lunes, julio 27, 2026

ENTREVISTA: Almar de Luna, escritora versátil y sin miedo al cambio

Hoy tenemos con nosotros a Teresa Lencina Muñoz, aunque muchos de vosotros quizá la conozcáis mejor por ese nombre tan evocador con el que lleva tiempo compartiendo su mundo literario en las redes: AlmarDeLuna.

Teresa nació en Algeciras y reside en Murcia. Comenzó a escribir siendo muy joven y, con los años, esa necesidad de poner por escrito lo que sentía terminó convirtiéndose en algo mucho más serio. Poesía, narrativa, romance, erotismo... diferentes formas de contar, pero con un punto de encuentro bastante claro: las emociones.

En su camino encontramos títulos como Ojos de Gata, Imágenes Habladas, Escapando del Mundo y Un balcón al corazón. Cuatro libros que también nos hablan de una autora que no parece tener miedo a cambiar de registro, explorar emociones y probar cosas nuevas.

Pero, como solemos hacer en Mi experiencia como escritor, hoy no queremos quedarnos únicamente con los libros. Queremos conocer un poco mejor a Teresa, saber por qué escribe, qué encuentra cuando se sienta delante de una página en blanco y cuánto de ella acaba quedándose, inevitablemente, entre las páginas de sus historias.

Teresa, bienvenida a Mi experiencia como escritor(a).

Para empezar por donde solemos hacerlo siempre por aquí: ¿quién es Teresa Lencina Muñoz cuando dejamos a un lado los libros, las redes sociales y a AlmarDeLuna?

Al margen de todo el ruido de las redes, creo que soy una persona sencilla y natural, amante de la paz y de la tranquilidad. Adoro el mar y tengo el privilegio, desde hace un año, de vivir en un pueblo costero del Mediterráneo. Así que prácticamente estoy empezando de cero. Soy muy familiar, muy alegre y me gusta la vida que tengo sin grandes complicaciones.

Dices que comenzaste a escribir siendo muy joven. Siempre me interesa ese momento porque muchos escritores empezamos sin saber realmente lo estábamos haciendo. ¿Recuerdas qué escribías entonces y qué buscaba aquella Teresa adolescente cuando se sentaba delante de un papel?

Creo que esa Teresa, adolescente con mucha imaginación y ávida lectora en esa época, sintió la necesidad de hacer una historia a su medida. Recuerdo que, cuando escribía, sentía que era yo dentro de una película dirigida por mí. Un mundo de fantasía plasmado sobre el papel y compartido con mis amigas y compañeras de clase; entonces no había redes sociales.

Hay gente que escribe porque quiere contar historias y otra que lo hace porque necesita hacerlo. Por lo que he podido conocer de ti, tengo la impresión de que en tu caso hay bastante de lo segundo. ¿Qué le aporta la escritura a tu vida?

Escribir para mí es respirar; es la forma más auténtica de libertad que he podido encontrar; es volar, bailar sobre el papel. Es darle color al mundo a través de las letras. Es sanación, paz y felicidad.

AlmarDeLuna es además un nombre con bastante personalidad. ¿Cómo nació y qué significa para ti? ¿Hay cosas que AlmarDeLuna se atreve a escribir que quizá Teresa no diría nunca en voz alta?

Siempre he pensado que vivimos en un mundo bastante desalmado y que había que ponerle más alma. Entonces me inventé un nuevo verbo, Almar (no tiene que ver con el mar, aunque escriba mucho sobre él), para que fuera posible una acción real: esa capacidad de otorgarle al mundo más almas que amaran. 

Respecto a la Luna, desde pequeña me he sentido muy identificada ella porque soy Cáncer y porque nací el día que el hombre llegó a la Luna.

Tu primera novela publicada fue Ojos de Gata. El primer libro siempre tiene algo especial, para bien y para mal. Cuando lo miras ahora, con varios libros publicados después, ¿qué recuerdas de aquella Teresa que se enfrentó por primera vez a publicar una novela?

