frutos que tanto anhelas, tus lectores se interesarán por tu trabajo y estarán esperando que les envíes tu último relato.

Un libro no se escribe en un día, ni tampoco en una semana, ni en un mes. Tendrás que trabajar muy duro y ser muy constante antes de poder poner la palabra “FIN” en la última página. Como todo en esta vida, escribir requiere de mucho esfuerzo y dedicación. Y también de paciencia, porque muchas de las tramas que crees que funcionarán, una vez que las plasmes sobre el papel harán aguas por todos lados. Aunque lo importante es que seas tú quien se dé cuenta antes de publicarla. De ahí la importancia de tener unos buenos lectores cero que te prevengan de tus errores antes de publicar.

Yo asimilo mi aprendizaje en la escritura con el que tuve en el mundo de la carrera popular. Quizá no os la haya dicho aún, pero me gusta hacer deporte, y uno de los que más practico es el running. Cuando retomé el hábito de correr, tras unos años sin hacer ejercicio, tuve que empezar caminando, para semanas más tarde alternar con la carrera. Hasta tres meses más tarde no fui capaz de correr durante treinta minutos seguidos. A partir de ahí fui ampliando cada vez más la distancia hasta llegar a correr mi primera maratón (41.197 metros) en cuestión de un par de años.

A la hora de escribir, hablamos de algo parecido. Muchos se agobian porque se sientan un día delante del ordenador y quieren escribir un superventas de quinientas páginas. Pero, las cosas no funcionan así, requieren de un entrenamiento previo. Para poder escribir un relato de cinco mil palabras, antes habrás tenido que escribir uno de mil, dos de dos mil, tres de tres mil, etcétera. Lo que hay que tener claro es que antes de escribir una novela de quinientas páginas, pues  quizá deberías haber acabado una de doscientas.

Pero no nos vayamos por las ramas y volvamos al tema principal de esta entrada. Y pasamos a otra pregunta difícil de responder: ¿Cómo funciona la inspiración? Si bien los griegos creían que las musas eran las divinidades encargadas de visitar a los mortales que las invocaban para alumbrarlos con ideas brillantes, la historia ha demostrado que detrás de toda gran obra artística, hay innumerables horas de trabajo.

Una obra literaria, como cualquier otra es un 10% inspiración y un 90% trabajo. Si no que le pregunten al gran Pablo Picasso, que acuñó la frase: “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. Y si él que era un genio, dijo eso, imagínate lo que debemos currárnoslo los que no lo somos. Porque si estás en este blog, será porque te consideras de los míos, y tienes que pasarte horas delante del papel para hacer algo que merezca la pena leer. De todas formas, no desesperes, cuanto más entrenas la labor creadora, más ideas te asaltan. O al menos, eso es lo que me pasa a mí, que a medida que voy hilvanando las ideas nuevas que se me van ocurriendo, me abordan otras que tengo que ir encajando en la historia para que no se pierdan en el olvido. La inspiración es caprichosa e incontrolable, de ahí que cuando te asalta, debas atacarla de inmediato. No puedes dejarla escapar porque ella es la chispa que va a poner en marcha el motor de la creación que habita en tu interior.

En algún momento del proceso te darás cuenta de que la inspiración es como un ave sin dueño, que llegado el momento, se marcha volando a visitar a otros autores dejándote huérfano de ideas. Cuando eso ocurra, te aconsejo que dediques tu tiempo a hacer otras cosas que te ayuden a relajarte, desconecta, camina, lee, aprovecha para pasar tiempo con amigos, acábate esa serie que tanto te gusta y que tienes aparcada hace días… Aléjate de la escritura durante unos días (o dedícate a otras tareas relacionadas con ella como corregir, revisar,… hay tantas cosas que siempre nos quedan por hacer) y verás como cuando menos te lo esperes, la verás volver por el horizonte en dirección a tu balcón. Acógela, aliméntala y continúa con tu historia.

