lunes, septiembre 29, 2025

ENTREVISTA: «Viaje de 'cercanías' al teatro de José Moreno Arenas»

Hoy tenemos el privilegio de conversar con uno de los dramaturgos más notorios del panorama teatral contemporáneo. Granadino de nacimiento, su teatro ha sabido analizar el comportamiento humano desde todas las vertientes y dialogar con la crítica social.

Hablo de José Moreno Arenas, cuyas creaciones enlazan el teatro surrealista y esperpéntico con el más humano.

Su pluma se ha cruzado con la de autores cuya fama trasciende toda frontera intelectual e incluso popular; recientemente lo ha hecho con la de otro icono del teatro mundial, Fernando Arrabal, en un libro bilingüe (publicado en español y francés) titulado Entremeses / Impromptus, un volumen que aún sigue siendo presentado y que incluye tres piezas breves de cada uno de ellos. Por su lado, Arrabal nos presenta tres entremeses y José Moreno sus tres «impromptus», cuyos títulos son El reloj, La cabeza y El purgatorio. Las tres han sido recientemente estrenadas: la primera y la tercera, en Albolote, su pueblo natal; y la segunda, en una localidad muy querida por el dramaturgo: Chiclana de la Frontera (Cádiz).

A su ya extensa producción, se sumó su sobrecogedora obra Federico, en carne viva,
que se estrenó en el Teatro Echegaray (Málaga, 2018) y que, además, tuvo una gran acogida y éxito en su gira por los Estados Unidos, siendo programada en el Frida Kahlo Teatro (Los Ángeles, California). En ella, José nos invita a una reflexión profunda sobre el legado de Federico García Lorca cuya herida aún permanece abierta en nuestra historia más reciente.

Charlaremos también sobre el arte de lo breve, la palabra como aguijón, la memoria, el cuerpo y el tiempo.

——José, muchísimas gracias por estar hoy con nosotros.

——Es un placer atenderos y responder a todas aquellas cuestiones de mi dramaturgia que puedan interesar a los lectores teatreros.

——Comienzo por una pregunta afectiva para poder acercarnos más a tu persona: ¿Cuál fue el momento en el que supiste que el teatro sería tu forma de representar cómo percibes tú el mundo ante los demás?

——Aunque hay un momento puntual de toma de conciencia, no surge por ensalmo; existió un proceso, unos hechos cruciales, que conviene, siquiera a vuelapluma, reseñar: la afición de mi madre al teatro, determinante para esa decisión de escribir; la suscripción a la colección Teatro de la editorial Escelicer, que me permitió leer comedias y dramas sin descanso y estar pendiente de las carteleras de Madrid y Barcelona; la biblioteca del colegio, tan básica como valiosa, que hizo de mí un empedernido lector del mundo de la escena (desde los trágicos griegos hasta las vanguardias más actuales); el trato alentador de mis profesores de literatura –práctica inusual entre los docentes de la época–, que vieron con buenos ojos mis inclinaciones y apoyaron mis inicios como creador de personajes para los escenarios… Todo este «totum revolutum», a modo de caos arrabaliano, desembocó en una decisión –conflicto, por seguir con la filosofía de Arrabal– que acabó cayendo por su propia inercia.

——Echando la vista atrás y haciendo un poquito de autocrítica, ¿cómo describirías esos primeros textos que escribiste en tu juventud?

——En una palabra, bisoños. Cuando se empieza a escribir a una edad tan temprana, solo puedo repetir lo que el profesor de literatura me dijo después de leer una de mis primeras creaciones: «Moreno, usted apunta alto». Pues eso: tenía hechuras, maneras; pero aún era pronto, demasiado pronto. El problema es que esos esbozos tuvieron buena acogida en el ámbito estudiantil, lo que propició que quedaran definitivamente unidos a mi nombre. Confieso que, dada su bisoñez, con el paso del tiempo me ha provocado no pocos dolores de cabeza. Fue el magnífico dramaturgo Jaime Salom, durante un encuentro en Málaga, quien me dijo que la larga carrera de un creador era comparable a una escalera, y que era imposible llegar a la parte más alta sin pasar por los primeros peldaños. Sabias palabras, que me hicieron reflexionar: desde la adolescencia hasta la madurez, haciendo escala en las etapas intermedias, la vida es un continuo aprendizaje.

Portada del libro de actas del Seminario Vanguardia, confusión y caos 

——La brevedad para ti, además de economía, es filo. ¿Cómo llegaste a esa conciencia de que lo breve, a veces podía contener un mensaje más profundo que lo extenso, si sabía tratarse de la manera más adecuada?

——Antes que nada, me apresuro a decir que mi apuesta por el teatro breve y, sobre todo, por el mínimo, siempre me la he planteado como un reto personal, pues, de acuerdo con mi colega valenciano Eduardo Quiles, la brevedad no solo es cuestión de folios; también depende de la capacidad de síntesis del creador. Dicho esto, mi dedicación al teatro breve se debe a dos razones: la primera, a la lectura del gran ramillete de entremeses de nuestro irrepetible Siglo de Oro. Al decir ramillete, es obvio que no me estoy refiriendo solo a Cervantes; hay una nómina de dramaturgos, maestros todos ellos del entremés, de la dramaturgia breve, que deberían conocer quienes se consideren amantes de la buena literatura: Lope de Rueda, Juan de Timoneda, Quiñones de Benavente, Salas Barbadillo y un largo etcétera, en el que no falta el ingenio de Quevedo. La segunda, a Antonio Martínez Ballesteros. He contado en innumerables ocasiones que mi asistencia con dieciséis años, en el Teatro Asuán (Jaén), a La muy legal esclavitud, fue decisiva para mi dedicación preferente al teatro breve. Desde un primer momento tuve claro que con lo breve se llegaba más directamente al espectador. No quiero entrar en detalles porque sería prolijo. Si acaso, hacer mención a un comentario de John P. Gabriele, uno de los grandes hispanistas norteamericanos, estudioso de mis «pulgas dramáticas», de las que llegó a decir que eran flashes dramáticos con los que logro revolver la conciencia del público.

——Recientemente has compartido publicación con Fernando Arrabal. Entiendo que para escribir una obra conjunta hay que tener una gran afinidad con la otra persona. ¿Me hablarías de la relación que os une?

——Una ligera salvedad: no se trata de una obra conjunta, sino de un volumen que contiene textos suyos y míos. Dicho esto, está claro que tanto para lo uno como para lo otro, ha de haber una mínima afinidad, un nada desdeñable grado de empatía personal y proximidad creativa. Está claro que ambas dramaturgias siguen caminos distintos; no obstante, hay un momento en que confluyen. Un segmento de mi producción conecta con Ionesco y Beckett, lo cual me acerca –así lo reconocen reputados analistas– a Arrabal. Tan es así que, en noviembre de 2022, convocado por la Universidad de Granada y el Ayuntamiento de Albolote, y organizado por Karma Teatro, se celebró el seminario «Vanguardia, confusión y caos en Fernando Arrabal y José Moreno Arenas», al que acudieron expertos de las dos dramaturgias. Ahí se forjó la excelente relación entre ambos.

