sábado, febrero 28, 2026

Hoy charlamos con Héctor H. López - Versión escrita

Héctor H. López es un escritor español cuya voz ha encontrado distintas formas de expresión en el campo de la literatura contemporánea: desde la publicación de relatos y novelas como Pacta servanda sunt y Trampantojo hasta un blog personal y reflexivo en yatengounaedad.wordpress.com, donde combina artículos sobre escritura, creatividad y cultura con fragmentos de sus proyectos narrativos más ambiciosos. Residiendo entre Zaragoza y Cádiz, y vinculado durante años al mundo del arte y la crítica cultural, Héctor ha construido una obra que dialoga con la literatura desde la técnica, la experiencia y la exploración constante de textos, personajes e ideas.

¿Qué trabajos de los que has desarrollado a lo largo de tu vida crees que han moldeado más profundamente tu voz literaria?

En realidad casi todos, porque creo que se trata más de cómo miras, de cómo te enfrentas a la realidad cuando tienes impulso creativo. La crítica de arte y la gestión cultural me acercaron a élites culturales, pero el trabajo de camarero o vigilante de seguridad me dio la perspectiva con los pies en la tierra y mucho conocimiento de la psicología humana. Si sientes la pulsión, miras con ojos de escritor y te apropias de cuanto te rodea.

Al revisar tus publicaciones, tanto en blog como en formatos más clásicos, hay una constante preocupación por el lenguaje: su precisión, su musicalidad y su capacidad para significar. ¿Cómo conceptualizas hoy el papel de la palabra en tu escritura?

Lo que nos convierte en escritores no es el hecho de contar historias, sino el modo en que las contamos. Por eso, y relacionado con la pregunta anterior, uno de los aspectos a cuidar es la palabra (la forma). Mimarla, ser precisos, escuchar cómo suena (cuando leemos lo escuchamos en nuestra mente) ayuda a poner al lector en la disposición en que deseas que se enfrente a tu trabajo y, además, a provocarle las emociones que buscas. No conozco ningún artista reconocido que no cuide sus herramientas.

Además también llevas a cabo otros proyectos narrativos como Two Souls. ¿Cómo convive en ti la reflexión teórica con la práctica narrativa?

Procuro mantener viva la impronta reflexiva que me aportaron los profesores de mi infancia y juventud y soy partidario de dominar ―en la medida de mis posibilidades― los aspectos teóricos de cuanto enfrento. Quiero saber cómo se hacen las cosas y por qué se hacen así antes de ponerme a ello. Por ello, trato de enriquecer mi acervo y aumentar mis herramientas de forma continuada. Como decía Picasso: «Aprende las reglas como un profesional, para entonces poder romperlas como artista».

¿Cómo describirías tu estilo narrativo?

Por una parte, como inmersivo, absorbente. Aunque depende un poco de cada personaje o la escena, trato de atrapar al lector en una red que lo aísle del exterior y lo convierta en el protagonista de cada situación, también a través de la longitud de las frases, del vocabulario, de su sonoridad. Por otra, quizá debido a mi pasado profesional, es muy visual, muy cinematográfico.

¿Cómo ha evolucionado desde tus primeros textos?

He aprendido muchísima técnica. Sin perder la esencia, pienso que ahora tengo más facilidad para acercar al lector al estado de ánimo que pretendo provocarle. Creo que he sacrificado un poco de riqueza formal, camino en el que aún debo trabajar. Por desgracia para mí, aunque creo en la capacidad del lector para afrontar cualquier reto que le pueda proponer y, al mismo tiempo, disfrutar de ello, los estándares de mercado exigen textos más directos, preeminencia del diálogo, renuncia a las descripciones, vocabulario común y sintaxis sencilla. Y yo venía de un estilo muy alemán, con párrafos y frases largas, lo que yo llamo «bosques de comas». Así que, tratando de no perder mi voz narrativa, procuro limar mis recursos formales.




Tu novela Trampantojo se mueve más en el thriller psicológico y Pacta servanda sunt se asoma a lo fantástico con un trasfondo ético. ¿Qué tensiones narrativas te atraen más: la incertidumbre del suspense, el asombro de lo fantástico o la caracterización certera de tus personajes?

Sin duda los personajes. Me fascina el alma humana. La psicología, la neurociencia o la criminología son mis materias de cabecera. Por otra parte, creo que somos animales sociales, por lo que el modo en que nos relacionamos y la ética están siempre presentes. En mi opinión, la diferencia entre Pacta servanda sunt y Trampantojo es solo el formato. Ambas ponen al lector ante dilemas éticos y le obligan a reflexionar, si es que lo he conseguido, sobre los valores que rigen nuestras vidas.


Al leer entradas como “La elección de las palabras” en tu blog uno nota un compromiso con el oficio del escritor como artesanía y contemplación. ¿Escribir para ti es un acto de descubrimiento personal o una disciplina que exige rigor y un proyecto bien definido?

La escritura, para mí, es un impulso. Así, bien podría saltarme cualquier norma o estándar porque solo estoy volcando mis propios fantasmas, reflexiones o locuras. Pero, cuando decido compartir esa labor íntima con el resto del mundo, considero imprescindible cuidar mucho el modo en que lo hago, el envoltorio con el que presento mis historias. El lector no merece menos.

Tu trayectoria editorial alterna entre lo autopublicado y lo colaborativo con otros grupos de autores. ¿Cómo valoras hoy la autopublicación en relación con el camino tradicional editorial?