Ojos de Gata fue un reto personal, una prueba para mí. Un desafío. Cuando publiqué bajo el pseudónimo de AlmarDeluna, nadie en mi entorno sabía que escribía. Desde entonces ha sido una experiencia maravillosa; creo que ha sido una de los mejores cosas que he hecho en mi vida: dar ese paso. 

Lo voy a recordar siempre con un cariño muy especial. Me ha dado momentos maravillosos. Nunca me importó realmente si iba a ser bien acogido por los lectores; creo que ni siquiera esperaba lectores. Recuerdo perfectamente quien compró mi primer libro y la enorme satisfacción que me dio.

Después llega Imágenes Habladas, donde das un paso hacia algo mucho más íntimo a través de la poesía. Hay amor, daño, deseo, vulnerabilidad, recuerdos... Cuando escribes algo tan emocional, ¿cómo decides qué parte de ti estás dispuesta a enseñar y qué parte prefieres guardar solamente para ti?

Empecé a escribir poesía en el año 2012. Imágenes Habladas es una antología poética que recoge varios años de mi vida, desde los comienzos. Utilizo el tono confesional y escribo de las emociones, esas ventanitas del alma: dolor, alegría, amor y pasión. Para mí, lo más íntimo que tiene una persona es el dolor y, quizá, la única manera que yo he encontrado de expresarlo sin exponerlo crudamente sea a través de metáforas en poesía. Aunque aparentemente parezca que me desnudo en letras, siempre me he sentido profundamente responsable en temas de dolor y no llevar al lector hacia lo cruel o la desesperanza. Así que solamente muestro una pequeña parte.

Siempre he pensado que los escritores acabamos dejando pequeños pedazos nuestros en los personajes, incluso cuando juramos que no tienen nada que ver con nosotros. ¿Cuánto hay realmente de Teresa Lencina en lo que escribe?

En todos los libros que he escrito hay mucho de mí en unos más que en otros, por supuesto. La poesía siempre es bastante personal. Me gusta que mis personajes tengan cierta psicología y no conozco a nadie tan bien como a mí con mis aciertos y errores, con luces y sombras.

También has trabajado el erotismo, un terreno bastante complejo porque resulta muy fácil caer en lo evidente. ¿Qué buscas cuando escribes sobre el deseo?

Debo confesar que es el género que más me gusta escribir. El erotismo no es el acto en sí, sexo y ya está, una solución matemática de dos más dos cuatro, sino toda una atmósfera que debe llevar ese encuentro entre dos personas. Es todo un reto creativo y lingüístico: buscar metáforas para huir de lo evidente o demasiado explícito, aunque algunas veces toco lo explícito en algunos capítulos porque creo que la intensidad del momento lo requiere. Para mí, el erotismo en literatura es bailar con las palabras lentamente hasta hacer sentir al lector.

Tu siguiente título es Escapando del Mundo. Solo el nombre ya parece esconder una necesidad bastante humana. ¿Qué tiene ese mundo para querer huir de él?

Hay muchas circunstancias en la vida en las que uno debe replantearse en qué mundo está viviendo. Quizá mi vida personal me llevó a tener que escapar de mi mundo por un mal que muchas mujeres padecemos. Escapando del Mundo enfrenta a la protagonista a reencontrarse, a volver a creer en ella misma y en el amor, después de que sus esperanzas se frustren por un desengaño amoroso. Un viaje necesario para recomenzar.

Y llegamos a Un balcón al corazón, donde vuelves a la novela y además te acercas a una ambientación y a unos personajes diferentes. ¿Cómo nació esta historia?

Es mi última novela; sin embargo, es la primera historia que comencé a escribir en la adolescencia. La tenía olvidada, sin terminar; quizá no había llegado su momento hasta el presente y necesitaba un cierre. Nace de muchas lecturas de novela romántica por aquel entonces como Victoria Holt. Más como un juego que como algo serio.

¿Sueles saber desde el principio qué quieres contar o tus novelas van encontrando su verdadero camino mientras las escribes?