——El libro Entremeses/Impromptus contiene tres textos inéditos tuyos: El reloj, La cabeza, El purgatorio… y otros tres de Fernando. ¿Qué criterio seguiste para seleccionar estas tres piezas como parte de esta edición bilingüe y no otras?

Portada de Entremeses / Impromptus
——Libros del Innombrable, la editorial zaragozana responsable de la publicación, encargó a Fernando Arrabal tres nuevas piezas teatrales para su edición junto a otras tres mías. Tanto El reloj como La cabeza gozan, en palabras de los entendidos, de perfiles de corte surrealista, en los que puede advertirse desde la mirada audaz e irracional de Miguel Mihura hasta la sarcástica y escéptica de Jorge Díaz, e incluso la ácida e irreverente de Dario Fo. Permítaseme un paréntesis, ya que, llegados hasta aquí, no puedo ni debo olvidarme de Francisco Nieva, a quien dedico La cabeza, y para quien el teatro «es una ceremonia ilegal, un crimen gustoso e impune», como su Es bueno no tener cabeza, contradictoria –solo en apariencia– por irracional y liberadora. Cierro paréntesis y sigo… Antes de apostar por la escritura de El purgatorio, esperé a saber con qué textos nos deleitaría Arrabal. Tras conocerlos, supuse que un encuentro entre Shakespeare y Marlowe a propósito de la autoría de algún texto atribuido al primero a través de los siglos, y hoy de dudosa paternidad debido al criterio de no pocos entendidos, apoyados en la «infalible» inteligencia artificial –suero de la verdad de la más rabiosa actualidad–, daría cumplido juego con dos de las tres obras ofrecidas por Arrabal, en las que nos hace disfrutar con encuentros de personajes históricos: Cervantes con Feliciano de Silva; y El Greco con el Inquisidor general de turno.

——¿Cómo ha sido la experiencia de ver representadas estas obras tan recientes en los escenarios españoles, y qué sentiste el día del estreno de La cabeza en Chiclana de la Frontera?

——Siempre que asisto al estreno de una de mis obras me acompaña ese cosquilleo del que hablamos todos los dramaturgos, actores, directores... Cierto que a estas alturas de la vida –somos animales de costumbres–, con menos intensidad. Quizá porque la madurez nos proporciona ánimo sereno –no confundir con indiferencia– y una pizca de distancia –no equivocar con despreocupación–. Dicho esto, un estreno es siempre un estreno; y al estado personal de cada momento se unen otros condicionantes: lugar, asistencia, recepción... Una de las mayores inquietudes de antaño –la crítica– ya no me quita el sueño; posiblemente porque hay una opinión generalizada de mi dramaturgia. Albolote, donde nací, resido y «vivo», siempre me inyecta un plus de adrenalina; en sus calles y plazas me tropiezo a diario con amigos de la infancia, familiares, simples conocidos y fieles seguidores de mis creaciones. Chiclana es como mi segunda casa; mi teatro es siempre recibido junto a Sancti Petri con los brazos abiertos.

Estreno de El purgatorio en el Auditorio (Albolote, Granada, 2025)

——Cuando escribes, ¿piensas más en la palabra que se lee o en la palabra que se dice en escena?

——En ambas. Mientras no está sobre el escenario, el texto teatral es texto literario. Con esta premisa, el autor ha de ser respetuoso tanto con el espectador como con el lector. Tanto a uno como a otro ha de procurar que llegue, ha de saber transmitirlo.

Federico, en carne viva es un título que llega a lo más profundo de quien lo lee. ¿Qué motivación te impulsó a elegirlo para tu obra?

——Soy políticamente incorrecto. No sé si por naturaleza; pero la rebeldía forma parte de mi personalidad, de mi auténtico yo. Tengo criterio propio, al que he llegado y sigo llegando a través del estudio, de la investigación. Siempre he pensado que el Federico que se nos ha enseñado no se ajusta al real; se nos ha transmitido un Federico creado por una sociedad ávida de personajes legendarios, afines a sueños de todo tipo y condición: el Federico-mito. Como en cierta ocasión me dijo Alfonso «Tomatés», un sencillo labriego de Valderrubio que llegó a conocer al poeta-dramaturgo de la Vega de Granada, «Federico ha tenido muchos “barniceros”. Hora va siendo de despojarlo de ese barniz para conocer al verdadero Federico»; y añado yo: al Federico-hombre, desnudo, en carne viva.

Portada de Federico, en carne viva
——Dicha obra ha sido representada en España y en Estados Unidos. ¿Cómo varía la reacción del público en cada contexto?

——«La importancia de la recepción del público», uno de los temas clave que traté con Susana Báez Ayala, profesora mexicana de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, durante el tiempo que dedicó a realizar la tesis doctoral sobre mi dramaturgia. Es evidente que no todos los públicos recepcionan de igual manera una obra dramática. Depende de muchos factores: cultura del país, sensibilidad por determinadas formas teatrales, formación, educación, etc. Está claro que la calidad literaria de la obra es intrínseca y, por tanto, universal para los ojos de todos los espectadores; sin embargo, cuando el protagonista de la obra es un personaje histórico, lleva un plus biográfico, que puede ser aceptado o rechazado por el público, según el conocimiento que se tenga del mismo. En atmósferas como la de Granada, lugar de nacimiento de Lorca, existe un problema añadido: no todos los granadinos están de acuerdo con el tratamiento dado a diversos aspectos de la vida y obra de Federico, que, como aseguraba el mencionado Alfonso «Tomatés», había pasado por muchos filtros ajenos a su propia existencia: estéticos, ideológicos, biográficos… Federico, en carne viva, historia de un acercamiento al ser humano que habitó en Federico, ha recibido los aplausos del público en todos los teatros visitados: desde el estreno mundial en el Echegaray (Málaga, 2018) hasta el estreno americano en el Frida Kahlo (Los Ángeles, California, 2018), pasando, entre otros, por la Sala Távora (Sevilla) y el Corral del Carbón (Granada).

Confieso que esperaba en Granada una reacción de rechazo más importante. Era más que previsible. No ha sido así porque, en cierta medida, el amor a Federico García Lorca de buena parte de sus paisanos (los conformes con el barniz) es más pasional y, por tanto, más cercano a lo irracional, que fruto del conocimiento de su obra, de su verdad, plasmada por el propio Federico en las cartas, en las conferencias, en las entrevistas que concedió…

——¿Podría decirse que hay algo universal en García Lorca y su obra?

——Sin lugar a dudas. Cervantes y Lorca comparten el honor de ser los autores españoles más traducidos y, por tanto, más conocidos y leídos en todo el planeta. Su poesía es ofrecida de continuo por las editoriales más emblemáticas de los cinco continentes y su teatro adorna constantemente las luces de neón de los grandes teatros del mundo. 

