Juan Antonio Oliva Ostos, escritor sevillano, afincado en Cataluña desde hace años, ganador de varios certámenes literarios como es el caso del relato El Juego de los Escarabajos, de la desaparecida Triskel Ediciones con la antología Interius [2017]. También ganador con el relato Entre penumbras, Donbuk Editorial, antología Entre Penumbras [2017]. Además de uno de los Ganadores de Ediciones Babylon, antología Kaidan – Cuando vienen del Otro Lado [2018]. O el más reciente, El factor humano, Premio Anubis 2025 de cuento internacional de ciencia ficción. Es autor del relato largo Las Guerras Infinitas y de las novelas Durmientes y Neopiel. También es suya la antología Lágrimas de silicio, obra Finalista a Mejor Antología en los Premios Ignotus 2023. Juan Antonio se mueve con soltura entre géneros como la fantasía, el terror y la ciencia ficción. En esta conversación exploraremos su universo creativo, los rincones de su mente y la visión del mañana que late tras sus páginas.
Te gusta denominarte como
Imaginauta, cuéntanos sobre ese término y qué significa para ti.
Es simple: viajas por tu
imaginación en una nave que solo tú conduces para descubrir esos mundos y
personajes que un día probarás de trasladar a un papel. Así, mis aventuras
están en mi cabeza, en mis sueños. Por ello me fascina esa palabra, por ello me
considero Imaginauta.
En Las guerras infinitas nos
presentas un mundo donde la inmortalidad parece un regalo,
Ray descubrirá que la muerte puede ser una suerte. ¿Cómo surgió
la idea y qué buscabas explorar con ella?
Surgió de la idea de plantearme
que si la Muerte fuera una enfermedad y se pudiera tratar qué sucedería
después. Y en Las guerras infinitas
ese planteamiento se traslada al futuro de un Marte distópico y muy Pulp en el
que la Genética se ha convertido en la deidad a adorar, logrando eliminar la
Muerte en la Humanidad. Sin embargo, todo regalo divino tiene consecuencias si no lees la letra pequeña. Como en el
relato se puede descubrir, lo que cuestiono es que si ya lo has vivido todo
porque eres inmortal, ¿qué te queda después? Y en ese después, la Humanidad,
aburrida, crea a los bioingenios para su cruel disfrute con tres vidas. Por
ello los lanzan a combatir en megajuegos llamados Guerras Infinitas, solo por
el placer de verlos morir y renacer, hasta que aparece Ray.
20 de abril de
2012. Desde Germania, capital del Reich, la población conmemora la victoria en
la Segunda Gran Guerra mientras continúa pendiente de la tensa geopolítica con
el imperio japonés.
Mientras tanto,
en la base científico-militar de Neuwerk, Martin Löwe, piloto de hipersueño,
desobedece una orden expresa y salta en solitario por primera vez al mundo
paralelo de Odinthal, poniendo en riesgo el proyecto Durmientes que pretende la
hegemonía mundial nazi.
Al otro lado, en
el fantástico archipiélago Eden, Malva, capitana de quinturia, despierta
angustiada. Los sueños extraños han regresado e incluyen a sin alas.
Los vientos de
ambos mundos, fríos como los pensamientos de tiranos, no tardarán en
encontrarse.
Cuando desarrollé el proyecto
tuve claro que no quería simplemente crear una ucronía típica al homenajear uno
de mis géneros favoritos. Por supuesto, debía de haber nazis, son los
auténticos demonios sobre la tierra, pero necesitaba algo más, algo distinto.
De ese modo rescaté a Malva, albina, alada y que le cambian las pupilas de
color según sentimientos o emociones de una historia que anda guardada en
archivos profundos del portátil y esbozar un mundo paralelo al ucrónico,
Odinthal. Así necesité crear las cápsulas y el portal de hipersueño y a sus
pilotos, con Martin a la cabeza.
En mi imagen mental, monté toda
una novela porque lo que deseaba realmente era ver una batalla entre nazis y
criaturas aladas, como el séptimo de caballería contra las naciones indias,
pero en dos mundos inventados. Fue todo un reto, dos mundos con sus propias
reglas, uno ucrónico en el que nos encontramos en un 2012 alternativo y el otro
fantástico desde cero, poblado ambos de personajes con voz y voto a distintos
niveles. Pero en la Escuela de Escritura
del Ateneo Barcelonés me ayudaron a crearlo mientras aprendía técnicas de
escritura narrativa. Y que viera la luz y que Durmientes haya tenido sus lectores, es el mejor premio. Fue mi
primera novela publicada, eso siempre estará ahí.
En Neopiel, lanzas al
lector a un cruce de fantasía oscura, terror y elementos vampíricos. ¿Qué te
atrajo de esa mezcla de géneros?