Parto de una pequeña idea y va tomando forma mientras se desarrolla. Es como si fuera una vida que va creciendo y desarrollándose hasta que encuentra su final. No tengo un guión; no sigo manuales del buen escritor. Porque siempre he dicho que yo no escribo: siento. Y eso realmente es lo que me gusta transmitir.

Hablemos precisamente de eso, de cómo escribes. Cuando una historia empieza a rondarte la cabeza, ¿cómo sabes que detrás de una idea hay realmente una historia que merece convertirse en libro?

No es tanto la historia que quiera contar, porque serían muchas por escribir, sino el momento adecuado. Ese instante en el que dices: «Voy a escribir otro libro». Es la decisión, cuando sientes el pulso de la tinta que te pide una nueva historia.

Una cosa es tener una historia en la cabeza y otra muy distinta encontrar tiempo para escribirla. ¿Tienes alguna rutina de escritura o eres de las que escribe cuando la vida le deja un hueco?

Realmente sí sigo una rutina y tengo mis momentos para ello. Al estar en redes, escribo todos los días. Me gusta escribir por las noches: me concentro mucho más y apenas hay distracciones del mundo exterior. Simplemente dejo que las letras vayan fluyendo. Cuando estoy inmersa en alguna novela, me absorbe por completo; se me hace difícil desconectar y, prácticamente, me tengo que obligar.

Siempre hablamos mucho de escribir y bastante menos de borrar. Cuando llega el momento de corregir, ¿te cuesta desprenderte de una escena, una frase o incluso un personaje que te gusta si descubres que la historia funciona mejor sin ellos?

He corregido mucho, pero no he necesitado nunca eliminar un personaje. Quizás he mejorado escenas, porque siempre hay algo que mejorar. Aunque intento ser lo más fiel posible al tono y estilo en el que se está desarrollando la novela. Sí me ha pasado que la idea que tenía al principio en la cabeza no tiene nada que ver con la que finalmente he puesto por escrito.

Publicar también significa exponerse. De repente algo que durante meses ha sido solamente tuyo pasa a manos de personas que pueden emocionarse con ello, interpretarlo de otra manera o incluso decir que no les ha gustado. ¿Cómo llevas esa parte del oficio? ¿Has aprendido a convivir con la opinión de los lectores?

Es lo que llevo peor, realmente. Disfruto de todo el proceso creativo, pero cuando llega el momento de exponer ya deja de ser tuyo; es como un hijo que, además, va a ser examinado por el mundo. No he recibido malas opiniones críticas de mis libros, afortunadamente. A mí lo que me gusta es escribir; no estoy muy preparada para todo el espectáculo que supone, a día de hoy, ser escritor. Sé que pierdo oportunidades por no querer formar parte de muchas cosas, pero valoro mucho más mi paz y mi tranquilidad que cualquier otro ruido.

Después de Ojos de Gata, Imágenes Habladas, Escapando del Mundo y Un balcón al corazón, me gustaría terminar mirando hacia delante. Cuando piensas en la escritora que quieres ser dentro de unos años, ¿qué te queda todavía por escribir? ¿Hay alguna historia, algún género o incluso algún miedo literario al que todavía no te hayas atrevido a enfrentarte?

Tengo guardados muchísimos poemas aún, que dan para varios libros más. Pero voy poco a poco: no puedo publicarlo todo de golpe. Y también tengo pendiente una historia por escribir que no sé si seré capaz, algún día, de hacerla. Aún no ha llegado su momento, y no sé si algún día le llegará o se quedará en el olvido para siempre.

Y ya, por último, ¿podrías dejarnos alguna enseñanza que te haya dejado la escritura para quienes vienen detrás de nosotros puedan aprender de ella?

A mí escribir me ha dado la vida, me ha enseñado, me ha sanado, me ha liberado; he reído, he llorado, he amado. Animo a la gente a que escriba, a que se forme, a que se atreva y a que dé el paso. Da igual el resultado o el éxito final del mismo. Como consejo, diría que cada uno sea uno mismo, lo más honesto posible, fiel a su voz y estilo, y que lo haga para sí mismo.

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