——En la obra aparece, como un susurro que va cobrando cada vez más cuerpo, Juan
Ramírez de Lucas, el rubio de Albacete. ¿Qué lugar ocupa esta figura en la vida de García Lorca y qué representa para ti?

——Federico García Lorca es como un recinto arqueológico, palabras que pronuncié durante mi estancia en El Cairo a propósito de mi intervención en su Feria del Libro y en varias universidades (2018) y que Khaled Salem, estudioso y traductor de mi teatro al árabe, rememora en la edición de Federico, en carne viva (Diputación de Granada, 2022). Federico conoce a Juan Ramírez de Lucas, el rubio de Albacete, gracias a su amiga Pura Ucelay, directora y empresaria teatral, que los presentó en el Club Anfistora (1934). El romance dedicado por Federico a Juan y la carta que le envía el 18 de julio de 1936 dejan al descubierto la relación amorosa del poeta-dramaturgo de la Vega de Granada con el joven manchego, cuya minoría de edad es el motivo de la negativa de Federico a abandonar España, a pesar de las invitaciones de varios gobiernos del otro lado del charco, e incluso una de su amiga Margarita Xirgu, que le ofreció su apartamento de México. Juan se convierte así –por supuesto, de manera indirecta e involuntaria– en la causa de la muerte de Lorca. Tal es el lugar que ocupa en la vida de Federico: transcendental. En Federico, en carne viva, Juan, siendo un personaje ausente –como Pepe el Romano en La casa de Bernarda Alba–, impregna con su «presencia» la obra, de principio a fin.


Puesta en escena de Federico, en carne viva en el Corral del Carbón (Granada, 2023)

——Yo, que he tenido la oportunidad de leer varias obras de Federico García Lorca, y que quedé impactado por algunas de ellas como Yerma, Bodas de sangre o La casa de Bernarda Alba, definiría su obra como desgarradora, por el tratamiento que tiene de ciertos temas como el deseo reprimido, la opresión social o incluso, la muerte. Con una lucha incesante contra un destino inevitable, ese dolor contenido y esas emociones llevadas al límite. ¿Cómo describirías tú su obra?

——En pocas líneas acabas de hacer una descripción acertada de las tragedias rurales de ambiente andaluz (casi exclusivamente granadino); a estas obras, de incontestable aceptación popular, habría que añadir títulos como el de Doña Rosita la soltera, Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín y un largo etcétera de dramas y comedias. Pero es que, además, el paisaje dramático de Lorca no se debe solo a las musas que habitan en la vega que da luz y colorido a Valderrubio –la Asquerosa de las haciendas agrícolas de don Federico, su padre–; musas de atmósfera surrealista le inspiraron textos que, adelantándose en el tiempo a Beckett, no constituyen, sin embargo, el referente europeo porque los entendidos, más preocupados por extender el mito, escoraron el interés de su producción –poesía aparte– solo hacia las tragedias rurales que acabas de mencionar. Aquellas comedias imposibles que comentara a Felipe Morales, como El público y Así que pasen cinco años, y aquel otro teatro breve, como El paseo de Buster Keaton, o mínimo, como los diálogos –Diálogo mudo de los cartujos o Diálogo de los dos caracoles–, a pesar de ser obras maestras del surrealismo, están aún hoy en un segundo plano respecto de las del «paisaje lorquiano» gracias a la deriva sectaria de los mitómanos y al «ojo bizco» de unos analistas solo interesados –de momento, dejémoslo es eso– en lo que vendía. Conviene que se sepa qué mensaje dejaba Federico en esa entrevista de Felipe Morales: «En estas comedias imposibles está mi verdadero propósito. Pero para demostrar una personalidad y tener derecho al respeto he dado otras cosas». ¡Tremendo testimonio! ¿Por qué se manipulan voluntades, se tergiversan comentarios, se falsean declaraciones…? ¿Por qué cuesta tanto reflexionar y respetar…?

——¿Qué semejanzas y diferencias ves entre tu obra teatral y la de García Lorca?

——Preguntado Federico por sus poéticas, contestó que «podría hablar de ellas si no cambiara de opinión cada cinco minutos», tras lo cual enfatizó: «Quemaré el Partenón por la noche, para empezar a levantarlo por la mañana y no terminarlo nunca». Cita cultural al margen, interrogante y respuesta encierran no escasa complejidad, pues ambas producciones tienen más de una poética teatral. A lo largo de la entrevista se ha ido hablando de las de Federico: una, en la que podíamos incluir el teatro comercial, el teatro poético, compuesto por las tragedias, los dramas y las farsas (dependiendo del estudioso al que nos acerquemos, nombres y clasificación varían); y otra, la surrealista. En cuanto a la mía: uno, el teatro indigesto, que incluye las «pulgas dramáticas» y el teatro de trazo surrealista, y otro, el que se inicia con El inframundo y Federico, en carne viva, y que tiene continuidad, de momento, con la trilogía …Y Dios bajó de la nube (El silencio, El olvido y La soledad). El primero –según Méndez Moya–, integrado en la alegoría irónica, alejado de todo realismo, con un humor desgarrado y sin concesiones; el segundo, en palabras del director de escena Miguel Cegarra, de lenguaje poético (aunque, según confiesa el propio Cegarra, entre líneas sigue viendo en Federico, en carne viva amagos indigestos).

Estreno de Federico, en carne viva en el Teatro Echegaray (Málaga, 2018)

——¿Crees que el teatro tiene una función de justicia poética?

——Cada dramaturgo tiene su propia teoría acerca de la función del teatro. Hay tantas posturas como autores. Yo he tenido la suerte de tenerlo claro desde el principio. He mencionado a Antonio Martínez Ballesteros, maestro y amigo, que perteneció a la «Nueva ola dramática española» promocionada en los años sesenta del pasado siglo por el investigador norteamericano George E. Wellwarth. Pues bien; la máxima sobre la que este cimentó sus estudios fue: «La función del teatro es estimular al pensamiento, no inculcar soluciones dogmáticas». Ni que decir tiene que la hice mía de inmediato; ha presidido desde siempre todos los folios y cuartillas que he emborronado. Mi dramaturgia, amante de los finales abiertos, está a años luz de posturas maniqueas. El público, que es soberano e inteligente, se merece un respeto. Sin pestañear, un no rotundo a cualquier atisbo de justicia poética en el teatro.

——¿Hay algún tipo de intención reparadora en tu forma de escribir?

——Si de intención hablamos, no. La sentencia de Wellwarth no necesita explicación alguna; su enunciado es muy claro. Estimular la imaginación del espectador y abstenerse de inculcar soluciones dogmáticas lleva implícito el reconocimiento de plena libertad para el espectador. Ello no es óbice para que en mi condición de dramaturgo adopte una postura inconformista y, haciendo uso de la provocación, deje al descubierto las miserias de la sociedad que nos da cobijo y desenmascare a sus causantes. El público tiene la última palabra. Llegados a este punto, no me resisto a traer a colación a Federico García Lorca, que exhortaba a los espectadores a tener propio criterio, lo que evitaría que otros decidieran por ellos. Aunque expresadas con distintos vocablos, las intenciones de Wellwarth y de Lorca tenían una base idéntica: la educación y la libertad del público.