Que no puedo estarme quieto.
Siempre me ha fascinado mezclar géneros, opino que dan más campo de juego. ¡Y Neopiel es todo un valle! Hay ciencia
ficción, fantasía oscura, terror, fusión del manga-anime, Pulp, elementos
cinematográficos y que además revisiona el género vampírico y el Z. Me parece
increíble que todo entrase en la batidora y surgiera una historia. Por ello, la
novela está plagada de criaturas estrambóticas: gemelas peligrosas, las/los
modelos egocéntricos, el pequeño ejército de hermafroditas, los tenebrosos Despellejados
con Cástor Belafonte a la cabeza y sus acólitos los Vips y toda esa gente que
va a Felicity para mudarse la piel de arriba abajo y que les coloquen una nueva
para aparentar juventud a la par que recuperar muchas otras cosas. Pero todo
tiene un precio cuando pactas con el Diablo, aunque el Diablo tema a Silvana,
coprotagonista de la novela y directora de Felicity.
Nunca tuve del todo claro una
definición para mi peculiar universo de seres de silicio melancólicos: robots,
bioingenios, ciborgs, androides y ginoides que abundan por esas historias con
la “obsesión” de ser, parecer y vivir más humanamente que los humanos. Sí, en
cambio, el concepto que motivaba sus acciones: la Transcibernética y que se explica en un peculiar ensayo hacia el
final de la antología. A grandes rasgos y por simplificar mucho, es una
involución del metal hacia la carne.
La mayoría de esas criaturas, que
han adquirido autoconsciencia, desean dejar de ser máquinas inmortales y vivir
con el miedo a no saber si mañana dejarán de existir. Y la antología recoge una
serie de relatos creados durante años con la columna vertebral enfocado en
tres: el que da nombre a la antología: Lágrimas
de silicio, donde se encuentran muchos de los puntos claves, Inorgánica, que obtuvo una mención de
honor en su día en uno de los certámenes que organiza Fabulantes, y mi relato más emblemático y popular, mencionado
incluso en algún artículo: Las guerras
infinitas.
Sin embargo, ese universo
compartido en historias que tienen su propia independencia, es sucio, triste y
como decía melancólico… de ahí que, mientras elaboraba la antología, y tras
hablarlo con mis Betas de confianza, surgiera otra palabra para darle
uniformidad a mi cosmología: Siliciopunk
fue la opción mas lógica. Y me gusta. Hay otros relatos que no están en la
antología pero sí dentro del universo y que han sido publicados o seleccionados
en otras antologías como: La mecatrónica
del alma, que apareció en la desaparecida revista SuperSonic, El cántico astral
del colibrí, seleccionado para formar parte de la mítica antología Visiones en 2023 y que convoca cada año
y edita Pórtico-AEFCFT (la Asociación
Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror) o El factor humano, relato recientemente ganador del Premio Anubis 2025.
Ya te digo que es más que
probable que, con el tiempo, ese universo siga creciendo. Me fascina visitarlo
de tanto en tanto y me siento cómodo.
Por cierto, Lágrimas de silicio es obra Finalista
a Mejor Antología en los Premios Ignotus 2023, que también otorgan cada año
desde Pórtico-AEFCFT y que votan los Lectores a obras publicadas el año
anterior.
En 2019 formaste parte de una antología solidaria llamada Relatos de Rol, organizada por la página de Facebook Memes de Rol. ¿Te han ayudado los juegos de rol y el mundo que los rodea a desarrollar tus artes de escritura?
En una nota aparte, me gustan las
antologías solidarias y si me invitan suelo colaborar. Tanto de esa antología
como de la página de Facebook conservo buenas amistades.
Probablemente, para responder a
tu pregunta, en parte. He jugado ha rol, pero hace tiempo de eso igual que
durante años he disfrutado de Magic, The
Gathering. Y tengo en mi entorno amistades que siguen jugando. Cuando era
más joven, con los amigos montábamos partidas en el garaje de casa, llegó un
momento que se nos quedaban cortas, así que elaborábamos las nuestras propias y
nos pasábamos horas montándolas. Creo que aún conservo alguna libreta por algún
rincón. Así que lo de crear universos y personajes que los habitaban ya vendría
de esos juegos.
La ciencia ficción discurre por
tus obras. ¿Qué papel crees que juega en nuestra comprensión del futuro
tecnológico y humano?