Se pueden encontrar fuentes de inspiración en muchos sitios. Os doy algunos ejemplos que a mí me han servido para desarrollar algunas de mis historias:

Libros: Estoy seguro de que uno de tus mayores temores es escribir una obra que ya ha sido publicada. El mío también, pero aún no me ha pasado. Y debe de ser porque cada persona tiene su particular forma de ver el mundo y de abordar los temas que trata (miedo, amor, pérdida, duelo...) de una manera diferente. Y es esa la que el mundo está esperando que cuentes.

Cine y series: La visión de un simple personaje en la pantalla puede hacer que en tu cabeza se encienda una bombilla y te haga crear una historia alrededor de él. Por supuesto, no hablo de que sea ESE mismo personaje. Tú no quieres copiar, sino crear TU propio personaje con sus propios rasgos y una personalidad única, pero para ello tendrás que trabajar en él y escribir sobre qué le ha llevado a ser quién es, por qué tiene esa cicatriz en el hombro y qué motivos le llevaron a abandonar a su familia.

Conversar: Sobre todo con aquellas personas con más vivencias que tú y que consideres que puedan alumbrarte (suelen ser nuestros mayores). Y cuando digo conversar, hablo de abrir bien las orejas y escuchar, porque justamente eso es lo que hará crecer tu sabiduría.

Programas de radio / Podcasts: Soy un asiduo a la radio, sobre todo a los podcasts. Me gustan porque justamente me ayudan a formarme en muchas de las materias que me interesan y de las cuales querría escribir, pero no domino.

Documentales y Revistas especializadas: Si bien no son tanto una fuente de inspiración como de documentación, es importante si tienes la premisa para una historia y no sabes aún cómo afrontarla, que te empapes de películas y artículos relacionados con la misma. Eso podría ayudarte a encontrar la manera de hacerlo.

Cursos de escritura creativa: El tutor se encargará de estimularte para sacar lo mejor de ti proponiéndote textos que te hagan escribir sobre diferentes temas y distintos puntos de vista.

Arte: En uno de los talleres que asistí cuando retomé los hábitos de la escritura, la profesora nos instó a escribir sobre una visita que hicimos a una cueva llamada “La cova del Parpalló”. Os dejo el relato a continuación: El descubrimiento. Y en ese mismo año, también nos mostró una serie de dibujos e ilustraciones de diferentes artistas. Yo elegí uno de Miguel Ruibal, que me inspiró el siguiente relato corto: Vacío, y que casualmente, tanto tiene que ver con el tema que tratamos hoy en nuestra entrada.

Periódicos: Según la temática que manejes, los diarios también pueden ser fuente de inspiración. De hecho, una vez le oí al escritor Jordi Serra i Fabra decir en una de sus entrevistas sobre escritura creativa que muchas de sus historias estaban basadas en noticias y artículos. Si quieres verla, solo tienes que pinchar sobre el nombre del autor y te llevará al enlace en Youtube. A mí me pareció muy interesante.

Observar: Quizá no te hayas parado a pensar que estando atentos al mundo que nos rodea, podemos mejorar mucho en nuestra escritura. La mayoría de cosas que nos rodean pasan desapercibidas a nuestro alrededor, pero es tan simple como ponernos las gafas de escritor y fijarnos en el paisaje que vemos desde el autobús, en cómo se comporta la gente, la manera en la que hablan cuando están esperando su turno en la carnicería,… Eso nos ayudará a crear diálogos mucho más orgánicos y describir las acciones de nuestros personajes de una manera mucho más natural. Y es tan sencillo como ponernos nuestras gafas de escritor de vez en cuando y observar el mundo que nos rodea. Claro está, siempre de una manera disimulada, que a nadie le gusta que invadan su intimidad.

Y eso es todo por hoy. Espero que hayas disfrutado esta entrada y te haga querer leer la siguiente. Estará dedicada a cómo planificar tu jornada de escritura. Te espero la semana que viene.