Portada de Teatro indigesto
    ——¿Qué tiene de «indigesto» tu teatro?

  ——Hay una tendencia generalizada entre los dramaturgos a     bautizar la propia creación: teatro del compromiso, de la crueldad,   de protesta, difícil, antropofágico, caníbal, etc. En 1998 apareció   Teatro difícil… de digerir, una colección de textos dramáticos que   seguía la estela de aquel Teatro difícil de los años setenta, llamado   así por las dificultades en llegar a los escenarios comerciales. El   remate «de digerir» constituyó toda una intención de declaraciones   que Adelardo Méndez Moya, uno de los grandes estudiosos de mi   teatro, en el prólogo a mi siguiente publicación, Teatro indigesto   (2000), definió como «difícil de aceptar por una mentalidad cultivada   y acorde con lo tradicional y lo convencional». En respuestas   anteriores he dejado entrever cuál es la poética de mi teatro, que es   tanto como decir la poética de la dramaturgia indigesta. La concibo   como «una bacanal del inconformismo, la provocación y el   desenmascaramiento; como una orgía que, valiéndose de la lógica   ingenua, estimula la imaginación del espectador».


——¿Consideras esa molestia que provocas en el público una forma del arte?

——Como es fácil suponer, molestar al público por el simple hecho de molestar al público dista mucho de ser arte; otra cosa distinta es cómo se consigue. Si el instrumento es el uso de los recursos literarios, podría serlo. Una poesía, un relato, una pieza teatral… podría causar molestias al público y, no obstante, constituir una obra de arte. Es el caso del «teatro indigesto»: los textos amparados bajo ese calificativo son literarios y responden, por tanto, a las exigencias de lo artístico, causando, a un tiempo, –nos lo recuerda Méndez Moya– molestias a los amigos de lo convencional. José Ruibal, uno de los dramaturgos de la ya citada «Nueva ola dramática española», invitaba a escribir contra el público, es decir, contra la rutina y la pereza mental de su tiempo. Era consciente el gallego de que dicha actitud, de gran valor ético, suele acarrear dificultades al autor dramático, ya que la posibilidad de que el público muestre su malestar y rechace la obra es alta. ¿Es arte que el dramaturgo, después de meter el dedo en el ojo del espectador, consiga que este brinde su aplauso a la caída del telón? ¿La habilidad como costura literaria es arte? No me cabe la más mínima duda: sí.

——Tus «pulgas dramáticas» han sido una aportación originalísima al panorama teatral actual. Explícanos la razón de ese concepto y qué te permite este formato que otros no.

——Toda «pulga dramática» es teatro mínimo, pero todo teatro mínimo no es «pulga dramática». Esta nace como una exigencia creativa, como –ya se ha dicho– un reto personal. Es como el circense «más difícil todavía». Es un desafío al dios que llevamos dentro (creatividad), un pulso a la musa que nos asiste (inspiración), un cuerpo a cuerpo con el hombre que habita en nosotros (limitación). En definitiva, todo ello no es sino poner a prueba nuestra capacidad de síntesis, es decir, dramatizar una historia en un par de páginas o, incluso, en una acotación de tan solo diez líneas. Como todo lo original, como todo lo novedoso, como toda ruptura, como todo atrevimiento… es objeto de controversia.

Portada de  Pulgas dramáticas
Portada de Dramatic Snippets


——¿Cómo definirías la «pulga dramática»?

——La acuñación del término «pulga dramática» se debe al estudioso y dramaturgo Adelardo Méndez Moya, que tras definirla como un «género sintético que reúne unas características propias, no cerradas», señala los rasgos esenciales comunes a la pulga animal y a la pulga teatral: «pequeñez de tamaño, brevedad de extensión; ambas ‘saltan’, o pueden hacerlo, en la mente del receptor; son molestas, si no dolorosas, por sus mordeduras o picotazos a determinadas mentalidades y posturas vitales; por lo general, suelen ser graciosas. La palabra, su fonética lo es, y el ser al que define, también...». Los demás investigadores, más que definirlas, apuestan por desarrollar aspectos de las mismas. Es el caso de John P. Gabriele, quien, al hilo de lo que estamos hablando, asegura que «desafían y rechazan el sistema teatral convencional y las reglas que gobiernan el diálogo, el personaje y la estructura dramática»; y apostilla que, aunque como dramaturgo me niego a crear textos convencionales, respeto, no obstante, «los elementos esenciales que caracterizan todo texto dramático: el suspenso, la anticipación, la ansiedad y la catarsis». Con esta reflexión Gabriele hace pública demostración del gran calado de su estudio, ya que, de un lado, deja bien a las claras mi inquietud e interés por la innovación de las formas teatrales; y, de otro, observo en mis pulgas dramáticas todos aquellos elementos necesarios para que el texto sea considerado texto teatral.

——En cuanto a las controversias o debates originados por tus «pulgas dramáticas», ¿qué puedes contarnos?

——Siempre se crea debate cuando alguna obra, estudio, concepto, etc., transciende. Uno de ellos se inició a raíz de un comentario del excelente dramaturgo y estudioso Jerónimo López Mozo, que puso en duda la consideración de texto teatral para las «pulgas dramáticas», entre otras razones, por su exigua extensión. Como digo, esta declaración generó una controversia –publicidad gratuita, que hizo crecer la popularidad de las «pulgas dramáticas»–, ya que el propio Gabriele, buen amigo de López Mozo, «respondió» a través de un artículo publicado en la revista La Ratonera (2009): «A pesar de su brevedad textual, las ‘pulgas dramáticas’ captan la simbiosis entre realidad y ficción, entre vida y arte, entre verdad y mentira. Hay planteamiento de conflicto, nudo, desenlace, verosimilitud, catarsis, causalidad, causa y efecto, etc.», conclusiones que remachó con una sentencia inapelable: «Pero son teatro». Ha habido más debates. Es significativa la postura del propio Gabriele, que considera «pulgas dramáticas» tanto los textos dialogados/monologados como los gestuales; no así Adelardo Méndez Moya, que reserva tal criterio solo para las primeras, pues «la realidad ficcional de la pulga nos viene dada por la interacción o discurso hablado de los personajes; y ahonda más en su juicio: «La pulga no propone, sentencia (…) la expresión corporal carece de la acidez y de la firmeza necesarias. No es lo mismo afirmar con rotundidad que insinuar».

Estreno de La cabeza, en el Teatro Moderno (Chiclana de la Frontera, Cádiz, 2025)

——¿Qué lugar ocupa en tu obra el humor? ¿Y en tu vida?