Aunque parezca que a día de hoy el
Futuro nos ha adelantado por la derecha, especular sobre él, sus posibles
tecnologías o cambios sociales siempre ha servido de ayuda o crítica a nuestro
Presente, o ponerlo en cuestión más bien. Y opino que eso nunca va a cambiar. Quizás
la Ciencia Ficción literaria (pues en
lo cinematográfico y televisivo siempre está en los primeros puestos), en estos momentos no disfrute de tanta
popularidad por ser demasiado
realista y cruda con lo que está por venir, hace pensar demasiado. Y la gente de estos tiempos en los que
estamos viviendo tiene, cada vez más, una mayor necesidad ―imperiosa― de
evasión, de ahí que la Fantasía y el Terror tengan más adeptos. Curiosamente, a
mí me ayuda a evadirme leer ciencia ficción (aunque lea otras cosas), o
escribirla. Pero yo, y aquí un guiño, siempre digo que lo que escribo es más
Fantaciencia que otra cosa.
¿Qué referentes literarios han
sido determinantes en tu evolución como autor?
Hay tantos… King, Bradbury,
Asimov, Dick, Tolkien, Le Guin, R.R. Martin, Poe, Ballard, Lovecraft, Clive
Barker… y algunos que vinieron después como Abercrombie, Juan de Dios Garduño,
Bacigalupi, Carlos Sisí, Javier Miró, Rosa Montero, Concha Perea, David Luna
Lorenzo y muchos y muchas más.
Siempre menciono dos: El hombre en el castillo, de Phillip K.
Dick (aunque es pura
Ucronía) y El juego
de Ender, de Orson Scott Card.
¿Película?
Por los tiempos de los tiempos, Blade Runner, mi favorita. Y luego
vendrían Akira y Ghost in the Sell, el anime original del 1995.
¿Serie?
La grandísima Battlestar Galactica y la primera
temporada de Carbono Alterado.
¿Alguna de tus obras sería
adaptable a película, serie o cómic?
Imagino, todo escritor lo sueña o
cree posible. Yo escribo mis historias en base a las escenas cinematográficas
que veo en mi mente. De hecho, hay muchos elementos del género. Así que sería
posible adaptarlas, pero no sé si me vería siendo capacitado para elaborar sus
guiones.
Cuando te topas con el bloqueo
creativo, ¿a qué recurso recurres para superarlo?
Pasan, y quien diga lo contrario
miente. En mi caso intento leer, aunque hay épocas en las que también cuesta y
nada apetece. O, como me ha fascinado desde siempre el cine y la televisión,
ver cosas que me hagan evadirme y volar la imaginación. Viajar por universos extraños,
exóticos, lejanos y distintos a los míos siempre me ha ayudado a crear imágenes
mentales que quiera trasladar a un papel. Unas veces es más espontáneo y otras
requieren de tiempo.
Has participado en la antología La
ciudad es nuestra, una antología benéfica junto a otros autores
contrastados. ¿Qué significó para ti formar parte de esa obra colectiva?
En este caso fui invitado, y
siempre será un honor. Que cuenten contigo para proyectos es un subidón y una
alegría. E intento dar lo mejor de mí para estar a la altura. A parte, ya sabes
que a mí me encanta escribir relatos.
En La ciudad es nuestra hay magníficos autores y autoras y cuyos
relatos debéis leer, además de aquellos que se seleccionaron a través del
concurso que se organizó en su momento. La Cubierta, por ejemplo, es obra de
Hector R. Asperilla, y representa al relato ganador de ese certamen.
Como dato, para quienes no lo
sepan, costó a sus antólogos hacerla ver la luz. La editorial original que la
iba a sacar se cayó del proyecto y fue complicado que alguien apostara por
ella. Tres años después de crearla fue Ediciones Suseya la que se la ofreció a
los lectores. Y, para muestra de su calidad, La ciudad es nuestra es obra Finalista
a Mejor Antología en los Premios Ignotus 2025, que se conceden en las
Hispacones organizadas en ciudades itinerantes desde Pórtico-AEFCFT y que votan
los Lectores a obras publicadas el año anterior.
Cada obra tuya refleja cierta crítica social. ¿Sientes que escribir ciencia ficción te permite explorar mejor las sombras que acechan el presente y el futuro de nuestro mundo?
Siempre he pensado que la ciencia
ficción da más campo de juego. Te permite ir hacia adelante y hacia atrás para
contraponer aspectos y ponerlos en cuestión. Y puede incluir o jugar con otros
géneros dentro de ella. Opino que es el mejor Género literario para escribir
sobre el Presente y muchos consideran que es uno de los más poderosos y
relevantes. Además, logra jugar con la capacidad de crítica y raciocinio aunque
las herramientas básicas las proporcionen la Ciencia y la Técnica. Y hay que
tener en cuenta que es el género que ha cuestionado e inspirado el desarrollo
tecnológico, con sus sombras y luces, llevando al límite la imaginación humana.
La tecnología y el futuro nos
obsesionan en muchos relatos actuales. ¿Cómo crees que evolucionará ese enfoque
en los próximos años?
