Autor: Toni García Villanueva
Año de edición: 2025
ISBN: 9798276271637
Número de páginas: 251
Sinopsis:
Mi opinión:
Acostado en la cama y habiendo terminado ahora mismo la lectura de la obra de Toni García Villanueva, me veo en la obligación de levantarme para escribir esta reseña.
Tras la fabulosa cubierta realizada por la artista Eleni Anagnostou, nos encontramos con Oro y Cenizas, una novela en la que Toni demuestra su versatilidad como escritor, confirmando que en la prosa mantiene el mismo pulso narrativo que lo define como poeta y con el que consigue emocionar al lector desde las primeras páginas.
Se trata de una novela que nos mantiene firmemente en la Tierra, ni entre ni sobre ella, y en la que el autor vuelve a evidenciar el compromiso social que lo caracteriza como persona y como creador. A través de una trama que se fragua a fuego lento, Toni no explica: muestra. Muestra el abuso al que se ven sometidas muchas personas por parte de las altas esferas de la sociedad, dejando espacio para que sea el lector quien digiera, reflexione y complete el sentido último de lo narrado.
En esta obra, el autor sustituye la elegancia y el erotismo habituales de su poesía por una crudeza consciente, donde el mercadeo de la carne, la explotación y los temas más incómodos se abordan con una sensibilidad medida y una astucia narrativa que evitan el morbo y apuestan por la verdad. El lector avanza guiado con firmeza por una historia que no busca complacencia, sino implicación emocional.
Los personajes están construidos con solidez y presentan una psicología palpable, lo que favorece una inmersión profunda en una novela que cala en los huesos. Mención especial merece la forma en que el autor construye los escenarios: espacios antagónicos que oprimen, asfixian y restan luz, descritos con una atmósfera casi física, y que contrastan con otros pasajes más abiertos y luminosos de la narración. Este juego de escenarios no es decorativo, sino que dialoga en todo momento con el estado emocional de los personajes y refuerza la trama.
En el epílogo, Toni vuelve a dejar una muestra clara de su ingenio narrativo. Lo más destacable es que obliga al lector, y a este humilde reseñador, a morderse la lengua para no caer en el spoiler, porque la escena final se dibuja con una precisión tan vívida que continúa resonando incluso después de cerrar el libro.

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