——Tengo noticias de que Adelardo Méndez Moya está inmerso en estos días en un estudio acerca de mis «tragedias humorísticas». Dice la Real Academia Española que el oxímoron es «una figura literaria que une dos términos contradictorios para crear un nuevo significado». Nada que objetar. Ahora bien; movido por la reflexión, añadiría que la vida es contradictoria, que el ser humano es «duda permanente»; y que una pizca de sal es capaz de cambiar el sabor de las cosas, de la misma manera que la ironía, esparcida sobre el momento dramático, es capaz de transmutar la tristeza y el dolor en risa –mejor, sonrisa– soterrada. La mayoría de las veces –por no decir todas– conviene que sean los estudiosos quienes se pronuncien acerca de cualquier cuestión teatrera. Muchos de ellos han dejado su huella en relación con el humor en mi dramaturgia. Me vienen ahora a la memoria las palabras que el catedrático Antonio Sánchez Trigueros, gran conocedor de mi teatro, dedicó al respecto en su trabajo «El teatro de José Moreno Arenas, humor inteligente», reflexión de la que, por supuesto, me enorgullezco: «Su teatro posee el humor corrosivo del Aristófanes más sarcástico». En mi vida, el humor está siempre presente, aunque el color varía según la compañía, el momento, la situación: en familia, siempre blanco; según el grado de relación, negro, amarillo, rosa o combinación arcoíris; en el trabajo, gris perla, gris marengo, gris… serio.

——¿El absurdo en tu obra nace como un recurso narrativo, como una crítica social o como su forma particular de ver el mundo?

——Vivimos bajo el paraguas de una sociedad absurda, nos movemos en un mundo de relaciones absurdas. No importa la justicia, sino que funcione el estado de derecho, que se aplique la ley, sea o no justa. La verdad no cotiza; gobiernan las apariencias. No buscamos la integridad ni condenamos al corrupto, ensalzamos la pillería y aplaudimos al pícaro. Felizmente atrapados en el Callejón del Gato, hemos hecho de la frivolidad la razón de ser de nuestra existencia cuando nos reconocemos al miramos en los espejos. Asomado al privilegiado balcón de mi despacho, soy crítico con lo que veo; y recurro al absurdo porque lo absurdo es lo que me confunde. Creo en lo que escribo porque… «Credo quia absurdum»; o, como nos ha enseñado Arrabal, «credo quia confusum».

Fernando Arrabal y José Moreno Arenas (Marbella, 2023)

——¿Has experimentado algún cambio en ese impulso de escribir que tenías al comienzo de tu carrera literaria y el momento actual?

——Escribir, en general, es para mí una necesidad vital; una función más, como respirar o comer. Escribir teatro, en particular, implica además un compromiso, ya que es el instrumento escogido para desarrollar mi poética, que, como ya he dicho, supone el desenmascaramiento a través de la provocación, como consecuencia de mi espíritu inconformista. En función del momento y de los temas tratados, en todo caso sin salirme de las líneas «indigestas», me he sumergido en el surrealismo beckettiano, en la prosa poética lorquiana o en el absurdo de Jorge Díaz o Fernando Arrabal; además de acercamientos más o menos próximos al esperpento valleinclanesco, al disparate de los dramaturgos de la otra generación del 27, al teatro de protesta y paradoja de los protegidos por Wellwarth, etc.

——¿Algún proyecto literario en el que estés trabajando en la actualidad y del que puedas hablarnos?

——Dicen los supersticiosos de la escena que no es bueno adelantar noticias acerca de proyectos, pues se corre el riesgo de que no salgan adelante. Siempre hay proyectos; ahora, más que nunca; y algunos de ellos, de envergadura. Me permito comentarte que estoy trabajando en una nueva obra sobre Lorca, segunda parte de una trilogía que ya se inició con Federico, en carne viva. Puedo confirmarte que, con el trasfondo del resultado de las últimas investigaciones acerca del universo lorquiano, el eje sobre el que gravitarán las tres obras será Juan Ramírez de Lucas, el rubio de Albacete.

——Si tuvieras la oportunidad de volver atrás en el tiempo, hasta el día en el que publicaste tu primer manuscrito. ¿Qué le dirías a ese José que comenzaba a dar sus primeros pasos en el teatro?

——Decía mi padre que, en función de las circunstancias, la experiencia podría ser espejo cóncavo o convexo en el futuro. Dicho en el argot popular, no sé si serviría de algo, ya que nadie escarmienta en cabeza ajena. Pero, ya que me otorgas este privilegio, le aconsejaría que siguiera por el camino emprendido y que no anduviera en hora tan temprana por el alambre de las publicaciones, que no se apresurara a dar vida a unos personajes sobre el escenario; que permitiera que esos personajes madurasen a la par que lo hiciese él como persona; y que sea constante, pues todo llega.

José, gracias por este viaje entre palabras, entre obras y entre nombres propios. Pero sobre todo gracias por tu lado humano. Por esa cercanía, esa amabilidad y esa humildad que me has demostrado durante el tiempo que hemos estado preparando esta entrevista. Es un honor increíble poder contar contigo entre nuestros colaboradores e invitados en esta experiencia que compartimos desde la escritura y el diálogo. 


domingo, septiembre 28, 2025

RESEÑA: «Yo, Monstruos» de Santiago Expósito Amaro

Título: Yo, monstruos

Autor: Santiago Expósito Amaro


Editorial: Olé Libros

 

Año de edición: 2025

 

Número de páginas: 78

 

Sinopsis:

 

El autor, a través de tres mitos, ha mirado a los monstruos de frente, ha preferido conversar con ellos en vez de mirar para otro lado. Y nos ha traído de vuelta una visión diferente, renovada, para contarnos lo que no pudieron decir o lo que no quisimos oír.

Paséate por estas tres narraciones en verso, ven a los infiernos y regresa luego arriba, a la luz, con lo que quieras llevarte de estas historias.

Los monstruos son reales, y los fantasmas también:
viven dentro de nosotros y, a veces, ellos ganan.

STEPHEN KING

El poemario Yo, monstruos es el título 241 de la Colección Ites de poesía de Olé Libros.

Mi opinión:

 

Yo, monstruos es una obra que se sitúa en los límites entre la poesía y la prosa, un libro que se lee con la cadencia de los versos y el pulso narrativo de la prosa poética. Santiago Expósito Amaro construye un universo donde los monstruos no son ajenos, sino reflejos íntimos, símbolos de lo humano y lo oscuro que late en el interior de cada uno de nosotros.


El libro se abre con un prólogo emotivo y revelador de A. Jessica Herrera, que señala con lucidez el hecho de que todos albergamos un monstruo en nuestro interior, uno que solo puede ser comprendido si lo miramos a los ojos de frente, si descendemos a los propios infiernos para regresar —si acaso se logra— con la certeza de que también lo oscuro forma parte de la condición humana. Un prólogo que marca el tono de la obra que leeremos a continuación y que supone, al mismo tiempo, un exorcismo y una confesión.


