Autor: Antonio Sanz Fuentes
Editorial: Alrevés
Año de edición: 2026
ISBN: 979-84-10455-59-7
Número de páginas: 286
Sinopsis:
El mito de la dureza del
castigo ―y de la venganza― puesto en evidencia.
¿Por
qué seguimos creyendo que castigar más es castigar mejor? ¿De verdad las penas
más duras nos hacen vivir con más seguridad o solo nos ofrecen una ilusión de
control? ¿Y qué papel juega la venganza ―ese impulso tan humano como peligroso―
en nuestras leyes, sentencias y opiniones?
En
este libro provocador, lúcido y profundamente necesario, Antonio Sanz Fuentes
desmonta con rigor, ironía y claridad las ideas más arraigadas sobre el crimen,
la justicia y el castigo. Con ejemplos cotidianos, análisis científicos y un
estilo cercano, el autor nos guía por los laberintos del populismo punitivo,
ese discurso simplista que domina titulares y programas electorales mientras
ignora décadas de conocimiento criminológico.
Diario
de un criminólogo incomprendido es una invitación a pensar más allá de los
eslóganes, a cuestionar lo que damos por hecho y a entender cómo nuestras
emociones, sesgos y prejuicios moldean las políticas penales. Una obra tan
necesaria como incómoda, que desafía a quien lo lee a replantearse qué
significa realmente la justicia en el siglo XXI.
Una
obra valiente, incisiva y rebelde que demuestra que la verdadera seguridad no
se construye con cadenas perpetuas, sino con reflexión, ciencia y humanidad.
Mi opinión:
Tras una jugosa entrevista
al criminólogo Antonio Sanz Fuentes, quise adentrarme en las páginas de su
libro para saber más sobre los temas que tratamos en nuestra charla y descubrir
cómo ahonda en el mito de la dureza del castigo y si esta resulta realmente
efectiva y adecuada.
Antonio Sanz es
criminólogo en la Fundación Municipal de la Mujer del Excmo. Ayto. de Cádiz y
vicepresidente de la Asociación Profesional de Criminología de Andalucía
(ANDACRIM).
En su ensayo responde a
preguntas como la de si es justo un Estado capaz de vengarse como un salvaje.
Una pregunta que no debemos dejar de hacernos si queremos tener claro qué clase
de sociedad queremos ser.
En un contexto en el que
estamos acostumbrados a escuchar frases hechas como «Hay que aplicar mano dura» o «A ese lo
dejaba yo pudrirse en la cárcel», Sanz ofrece respuestas que nos hacen
reflexionar, como esta: «Una sociedad que no cree en la reinserción y solo
piensa en el castigo vivirá atrapada en un bucle de odio y criminalidad».
A lo largo de su
exposición profundiza en temas como el modo en que nuestra mente nos tiende
trampas a través de sesgos y emociones aprendidas y adquiridas, que nos llevan
a juicios y críticas, en algunos casos, cuestionables. También aborda otros
asuntos, como la emocionalidad, el miedo o la ansiedad, y cómo la frustración
ante un mundo cada vez más complejo tiende a canalizarlos. Del mismo modo, en
el tercer capítulo nos habla de la relación íntima entre la venganza, el
castigo y el sentido de la justicia que hemos desarrollado a lo largo de la
historia, para acabar con una pregunta que deja claro hacia dónde nos
dirigimos: ¿qué prefieres, ser influencer o criminólogo? El libro
concluye con unas «reconciliaciones», a modo de disculpa y agradecimiento, dirigidas
a todas aquellas personas que le han acompañado a lo largo de las páginas del
libro y con las que demuestra su complicidad.
Me ha fascinado la manera profesional y, al mismo tiempo, cercana con la que transmite Antonio sus pensamientos, ya que uno espera explicaciones más densas; sin embargo, comunica de una manera amistosa que ayuda a digerir con mucha más facilidad la información y los términos más técnicos, como «heurísticas» o «populismo punitivo», que conectan directamente con su obra. Un texto al que quizá deberíamos acercarnos para conocer la cruz de la moneda, esa que nos habla de otros sistemas en los que sus teorías funcionan y que no queremos saber que también existen porque duele, y porque quizá no estemos preparados (aún) para enfrentarnos a ella.

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