Creo que va a estar impregnada,
hasta aburrir, de Inteligencia Artificial con sus cosas buenas y malas, pues ya
se nos está introduciendo con calzador para la mayoría de aspectos de nuestras
vidas. Y tan solo estamos al inicio de la llamada Revolución Digital.
¿Cómo ves el panorama de la
ciencia ficción en España hoy?
Siempre ha sido un género
minoritario, aunque por suerte dejó, hace tiempo, de ser de culto para tener
mayor visibilidad. Sin embargo, las obras suelen estar presentes en colecciones
especializadas. No creo que goce, en lo literario, de la popularidad que se
merece, así como sí la tienen la Fantasía o el Terror. Ha tenido sus épocas, ya
lejanas. Y será difícil que encuentres editoriales específicamente
especializadas en Ciencia Ficción. Pero el Futuro es incierto y hay que saber
cómo imaginarlo, y para ello siempre habrá gente a la que le guste especular
con él, como yo.
¿Qué sensaciones te gustaría
dejar en el lector tras cerrar una de tus novelas?
La de que quieran seguir viajando
por esos universos en su imaginación, por ello mis finales no son del todo
cerrados. Y que se queden con imágenes que los lleven a querer leer otras
historias mías.
¿Proyectos literarios futuros de los que puedas hablarnos?
La ciudad es
nuestra va a tener continuación en otra antología de la cual no puedo proporcionar
el título bajo pena de acabar en un rincón muy oscuro y profundo, y varios de
quienes participamos en ella estaremos en la nueva obra. Por mi parte ya he
entregado el relato correspondiente. Y aprovecho para lanzar una llamada a
cualquiera que me quiera invitar a una antología (aquí una sonrisa muy amplia).
Mientras tanto, envío cuentos a
certámenes de género que me llaman, es algo que he hecho siempre y no por haber
logrado publicar dejaré de hacerlo. Me sirve para ponerme objetivos, fechas y
desarrollar ideas (y nunca se sabe si esas historias puedan servir de base para
algo más extenso).
También estoy trabajando en una
nueva novela (y ésta será la primera Siliciopunk), ubicada en un Marte
distópico, Pulp y con una terraformación en retroceso con una aire muy a
western crepuscular, cuya base es, por primera vez, uno de mis relatos
publicados en el pasado. Quería ampliar el universo de sus dos protagonistas y
ver más de su mundo. Por el momento no pienso en que me la publiquen, estoy
escribiendo para disfrutar de la escritura y del viaje. Cuando se la pase a mis
Betas decidiré qué hacer. Pero sí es cierto que si alguien me pregunta, ahora
hablo algo más sobre esa historia en particular, Annabelle Rivergreen y Alma,
su ginoide de compañía y en cómo, por ejemplo, la primera a enseñado a la
segunda a disparar un revólver ―algo prohibido en los robots―, para que pueda
defenderse de sus enemigos, los Blackwood, y hasta ahí voy a leer.
Que no se obsesionen. Que
disfruten de su historia, personajes y mundo y los trabajen con mimo invirtiendo
el tiempo que necesite la obra. Que no se comparen con nadie, cada cuál es un
mundo con sus propios referentes. No hay que correr, hay que tratar las obras
con respeto. Que cuiden el lenguaje, las formas. Que le dejen tiempo de reposo,
revisen, reescriban o eliminen y añadan si es necesario (en esta parte ayuda
que te la beteen lectores cero de confianza). Hay quienes se gastan un dinero
en Correctores antes de enviarla a editoriales o autopublicar, y nunca estará
de más. Y que se formen si pueden, yo lo hice y es una de las mejores
decisiones de mi vida. En mi caso, mi escritura fue un antes y un después. Pero
lo importante es no obsesionarse en publicar se escoja la opción que se escoja.
Si se opta por la autopublicación, hay que asumir que todo el trabajo corre a cuenta
del autor, y que los lectores irán llegando según se mueva uno. Si se escoge la
publicación tradicional, también tocará realizar ciertas labores para darle
visibilidad a una obra pero hay que asumir una parte que es muy dura: los
rechazos, y hablo en plural, pues es lo más común. Yo me decidí por las
editoriales y aposté un día por las independientes, pero rechazos tuve a
porrillo. Mi primera novela me la publicaron recién cumplí los 43, la
perseverancia, creer en el sueño y tener apoyos siempre ayudaron. Y profesar fe
en tus historias y luchar por ellas siempre ayuda.
Muchas gracias, Juan Antonio, por
este viaje íntimo a tu imaginación. Que tus futuras páginas sigan iluminando
caminos inciertos y nos hagan reflexionar y soñar con otros mundos aún por
explorar.
Muchas gracias, a ti, Leo, por una nueva
oportunidad en tus espacios. ¡Hasta la vista y más allá!

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