La obra se articula en tres relatos, cada uno con una voz y una carga simbólica propias:


En «Yo, Asterión», Expósito reinterpreta el mito del Minotauro, encerrado en su laberinto y condenado a alimentarse de jóvenes entregados en sacrificio. Con un lenguaje directo y punzante, como los acordes de Kirk Hammett (guitarrista de Metallica), uno de los grupos referentes de Santiago y que aparece mencionado en el libro como otras tantas bandas históricas. 


El autor nos arrastra a un recorrido metaliterario donde se entrelazan mitología, música y esa pasión vital que caracteriza su persona. 


El resultado es un relato poderoso, con un final demoledor, que permanece en la memoria como una herida abierta.


La segunda composición, «Yo, Marilyn», se adentra en el mito de Norma Jeane Mortenson, la actriz californiana cuya vida y muerte fueron tan deslumbrantes como trágicas. Expósito nos muestra a Marilyn no como icono superficial, sino como una mujer inteligente, frágil y víctima de abusos en silencio. 


La compara con Hathor-Sekhmet, diosa leona de doble rostro —amorosa y destructora—, y la hermana con Augea, la prostituta sagrada de Afrodita. Con estas imágenes mitológicas, el autor resucita a Marilyn para otorgarle la justicia que en vida le fue negada, enfrentando a sus verdugos desde la eternidad. El dolor, la desesperación y la muerte se convierten en ejes de la materia poética que Expósito moldea entre sus dedos, lanzando un canto de denuncia y venganza en forma de versos.

Por último nos presenta «Yo, ánima», donde eleva la escritura hacia lo existencial y metafísico en un relato íntimo y filosófico, en el que el monstruo ya no es un personaje mitológico ni histórico, sino la esencia misma del ser que deambula por un mundo-tumba, enfrentado a su soledad, su destino y su inevitable final. 

Santiago convoca en este relato la mitología egipcia usando un símbolo tan poderoso como es la balanza de Maat, donde pesa el corazón de la victima frente a la pluma, para recordarnos que el verdadero juicio no es externo, sino interno, donde el oculto secreto que nos martiriza, radica en aceptarse a uno mismo sin máscaras, sin artificios, ante la certeza de la muerte. 

Yo, monstruos es, en suma, un libro que recorre mitologías, personajes y símbolos para hablarnos de nosotros mismos, de nuestros temores, de esas emociones que ocultamos para no sentirnos vulnerables ante los demas.

Una obra intensa, inmensa y valiente, donde la razón y la emoción conviven en equilibrio, y en la que el autor despliega sus artes literarias a través de un lenguaje cargado de lirismo y fuerza. 

Santiago Expósito Amaro nos invita a través de sus páginas a enfrentarnos a nosotros mismos, a los monstruos que nos habitan, a reconocerlos y, si es posible, a reconciliarnos con ellos. Porque como nos recuerda Herrera en su prólogo: «Solo si se baja a los infiernos, se puede volver a la superficie».



sábado, septiembre 27, 2025

RESEÑA: "El balcón del horizonte" de Francisco Gabriel Jácome (Kiko Jácome)

Título: El balcón del horizonte

Autor: Francisco Gabriel Jácome (Kiko Jácome)

 

Año de edición: 2024

 

Número de páginas: 528

 

Sinopsis:


Entre la devoción a la Virgen del Carmen, el instinto de supervivencia de la clase obrera y la sed de venganza, se desarrolla la historia de una familia marinera que, tras la muerte del padre, queda atrapada en un torbellino de deudas y conflictos. Amor, traición, narcotráfico, corrupción y el honor personal se entrelazan en esta trepidante novela donde el mar dicta el ritmo de la vida. Un relato conmovedor de lucha y supervivencia que refleja fielmente el ambiente y la sociedad de la costera ciudad del Puerto de Santa María a finales de los años 70.
 

Mi opinión:

 

El balcón del horizonte es una novela que puede leerse como un testimonio costumbrista, un espejo vivo de la sociedad en una comunidad marinera donde cada personaje parece rescatado de la tradición oral que alimenta la memoria colectiva. El Gordo, El Bullita, El Chepa, El Picoco… apodos que evocan la esencia del barrio, con sus luces y sombras, con esos gestos y expresiones que aún resuenan en las calles de El Puerto: «No hay de qué, chiquilla», «No ni na». Entre todos ellos sobresale Legrá, compañero noble y entrañable, que se gana pronto el afecto del lector al encarnar la lealtad y la humanidad en medio de un entorno marcado por la dureza y la incertidumbre.

Jácome convierte a El Puerto en mucho más que un simple escenario: lo vuelve un personaje vivo, con sus enclaves emblemáticos que anclan la narración en una geografía real y reconocible, la del día a día de la localidad que le vio crecer. El Camino del Águila, la Plaza de España o el bar Los Pepes —escenario también de la presentación de la obra— refuerzan esa sensación de autenticidad, otro de los grandes reclamos del libro. Porque más allá de su valor literario, «El balcón del horizonte» brilla por su hondura humana: dignifica a la gente sencilla y da voz a quienes viven de oficios duros como la pesca, un de esos trabajos que forjan carácter y que pocas veces encuentran un espacio en la literatura, pero a los que Kiko ha sabido rendir homenaje con sus letras. El autor nos da lo que promete en su sinopsis: Amor, traición, narcotráfico, corrupción y el honor personal se entrelazan en esta trepidante novela donde el mar dicta el ritmo de la vida. 

Con un lenguaje cercano, fresco y auténtico, Jácome ofrece un relato conmovedor de lucha, supervivencia y dignidad que huele a mar, a sal y a las calles de un barrio que permanece en la memoria del lector.

La fuerza de esta obra no puede comprenderse sin la vida de su autor. Francisco Gabriel Jácome Jiménez, “Kiko”, impregna cada página con su sabiduría y su experiencia vital, dejando en El balcón del horizonte una huella perdurable, tan auténtica como las mareas que lo vieron crecer.

ENTREVISTA a Eduardo Lacambra - Versión Video y Audio

Hoy nos acompaña en Mi experiencia como escritor Eduardo Lacambra. Eduardo tiene una trayectoria que nos recuerda que la poesía puede brotar de cualquier territorio: de la ingeniería, de la sabiduría ancestral o de la vida diaria puesta a prueba. Con Espirales de Luz nos ofrece un refugio y una revelación, un lenguaje que une razón y espíritu, y que invita a encontrar belleza en medio de la cicatriz que anuncia una vieja herida. Hoy no presentamos solo un libro, sino a un autor que siembra luz allí donde antes hubo sombra.




miércoles, septiembre 24, 2025

RESEÑA: El camionero que leía a Borges de Ramón Gallart

Título: El camionero que leía a Borges

Autor: Ramón Gallart

 

Año de edición: 2025

 

Número de páginas: 223

 

Sinopsis:

 

Gabriel era un camionero internacional enamorado de su profesión. Y un compulsivo lector. Toda una vida conduciendo, toda una vida leyendo. Se jubiló hace unos años –muy a su pesar– con casi sesenta y nueve. Y hace poco que ha muerto su esposa, Balbina, el amor de su vida.