La autopublicación es una salida para el autor en un momento en el que el mercado está absolutamente enfocado al beneficio, lo que lleva a muy pocas editoriales a salirse de lo que consideran terreno seguro. En ese sentido, es una auténtica bendición, pues permite dar voz a muchos autores que difícilmente hubieran llegado al público por la vía tradicional. No es un tema de calidad ―o solo de calidad―, sino de la perspectiva del editor de recuperar su inversión. Por otra parte, ha provocado que cualquier texto salga al mercado, lo que ha implicado una sobrecarga de títulos. Además, la ausencia de filtros ha permitido que se publiquen textos con graves carencias, diluyendo obras muy buenas entre un montón de mediocridades.

Una pregunta para mojarse: ¿Qué futuro le ves a la autopublicación en las próximas décadas?

Si la sociedad sigue por el mismo camino, creo que tiene un enorme futuro para las empresas y plataformas de autopublicación. Los autores, por el contrario, deberán esforzarse cada vez más en actividades de promoción y marketing para intentar vender apenas unas copias. Si le sumamos la tendencia a novelas por plantilla y la intrusión de la IA, en un entorno de público tan poco exigente ―como demuestra la proliferación de publicaciones sin corregir mínimamente incluso en edición tradicional, por ejemplo―, estupendo para las empresas, muy duro para los escritores.

En tus reflexiones sobre arte y escritura, ¿qué papel juega la lectura? ¿Cuáles son tus preferencias y quiénes tus referentes literarios?

La lectura es fundamental. Cierto que, cuando escribes, lees de otra manera. Casi puedes entender los libros como los casos prácticos de esa teoría que te han explicado en los talleres o cursos que hayas podido realizar. Cuando lees con atención, descubres los pequeños trucos de magia que realiza el autor y aprendes. Aprendes mucho. Además, captas otros estilos, otras voces, otros recursos. Y adquieres cultura, conocimiento; vida, en definitiva. Tu escritura es siempre acreedora de tus lecturas, de modo consciente o inconsciente, por lo que cuanto más amplias y selectas sean estas, más rica será aquella.

¿Referentes? Ninguno en particular y todos en general. Desde las lecturas obligatorias (para mí no lo eran) del colegio y el instituto, hasta la fantasía y la ciencia ficción que leo desde adolescente. Además de los clásicos, de Homero a Eco; Asimov, Herbert, Heinlein, Clarke o K. Dick, incluyendo a Verne o Salgari. También los grandes del thriller de Conan Doyle o Christie a Lemaitre, Dicker o Vargas.

Cualquier libro que esté bien escrito y cuente una historia me ayuda.

En el blog hay secciones como “¿Somos lo que leemos?” y “De los monstruos”, donde abordas temáticas humanas complejas desde distintas perspectivas. ¿Piensas que la literatura tiene la responsabilidad de revelar o cuestionar?

Si el arte no provoca, no es arte. Además de una componente estética, debe conmover, incomodar, generar sentimientos, en definitiva. Desde la emoción, coloca al espectador/oyente/lector ante un marco que lo inclina a reflexionar y cuestionarse la realidad en la que vive. Lo único que no debería provocar un texto literario es la indiferencia. Por eso debe ser una herramienta de activismo, una palanca que provoque cambios, ya sean de carácter individual o colectivo.

Dado todo lo que has explorado en narrativa, ensayo, blog y reflexión sobre escritura, ¿te plantearías en el futuro escribir un ensayo más extenso sobre la práctica de la escritura misma? No hablo de escribir sobre técnica, sino más bien como experiencia vital y cultural.

No me veo en ese campo. Me he enfocado en la vertiente creativa y esa es la parte que creo poder mostrar con un mínimo de dignidad. Además, como he comentado, la escritura es para mí un acto íntimo y personal, de modo que no creo que mi experiencia personal fuera útil para otro.

Cada escritor debe encontrar su propio modo de torturarse.

Lo que sí me gustaría es encontrar un grupo de escritores para reunirnos de forma periódica y hablar, a ser posible en torno a una mesa, de lo divino y de lo humano. Igual de ahí sí salía algo interesante.

¿Cómo te gustaría que los lectores recuerden tu obra dentro de cincuenta años?

Como una obra que ayudó a cambiar algo, por pequeño que sea. También por haber mantenido la coherencia y autenticidad. No querría perder mi voz por adaptarme a modas o mercados. Quizá por eso busco siempre salirme de la zona de confort con proyectos como el de Two souls o tratando de no encasillarme en un género. Sé que mi editor me odiará por ello, pero, cuando empiezas a gustarle a todo el mundo, es el momento de explorar nuevas posibilidades. Si quiero ofrecer algo que enriquezca al público, debo partir de mi propio esfuerzo y aprendizaje.

Y para finalizar: ¿Una recomendación para futuros escritores?

Que lean. Que lean mucho y muy variado. Que lean antiguo, actual, famoso, desconocido. Que primero lean y, después, escriban. Luego, si pretenden publicar lo escrito, que cuiden la forma, que corrijan y repasen, corrijan y repasen, corrijan y repasen. Cada vez vamos más acelerados, pero escribir es un trabajo lento y solitario, sin glamur. Que no tengan prisa y piensen que lo escrito sobrevive, inamovible, en el tiempo.

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