Y en pleno duelo, toma dos importantes decisiones: adoptar un gato y empezar un diario. Como una declaración de intenciones, escribe en las primeras páginas: «Intentaré hacerlo como aconsejaba Borges en uno de sus seminarios: “Yo creo que uno debería narrar los hechos como si no los entendiera del todo, puesto que así es la realidad”. Me parece que esto no me va a resultar difícil. ¡Son tantas las cosas que no entiendo!».

Una novela sobre la nostalgia y el dolor de la pérdida, sobre los «reencuentros», sobre los intrincados laberintos por los que a menudo transita la comunicación de las familias.

Una conmovedora historia de amor, fidelidad y esperanza.

 

Mi opinión:

 

Con esta obra, Ramon Gallart no solo demuestra que leerlo es sinónimo de calidad, sino también de conexión entre lector y autor. Porque adentrarse en esta historia es como hacerlo en mar abierto, hay que dejarse llevar y disfrutar de cómo te guía la marea hasta una tierra tan firme como sus letras.


Gallart nos presenta una trama íntima, una experiencia única, que te invita a sentarte en la misma mesa que su protagonista y vivir sus inquietudes y miedos. La cercanía con la que describe los personajes, te hace sentirte parte de la familia que presenta. 


Pero de esta novela, con lo que me quedo es con cómo trata ciertos temas tan complejos como son la depresión, la ausencia, la enfermedad, los entresijos de la edad y su descubrimiento, la pérdida. Siendo honesto, lo hace de una manera tan sensible, que no tienes más remedio que envidiar y amar su pluma al mismo tiempo. Y lo hace con símbolos como los lirios blancos, símbolo del duelo, cuyo aroma te penetra hasta el tuétano mientras lees sus párrafos con fruición.


Ramón me ha hecho sentirme muy cerca, como si me contase la historia de viva voz, porque he visto reflejada en ella mi pasión: la lectura, las carreras (llevo corridos nueve maratones) y un trabajo tan difícil como es el transporte internacional, con el que me hallo vinculado profesionalmente desde hace más de veinte años.


El camionero que leía a Borges refleja una madurez insólita, no solo en la escritura, eso ya lo sabía, también en la vida, rezumando la sabiduría del hombre que ha vivido, y que se ha bebido la vida a sorbos, porque da lecciones a lo largo de las páginas, que espero que muchos sepan apreciar y degustar como yo lo he hecho.


Antes de cerrar esta reseña, replico dos frases que me han cautivado: «Porque siempre hemos compartido nuestro silencio, que era algo que nos unía, no que nos separaba o incomodaba» y una repleta de humor, que me ha arrancado una sonrisa y me ha dejado pensativo: «Quedar los últimos es poético e interesante».


Gracias, Ramón.



martes, septiembre 23, 2025

ENTREVISTA a Raquel Gavilán Párraga - Versión Vídeo y Audio

Hoy tenemos en mi experiencia como escritor(a) a Raquel Gavilán Párraga. Raquel es poeta y narradora. Su voz se caracteriza por la intensidad emocional y la búsqueda de lo esencial en la palabra. Autora de los poemarios Al final del infinito, Semillas de luna y Volcán y cristales, así como de la obra infantil Fantasma Azul




domingo, septiembre 21, 2025

7ª GASETA CULTURAL DE LES ARTS I EL SABER (SEPTIEMBRE)

Os dejo la 7ª Gaseta Cultural de Les Arts i el Saber, coordinada, editada y redactada por Luis Fernando Velerda y Diseño llevado a cabo por Ivan y Sandra Velerda Gil.

Han colaborado en esta entrega de Septiembre: Xavier Bartomeus, Daniel Berdala, Paquita Caparrós, Mirka Reyes, Joan Kunz, Antoine Nolla, Teresa Domingo, Mario Soria, José Moreno Arenas, Jaume Palau, Leonardo Jiménez (http://miexperienciacomoescritor.com), Vicent Julià Vives, Edu Comelles i Nestor Calderer i Carlos García, (por orden de aparición).


7ª entrega - Septiembre 2025



Para acceder a otras revistas, visita la sección correspondiente en la barra de navegación de este mismo blog o clica aquí.

jueves, septiembre 18, 2025

ENTREVISTA a José de la Rosa - Versión Video y Audio

Es un placer tener este espacio contigo, José. Me encanta cómo combinas pasión por la lectura, constancia creativa y cercanía con tus lectores, tanto en tu Web como en tu canal de YouTube. Hoy queremos adentrarnos un poco en tu trayectoria, tus motivaciones y los aspectos menos visibles del oficio de escribir. Gracias por abrirnos las puertas de tu mundo literario.





ENTREVISTA a Alejandro Ramos - Versión escrita

Hoy nos acompaña Alejandro Ramos, un autor y artista polifacético que ha sabido unir en su trayectoria dos mundos inseparables: la literatura y la música. Desde su primera novela, Sucedió en Alsacia, hasta su más reciente éxito La masía de los secretos, ha demostrado que el amor, el humor y la vida, cuando se narran con sensibilidad y ritmo, pueden convertirse en auténticas canciones literarias. En esta entrevista recorreremos su faceta como escritor de romántica, su voz creativa y humana, y la manera en que la música se cuela entre sus páginas, sus personajes y sus historias.

Gracias por la oportunidad de estar aquí y por tan bonita introducción.

¿Qué significó para ti publicar tu primera novela, Sucedió en Alsacia, y verla llegar a lo más alto de Amazon?

Si juntas la emoción de dejar ir tu primera historia publicada con la ilusión de que tenga tan buena acogida, puedes imaginarte el torbellino que te recorre por dentro. Después de tan duro trabajo y sentimientos llevados a las páginas sentí un orgullo y una felicidad inmensa.

¿Por qué elegiste ambientar esa primera novela en Alsacia y en la época navideña?

Soy un firme amante de la Navidad por las emociones que se le atribuyen, por esa exaltación de la alegría y la nostalgia y por la euforia con que los niños (y muchos adultos también) la disfrutan. Viajé a Alsacia hace un par de años y quedé prendado de esos mercadillos y esos pueblos de ensueño. No imagino un marco mejor para ambientar una novela de este género.

En La masía de los secretos das un salto hacia una historia más adulta. ¿Qué diferencias destacarías entre esta novela y tu debut?

Aunque se mantiene el estilo, creo que la profundidad de la trama, la construcción de las relaciones interpersonales, el calado de las palabras e incluso la riqueza en el uso del lenguaje supone grandes diferencias. La masía de los secretos es una novela de las que te permiten paladear la historia y reflexionar de un modo más hondo.

¿Cómo encuentras el equilibrio entre el humor y el drama en tus comedias románticas?

Creo que se consigue con naturalidad si trabajas el lado humano de los personajes. La historia puede llevar la balanza hacia uno u otro lado y está bien. Pero ambos ingredientes son clave para que la verosimilitud de una historia no decaiga. Además, adoro tanto el humor como el drama, no podría prescindir de ninguna de ellas. Y las novelas no dejan de ser un reflejo del autor que las escribe.

La música siempre acompaña tus novelas con canciones originales. Ponle una banda sonora a cada una de tus obras.

Cualquier playlist navideña funcionaría para Sucedió en Alsacia. En concreto, la canción O Holy Night tiene cierto peso en la historia y me encanta. Aunque el villancico que escribí: I’m all in for Christmas es el broche perfecto para esta novela.

En la masía de los secretos podría encontrar una banda sonora más variada, con mucho sentimiento, con cuerdas, baterías de las que hacen que te retumbe el corazón e incluso un nostálgico saxofón. En este caso, compuse Cuando la luna titila, puede que la canción más bonita que he tenido la suerte de escribir. Podría cantarla el protagonista al final de la historia o yo mismo dedicársela a mi abuela. De hecho, creo que hay un poco de ambas cosas.

El sexo, dentro de la romántica, puede ser un tema delicado. ¿Cómo lo abordas en tus novelas?

Creo firmemente en que si está justificado puede enriquecer la historia, la trama o la construcción de los personajes. Son escenas potentes, que atraen mucho la atención del lector y un arma clave para dar rasgos de personalidad y comportamientos que nos hagan comprender a los implicados en la escena.

Eso sí, no me entusiasma el exceso de escenas eróticas si no van a ayuda a avanzar la trama.

Has mencionado que la lectura y las canciones te salvaron en varias ocasiones. ¿Qué significado tiene eso para ti como creador de historias?

Es una motivación enorme. Saber que en mis manos puede estar la posibilidad de ayudar a alguien a sortear un mal momento, a acompañarlo en su alegría o en su dolor, a canalizar o simplemente a distraerse es una responsabilidad preciosa y un honor. ¿Qué puede haber más bonito que eso?

Vienes de la música, la danza y el teatro musical. ¿Qué te aportan esas disciplinas a la hora de escribir?

Todas las vivencias y aprendizaje pasado construyen lo que soy hoy.

La música como primera vía de expresión desarrolló mi sensibilidad.

La danza contribuyo a que la disciplina que ya traía de serie se volviese más regia.

Y el teatro musical, sin duda, fue clave para amplificar la empatía y abrir la mente. Comprender y respetar a personajes que distan de tus convicciones es de las tareas más difíciles y más gratificantes que he tenido la suerte de vivir.

¿Cómo es un día de escritura para ti? ¿Tienes rutinas o rituales creativos?

No tengo demasiados rituales. En invierno me gusta prepararme alguna infusión calentita y en verano agua fría. Intento, aunque no siempre es posible, dedicar tiempo a la escritura a diario.

Mi lugar favorito para escribir en la biblioteca donde mis sesiones son de entre 1.500 y 3.500 palabras.

Las cafeterías con decoración chula y sofás cómodos me encantan para coger ideas y bocetas nuevos proyectos.

Si tuvieras que definir tu voz literaria con una sola palabra, ¿cuál sería?

Honesta.

En tu faceta más humana, ¿qué te hace reír con más facilidad?

Las bromas y los sustos.

Y al otro extremo, ¿qué cosas logran emocionarte hasta las lágrimas?

La ilusión en los ojos de un niño o vomitar lo que siento al sentarme a componer.

¿Qué canciones te inspiran cuando escribes?

Las canciones me inspiran mucho en general. Eso sí, para escribir, recurro siempre a la música clásica o al silencio absoluto. Los silencios son parte imprescindible de la música.

Si tu vida fuera una canción, ¿cómo se titularía y por qué?

Creo que todas las canciones que he escrito desde los 12 años representan los diferentes momentos que he transitado y el compendio de ellas definiría mi vida.

Sin embargo, y sin haberla escuchado todavía, Taylor Swift saca un nuevo disco el 3 de octubre y tiene una canción homónima al álbum, se llama The life of a showgirl. Como concepto, creo que puede enmarcar a la perfección mis vivencias con la exposición constante al público, desde lo que pasa detrás que nadie ve, a lo que se siente de cara a tantas personas que reciben tu trabajo.

Muchas gracias, Alejandro, por esta conversación tan cercana y sincera, donde hemos podido recorrer contigo la música, la literatura, el teatro, la danza y esa búsqueda incesante de emociones que define tu obra. Te deseamos que sigas creando historias que vibren como canciones y canciones que se lean como novelas.

 

miércoles, septiembre 17, 2025

ENTREVISTA a Alejandro Ramos - Versión Vídeo y Audio

oy nos acompaña Alejandro Ramos, un autor y artista polifacético que ha sabido unir en su trayectoria dos mundos inseparables: la literatura y la música. Desde su primera novela, Sucedió en Alsacia, hasta su más reciente éxito La masía de los secretos, ha demostrado que el amor, el humor y la vida, cuando se narran con sensibilidad y ritmo, pueden convertirse en auténticas canciones literarias. En esta entrevista recorreremos su faceta como escritor de romántica, su voz creativa y humana, y la manera en que la música se cuela entre sus páginas, sus personajes y sus historias.

martes, septiembre 16, 2025

EPISODIO ESPECIAL con Diego Murcia: ¿Cómo hacer un Audiolibro?

Hoy tengo el placer de conversar con Diego Murcia, escritor, periodista, traductor y productor de podcasts vinculado a Bitextuales.com. Su experiencia abarca años de creación literaria, producción de audio y una pasión evidente por el sonido, la voz y el relato hablado. En esta entrevista exploraremos el mundo de los audiolibros: cómo se crean, qué se necesita, qué papel juega la voz, la música, los personajes, y cómo alguien desde su casa puede emprender este camino.



lunes, septiembre 15, 2025

ENTREVISTA a Mario Sanca - Versión Audio y Video

Es un honor conversar hoy con Mario Sanca, escritor manchego que ha encontrado en la comedia romántica, la romántica contemporánea y la literatura LGBTI un lugar de expresión literaria único. Su catálogo abarca historias como Café y tarta, Dos historias y un amor o Exnovia busca novio, obras que mezclan humor, ternura y emociones intensas, conectando con miles de lectores. Hoy nos acercamos a su faceta humana y creativa, para entender no solo lo que escribe, sino también por qué lo escribe.



sábado, septiembre 13, 2025

ENTREVISTA a Alfred López - Versión Vídeo + Audio

Hoy conversamos con Alfred López, divulgador, bloguero y autor de varios libros de divulgación que se han convertido en referentes del género. Nos acercaremos al corazón de sus obras: su origen, su función, lo que implican para ti como creador, y lo que significan para los lectores.